Un informe europeo de la EFSA señala las tres frutas con más pesticidas que se venden en Aragón

Un informe europeo con 125.000 muestras analizadas revela que más del 60% de las uvas y el 70% de las fresas contienen residuos
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Fresas, uvas y naranjas

Las uvas, las fresas y las naranjas son las frutas con mayor presencia de residuos de pesticidas en Europa, según el último informe de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). El estudio, elaborado a partir de más de 125.000 muestras analizadas en 2024, convierte este análisis en el mayor realizado a nivel mundial sobre plaguicidas en alimentos.

Más del 60% de las uvas analizadas en España tenían residuos de pesticidas

El dato que más llama la atención del informe no es el de los productos importados, sino el de los de casa. Los controles realizados en España revelan que más del 60% de las muestras de uva de mesa contienen residuos de pesticidas. 

La explicación técnica apunta al tipo de cultivo. La vid requiere tratamientos frecuentes para combatir hongos, insectos y plagas, especialmente en temporadas con humedad alta. Parte de esos tratamientos deja trazas en el fruto que los controles posteriores pueden detectar. Ahora bien, el informe de la EFSA matiza que la inmensa mayoría de esos residuos se encuentran por debajo de los límites máximos permitidos. El problema, señalan organizaciones de consumidores, no es solo el umbral legal sino la acumulación de varias sustancias a la vez en una misma muestra.

De hecho, ese fenómeno —conocido como "exposición múltiple" o "efecto cóctel"— es uno de los puntos que la EFSA reconoce que la ciencia todavía no ha terminado de resolver. Los límites legales están calculados sustancia por sustancia, no para el conjunto de residuos que puede llevar un racimo de uvas cuando llega al mercado del Pilar o al Mercado Central de Zaragoza.

Las fresas, con más del 70% de muestras con residuos, lideran el problema en España

Si las uvas preocupan, las fresas generan aún más atención. Los estudios de control en España han registrado tasas superiores al 70% de las muestras con presencia de residuos de plaguicidas. La razón está en cómo se cultivan: frecuentemente en suelo, con la fruta en contacto directo con el sustrato y expuesta a tratamientos que no siempre se degradan antes de la recolección. Su piel porosa tampoco ayuda. Absorbe con más facilidad que otras frutas.

El problema se agudiza porque las fresas son una de las frutas favoritas entre los niños aragoneses, especialmente en primavera, cuando los mercados y fruterías del barrio de Delicias, Las Fuentes o el Casco Histórico se llenan de bandejas a precios asequibles. La pregunta que muchos padres se hacen —¿con qué intensidad hay que lavarlas?— no tiene una respuesta sencilla según los propios expertos. El lavado convencional bajo el grifo elimina parte de los residuos superficiales, pero no todos.

Un estudio publicado recientemente demostró que un sistema de lavado específico con soluciones de bicarbonato y agua puede eliminar hasta el 86% de los pesticidas presentes en la superficie de las frutas. No es el grifo del fregadero, pero tampoco es ciencia ficción: está al alcance de cualquier cocina.

Los cítricos y el problema de los pesticidas aplicados en poscosecha

Con las naranjas el asunto tiene un matiz diferente. Buena parte de los residuos que se detectan en cítricos no proceden de tratamientos durante el cultivo, sino de aplicaciones realizadas una vez que el fruto ya está cosechado. Son los llamados fungicidas de poscosecha, que se aplican directamente sobre la piel para evitar que el fruto se pudra durante el transporte y el almacenamiento.

Eso tiene una consecuencia práctica directa para quien compra naranjas en Zaragoza: si se va a usar la piel para mermelada, repostería o para exprimir directamente pasando la fruta por el exprimidor con la cáscara, conviene lavarla bien. Hay quien lo hace con agua caliente y jabón vegetal, hay quien usa directamente bicarbonato. En cualquier caso, pelar la naranja antes de consumirla reduce de forma significativa la exposición a esos residuos.

Pesticidas prohibidos que siguen apareciendo en los alimentos

Más allá de los límites legales, el informe de la EFSA levanta otra bandera de alarma: la detección recurrente de sustancias que llevan años prohibidas en la Unión Europea. El clorpirifós es el ejemplo más citado. Este insecticida neurotóxico perdió su autorización en 2020, después de que la evidencia científica vinculara su exposición prenatal con alteraciones en el desarrollo cerebral de fetos y niños. Cuatro años después, sigue apareciendo en muestras de alimentos.

El colectivo PAN Europe —red internacional de organizaciones que trabajan contra el uso de pesticidas— advierte también de la presencia continuada de neonicotinoides y piretroides, dos familias de insecticidas señaladas por sus efectos neurotóxicos tanto en humanos como en polinizadores. 

Los productos importados, los que más superan los límites

El análisis de los alimentos procedentes de fuera de la UE arroja las cifras más altas de incumplimiento. El 5,5% de las muestras importadas superó los límites máximos europeos, frente al 2,4% del programa coordinado europeo. De ese porcentaje, un 3,6% fue declarado no conforme y se bloqueó su entrada en el mercado. El motivo es claro: hay países que autorizan el uso de plaguicidas que en Europa están vetados, y los productos llegan a las fronteras con residuos que aquí son ilegales.

Eso tiene implicaciones para el consumidor aragonés que elige entre fruta de origen nacional —a menudo valenciana, murciana o andaluza— y fruta importada de terceros países. No es garantía absoluta, pero la fruta de producción europea parte de una regulación más exigente en origen.

La EFSA concluye que la exposición general al conjunto de residuos detectados representa un riesgo bajo para la salud del consumidor adulto. Eso sí, la valoración no contempla el efecto acumulado de varios pesticidas a la vez, ni la exposición específica de grupos vulnerables como niños pequeños, embarazadas o personas con patologías crónicas. Ahí, el debate científico sigue abierto, y organizaciones como PAN Europe presionan para que la próxima revisión del reglamento europeo de plaguicidas incorpore ese análisis de riesgo combinado.

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