Reabre el restaurante más mítico del Pirineo tras anunciar su cierre hace sólo 1 mes

El Mesón Embalse, en Pueyo de Jaca, reabre tras un mes cerrado por jubilación. Un nuevo dueño recupera su cocina tradicional y el sabor pirenaico que conquistó durante 33 años.

Adiós a este restaurante mítico de Huesca tras 33 años de servicio ./ Tripadvisor
Adiós a este restaurante mítico de Huesca tras 33 años de servicio ./ Tripadvisor

Tras más de tres décadas de cocina casera y trato familiar, el Mesón Embalse cerró sus puertas hace unos meses en el pequeño pueblo oscense de Pueyo de Jaca. El motivo: la jubilación de sus propietarios, Olivia y Pedro, quienes habían estado al frente del restaurante durante 33 años. Sin embargo, un mes después ya tiene quién coger las riendas del negocio y ha vuelto a abrir sus puertas.

Con una clientela fiel y platos que formaban parte de la tradición del valle, el cierre dejó un vacío difícil de llenar, tanto para los vecinos como para los muchos visitantes que cada año se acercan a la zona atraídos por la montaña y el entorno natural.

El local, que llegó a servir hasta 100 menús diarios en sus mejores días, era uno de los más populares de esta localidad del Pirineo aragonés. Con una propuesta sencilla y sin artificios, basada en la cocina tradicional y el producto de calidad, el Mesón Embalse fue durante años sinónimo de comida generosa, trato cercano y ambiente familiar. El cartel de “Cerrado por jubilación” parecía poner punto final a una historia que muchos consideraban irrepetible.

En El Embalse, no existía un sistema de reservas al uso ni plataformas digitales. Si alguien quería comer, tenía que llamar por teléfono antes de la una del mediodía, como si de un restaurante clásico se tratase. Apuntaban el nombre y el número de comensales a mano, en un cuaderno DIN A4, siguiendo estrictamente el orden de llegada. Aquel famoso cuaderno, desgastado por el uso, acumulaba cada día una larga lista de nombres que iban desapareciendo a medida que la voz de Oli los llamaba para entrar a comer.

La afluencia era tal que la propia Oli reconoce que llegaba a perder la cuenta de cuántos menús se servían en una jornada. En los días buenos, calcula que podrían rondar entre los 100 y 150 servicios.

El menú, de cocina tradicional, se componía de unos diez primeros y otros tantos segundos platos, y se actualizaba constantemente. No faltaban potajes, ensaladas frescas, carnes a la brasa o conservas caseras, pero con el tiempo surgieron algunos platos estrella que conquistaban a todo el que pasaba por allí: patatas asadas, migas, canelones, guisos de jabalí o de ciervo y el asado eran algunos de los favoritos indiscutibles del público habitual.

Apenas un mes después del cierre, el restaurante ha reabierto sus puertas bajo una nueva dirección. El empresario Antonio Sánchez, vinculado a varios proyectos gastronómicos de la zona, ha tomado el relevo con la intención de mantener intacta la esencia del mesón. “Quiero seguir ofreciendo una cocina casera, de las de siempre, con sabores del Pirineo”, ha asegurado.

Bajo su gestión, platos como el arroz con caracoles o la fritura de verduras —clásicos del recetario local— han regresado a la carta, y muchos comensales habituales ya han vuelto al comedor. La reapertura del Mesón Embalse supone no solo la continuidad de un negocio, sino también la recuperación de un espacio querido por su comunidad y un emblema de la hostelería rural altoaragonesa.

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