El desconocido bar a las afueras del Tubo que borda las tapas: tiene terraza
A tan solo unos pasos del bullicio del Tubo, en una discreta salida a la calle Alfonso y rozando con el pub 'Rock & Blues', se encuentra una discreta taberna que todo buen comensal debería descubrir. En la calle Blasón Aragonés, este pequeño local se ha ganado a pulso una clientela fiel a base de buenas tapas, precios comedidos y una terraza tranquila que muchos aún desconocen.
LA GENERAL DEL TUBO: TAPAS QUE NO FALLAN Y PRECIOS PARA REPETIR
Este bar ha encontrado su lugar en el corazón de quienes valoran la gastronomía sencilla pero bien ejecutada. Las patatas bravas, crujientes por fueran y suaves por dentro, son una de las raciones más pedidas del local. Por otro lado, las empanadas caseras, ya sean picantes o de picadillo, se sirven calientes y recién horneadas por tan solo 3,50 €. Y si hay algo que no falta en cada mesa, es su ensaladilla rusa (6,50 €), generosa en cantidad y muy equilibrada de sabor.
La General del Tubo ofrece una gran variedad de tapas, entre las que destacan las gyozas, baos de cochinita pibil y chacarero, o clásicos como torreznos, morcilla de Burgos o huevos rotos con jamón. La carta, sin ser extensa, está pensada para ir en grupo y compartir.
Los precios, muy económicos, permiten disfrutar de un rato agradable sin sustos. Además, la variedad de opciones—que incluye mariscos, ibéricos y ensaladas frescas—convierte al bar en una opción válida para cualquier plan o cualquier paladar.
UNA GRAN TERRAZA Y UN SERVICIO QUE MARCA LA DIFERENCIA
Una de las grandes sorpresas del lugar es su terraza, ya que suele estar disponible cuando la calle principal del Tubo está en su momento más álgido del tardeo. No es raro ver a parejas, grupos de amigos o incluso vecinos del barrio disfrutando del atardecer con una cerveza bien fría y algo para picar.
Pero si algo remata la experiencia es el trato cercano y auténtico del personal. Según las más de 220 reseñas en Google (con una media de 4 estrellas), muchos clientes destacan que llegaron por casualidad y que, tras probarlo, ya no quieren irse a otro sitio. El servicio es rápido sin ser impersonal, y el ambiente invita a volver. Uno de esos bares que no necesita marketing porque el boca a boca hace el trabajo.
Este pequeño local demuestra que no hace falta estar en plena calle Estébanes para bordar la tapa. A veces, basta con saber dónde buscar.


