De la abuela Pilar a sus nietos: el renacer culinario del Valle de Benasque tiene nombres propios

El proyecto familiar de tercera generación renace en Anciles de la mano de los hermanos Iris y Bruno Jordán.
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De la abuela Pilar a sus nietos: el renacer culinario del Valle de Benasque tiene nombres propios

En el pequeño y tranquilo núcleo de Anciles, a las puertas de Benasque, hay un restaurante que se ha convertido en punto de peregrinación para los amantes del producto de montaña y de las historias familiares que laten detrás de cada plato. Se llama Ansils, luce una merecidísima valoración de 4,7 con casi 1.400 reseñas, y resume en su lema la esencia de su propuesta: “Cocinamos con el alma del valle. Cocinamos con lo que la tierra nos da, respetando su ritmo y honrando la tradición”.

Un mensaje que, lejos de ser una frase bonita, define literalmente el ADN del proyecto que hoy lideran Iris y Bruno Jordán, nietos de la fundadora, Pilar Ferrer, quien en 1984 empezó su proyecto. Cuatro décadas más tarde, la tercera generación ha dado un giro completo a la casa familiar, pero preservando lo más importante: la identidad de un territorio y el cariño que siempre ha envuelto la mesa de Ansils.

Una nueva propuesta: Alta Montaña y Monte Bajo

Con la renovación del proyecto, Ansils ha apostado por dos menús degustación que resumen su filosofía y permiten a los comensales recorrer el valle a través de bocados muy meditados.

Monte Bajo, con un precio de 85 euros, es una propuesta de cinco pasos que recoge algunos de los hitos de esa narrativa gastronómica. Es más breve, pero igual de intensa, y suele ser la elección de quienes quieren una experiencia completa sin llegar al recorrido total.

Por su parte, Alta Montaña, fijado en 110 euros, es el camino íntegro: siete platos que cuentan una historia de territorio, memoria, técnicas de antaño y reinterpretaciones contemporáneas. A ambos menús se suman unos pequeños aperitivos iniciales y dos postres finales que cierran la vivencia con dulzura.

No es casual que el restaurante haya apostado por el formato degustación. En un entorno tan ligado a la naturaleza, la estacionalidad y la disponibilidad del producto mandan, y Ansils ha convertido ese condicionante en una virtud. La caza, las hortalizas de su propio huerto, los frutos del monte y las técnicas tradicionales —salazones, escabeches, curados— ocupan el centro del escenario, pero siempre reinterpretados con una mirada fresca, ligera y elegante.

Iris Jordán: la sonrisa del valle que soñó con ser cocinera

La gran protagonista, indiscutiblemente, es Iris Jordán. Y no solo porque sea quien firma cada plato, sino porque su trayectoria explica el porqué de este renacer. A los nueve años, recuerda, tuvo “clarísimo” que quería ser cocinera. Y lo cumplió.

Se formó en la escuela de Guayente —toda una institución en el Pirineo— y posteriormente en la de Huesca. Sus primeros pasos profesionales los dio en Las Torres, uno de los grandes templos gastronómicos de Aragón. Más tarde vinieron Mallorca, Madrid y un año sabático en México, que la marcó profundamente y amplió su mirada culinaria.

Y entonces llegó la llamada del valle. Su abuela, Pilarín, se jubilaba tras más de cuarenta años al frente del restaurante familiar. Para Iris, fue un momento de claridad: había llegado la hora de volver a casa. Y no volvió sola: su hermano Bruno, con una sensibilidad especial para la sala y la bodega, se convirtió en el otro pilar fundamental del proyecto.

Juntos han conseguido algo difícil: renovar Ansils sin romper Ansils, traer vanguardia sin perder memoria, emocionar desde lo contemporáneo sin renunciar a lo que siempre fue esta casa.

Un restaurante que es identidad, territorio y familia

En Ansils no se habla solo de platos: se habla de raíces. La cocina de Iris no es un simple homenaje al valle de Benasque; es el valle de Benasque interpretado desde el 2025. El paisaje se reconoce en cada contraste, la montaña está presente en cada matiz, y los recuerdos familiares se filtran como un hilo invisible entre cada bocado.

La apuesta por el producto local no es una tendencia: es su modo natural de entender la profesión. Porque lo que ofrecen no es únicamente una experiencia gastronómica, sino un pedazo de territorio servido en forma de relato culinario.

Quizás por eso Ansils está despertando una atención creciente en todo el país. Porque emociona. Porque tiene coherencia. Porque es auténtico.

Y porque, en un pequeño rincón de Anciles, una familia ha decidido seguir cocinando lo que siempre cocinó: el alma de un valle.

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