Tiene una Estrella Michelin y el menú degustación cuesta menos de 90€: el templo de la trufa en Huesca

El restaurante de Carmelo Bosque renace con una propuesta más moderna, dos menús degustación y la trufa negra como emblema de una cocina con estrella Michelin.
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Tiene una Estrella Michelin y el menú degustación cuesta menos de 90€: el templo de la trufa en Huesca

En pleno corazón de Huesca, en los bajos del emblemático Casino, la Taberna Lillas Pastia vuelve a brillar con fuerza. Renovada, más moderna y consciente de su legado, esta casa fundada en 1995 sigue siendo un referente indiscutible en la gastronomía aragonesa. Su chef y propietario, Carmelo Bosque, mantiene intacta la esencia con la que conquistó una estrella Michelin y un Sol Repsol, pero la refuerza ahora con una lectura contemporánea del territorio, la temporada y, sobre todo, de su producto estrella: la trufa negra.

La casa de la trufa

Decir Lillas Pastia es decir trufa. No como moda, ni como simple complemento, sino como la identidad profunda del restaurante. Bosque lo tiene claro desde hace décadas: “Siento una predilección especial por la trufa cazada en los montes del Somontano y la Ribagorza”, confiesa. Una relación que empezó como curiosidad y que hoy es casi una convivencia íntima con un producto único, delicado y poderoso.

El chef oscense domina como pocos la técnica, los tiempos y la limpieza necesarios para tratar la Tuber melanosporum, la joya negra de la cocina invernal. La respeta, la escucha y la coloca siempre en el lugar exacto para que su aroma no se pierda, pero tampoco invada. En Lillas Pastia, la trufa no se esconde ni se fuerza: se integra.

Su filosofía es sencilla y meticulosa. La trufa llega siempre fresca, recolectada apenas unos días antes por perros adiestrados que rastrean el hongo bajo las raíces de encinas y robles. No admite largas esperas, por lo que el restaurante trabaja con materia prima recién salida de la tierra. Y ahí reside su magia.

El renacer del restaurante

El nuevo Lillas Pastia apuesta por un ambiente más actual, un servicio cercano y la puesta en escena de una cocina madura, donde cada elaboración busca narrar una historia del territorio. El chef, nacido en Ponzano (Somontano) y criado entre viñas, almendros y olivos, ha construido su propuesta a partir de esos recuerdos rurales, de esa despensa tradicional donde cada recurso se aprovechaba.

Con tres décadas de trayectoria profesional, congresos, colaboraciones y una vida entera dedicada a aprender, Bosque presenta ahora una cocina que mezcla sabiduría, técnica y emoción.

Dos menús para conocer la esencia del Lillas Pastia

La nueva etapa del restaurante llega con dos menús degustación diseñados para entender su universo gastronómico. Ambos parten de una serie de aperitivos que ya muestran la línea creativa de la casa: buñuelo de papada, alfajor de cebolla, salmorejo aragonés y mantequilla de tomate y albahaca.

Menú Carmen – 70 €

Perfecto para una primera inmersión, este recorrido apuesta por platos emblemáticos como:

  • Tomate curado relleno de su tartar y helado de raifort.

  • Coliflor tostada en texturas, chocolate y trufa, uno de los grandes éxitos de la casa.

  • Endivia confitada con holandesa de anchoas y jamón de pato.

  • Arroz de trufa Tuber melanosporum, puro homenaje al territorio.

  • Pescado del día a la brasa, orio y longaniza.

  • Postres frescos y elegantes: frambuesa, queso y rosas, además del irresistible capítulo de chocolates y especias.

Un menú equilibrado, aromático y perfecto para disfrutar del producto en temporada alta.

Menú Lillas Pastia – 90 € (IVA incluido)

El menú más completo es un viaje extenso por las obsesiones culinarias de Bosque:

  • Salsifis con nata de trufa y madeja de cordero.

  • Pimiento de cristal caramelizado y aceituna kalamata.

  • Tartar de calamar con caldo de cebolla, saúco y miso de nueces.

  • Viera a la carbonara con latón de La Fueva y yema.

  • Ventresca de atún Balfegó a la brasa con lemon curd y ajo negro.

  • El icónico arroz de trufa, aquí también presente.

  • Postres como pera al mosto con queso azul y vainilla y el broche de chocolates y especias.

Un menú para quienes buscan una experiencia completa, donde la trufa, el producto local y la técnica contemporánea se entrelazan de principio a fin.

La trufa como arte

En Lillas Pastia, la trufa no solo se ralla o se lamina: se interpreta. Su aroma, intenso pero efímero, exige manos expertas. Por eso Bosque trabaja con precisión milimétrica, evitando combinarla con ingredientes que puedan opacar su carácter.

Lillas Pastia es un homenaje al paisaje altoaragonés. Un lugar donde tradición, innovación y territorio conviven con naturalidad. Donde la trufa encuentra su máximo esplendor y donde Carmelo Bosque sigue escribiendo, plato a plato, uno de los capítulos más apasionantes de la gastronomía aragonesa.

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