Ni jamón ni chorizo: el embutido cada vez más famoso que no viene del cerdo
Se consume en guisos, cortado en lonchas o incluso a la brasa. Tiene un sabor potente, una textura firme y una elaboración que se remonta a tiempos en los que no existían ni frigoríficos ni aditivos. Es uno de esos productos que no se ven fuera de su lugar de origen, pero que en Extremadura es el 'pan de cada día' de muchos hogares.
Está hecho con carne magra, sin apenas grasa, y su color rojizo delata el uso generoso de pimentón. Puede ser dulce o picante, según la mezcla de especias que se utilice. Y, pese a no figurar entre los embutidos más conocidos de España, mantiene una identidad tan propia que no se parece a ningún otro.
UN EMBUTIDO CON SABOR A MONTAÑA
Se le conoce por su sabor intenso y por una elaboración que apenas ha cambiado con el paso de los años. Originario de las zonas serranas de Extremadura, este embutido nació por necesidad, ya que los cabreros pasaban días en el monte sin acceso a neveras, curando la carne con sal, ajo, pimentón de La Vera y orégano. El método sigue vigente, aunque hoy se elabore también con carne de ternera o incluso de toro.
El resultado es un producto seco, de corte firme, adobado y lleno de carácter. Se parte de cortes magros como pierna, paleta o lomo, que se limpian a fondo antes de cortarlos en tiras largas. Después se sumergen en una mezcla especiada durante un par de días. El último paso es colgar las tiras en lugares frescos y secos, sin humedad, durante una semana. El resultado no lleva conservantes ni químicos añadidos, solo carne y especias.
Este embutido, conocido como tasajo, rara vez cruza las fronteras extremeñas, pero en su tierra es habitual encontrarlo en las despensas y en las mesas familiares. El de toro, en particular, ofrece un sabor más rotundo que el de ternera o cabra, ideal para quienes buscan algo diferente.
CÓMO SE CONSUME Y POR QUÉ SORPRENDE A QUIEN LO PRUEBA
El tasajo puede comerse tal cual, cortado en lonchas finas, o pasarse por la brasa para realzar su sabor. En guisos también encaja a la perfección, especialmente con patatas o verduras, aportando ese punto entre ahumado y curado que lo hace tan particular. Cabe destacar que no es un embutido suave, ni lo pretende.
Otra de sus virtudes es que no contiene gluten, ni ingredientes artificiales. La receta se mantiene fiel a sus orígenes, lo que refuerza su autenticidad en un mercado lleno de productos industriales. Si se acompaña con un buen queso curado o un vino tinto con cuerpo, la combinación roza la excelencia.
Muchos se sorprenden al descubrir que está hecho con carne de toro, un ingrediente poco común en embutidos. Pero eso es precisamente lo que lo diferencia del resto.

