El primer bar de España en obtener una estrella Michelin está en Huesa y así es

Una cocina abierta, valiente y sostenible que ha hecho de Huesca uno de los destinos gastronómicos más singulares de España.
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Tatau Bistro: el restaurante oscense que convirtió una barra en una estrella Michelin

En pleno casco antiguo de Huesca, en la calle Azara, este proyecto liderado por Tonino Valiente y Aránzazu Sáinz se ha convertido en un verdadero emblema de la cocina contemporánea aragonesa, una mezcla de técnica, tradición, carácter y una honestidad que se palpa en cada plato.

Tatau no nació como un restaurante convencional. Ni lo es hoy. Su esencia sigue siendo ese espíritu de bar con el que abrió en 2012, en la calle San Lorenzo, casi sin medios, pero cargado de ilusión y una energía arrolladora. Allí, en una barra informal y un espacio minúsculo donde todo ocurría a la vista, Tonino desplegó una cocina de tapeo sorprendente, obsesionada con el fondo, la técnica y el sabor. Dos años después llegó lo impensable: Tatau se convertía en el primer bar de España en obtener una estrella Michelin, una distinción que ha conservado desde 2014 y que encontró continuidad con un Sol Repsol a partir de 2017.

Aquel reconocimiento cambió la historia del local, pero no su alma. En 2017 se trasladaron a su ubicación actual, donde el concepto maduró, creció y se hizo más personal, aunque sin abandonar el espíritu que lo hizo único. Hoy, Tatau es un espacio íntimo —apenas unas mesas que rodean una cocina completamente abierta— en el que no existen secretos: “Aquí se ve todo lo que hacemos, sin trampa ni cartón”, repite el equipo. Y lo cierto es que esa transparencia convierte cada servicio en un pequeño espectáculo gastronómico.

Un equipo que cocina como vive

Tonino Valiente lleva la cocina grabada en la piel. Lo dice él mismo: “La cocina es la pecera en la que nado desde los dieciséis años”. Formado en Barcelona, con maestros de la categoría de Carles Gaig o la escuela Hoffman, defiende una cocina de carácter, muy técnica, consciente y profundamente respetuosa con la tradición. Sus fondos, sus salsas y su forma de trabajar el producto son parte de esos “tatuajes” inevitables que marcan su estilo.

A su lado, Aránzazu Sáinz articula un servicio cálido y cercano, heredero de la mejor hospitalidad. Su formación en el Basque Culinary Center, especializada en Dirección de Sala y Atención al Cliente, ha consolidado una filosofía muy clara: hacer del restaurante “un lugar amable, cálido y memorable”, donde cada visita sea una celebración. Ella es, en gran parte, la responsable de que Tatau sea un espacio en el que uno se siente cuidado de principio a fin.

Ambos comparten una visión que atraviesa todo el proyecto: apoyo a productores locales, respeto absoluto por la estacionalidad, compromiso con la sostenibilidad y una sensibilidad especial hacia quienes trabajan la tierra y el territorio. Por eso Tatau forma parte del Patronato de Honor de la Fundación Restaurantes Sostenibles de España.

Un menú vivo, sostenible y basado en producto de proximidad

En su búsqueda de eficiencia, calidad y sostenibilidad, Tatau trabaja actualmente con un único menú cerrado, elaborado cada mañana según la disponibilidad del mercado y el producto local. El propósito es claro: máxima frescura, cero desperdicio y un consumo energético responsable.

Menú “Du Jour” – 98 €

Incluye:

  • Snacks de bienvenida

  • Aperitivo en mesa

  • La ceremonia del pan —elaborado a diario con masa madre propia y harinas ecológicas aragonesas—

  • Platos principales

  • Postres y petit fours en su salón de té

Durante el otoño e invierno, los clientes pueden solicitar también el “Plato Saison”, una propuesta basada en caza sostenible de proximidad, disponible únicamente por temporada y bajo preaviso.

El menú es flexible en ritmo pero no en concepto: se sirve a mesa completa, no existe alternativa vegetariana o vegana —los fondos de cocina están elaborados con proteínas animales— y las restricciones alimentarias deben notificarse con antelación. 

Un espacio íntimo que ofrece una experiencia directa y auténtica

El restaurante cuenta con un aforo muy reducido y mesas para un máximo de seis personas. Parte del encanto reside precisamente en esta escala humana, que permite mostrar al comensal el corazón del proyecto: la cocina abierta. Reservar es más que recomendable y, aun así, el equipo intenta siempre encontrar alternativas si el aforo se completa.

En Tatau no hay artificio. Hay artesanía. Hay memoria. Y hay oficio. Esa mezcla —junto con su coherencia y su resistencia a las modas— es lo que explica que, más de una década después, siga siendo uno de los nombres propios de la gastronomía aragonesa.

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