Disfrazado de mozo de mulas y casado en secreto: la vida de Fernando el Católico antes de ser rey

Nació en Sos del Rey Católico el 10 de marzo de 1452 por un viaje precipitado de su madre y murió habiendo transformado para siempre el mapa de España y Europa.
El rey aragonés Fernando II, llamado también Fernando el Católico / Gemini IA
El rey aragonés Fernando II, llamado también Fernando el Católico / Gemini IA

Fernando II de Aragón nació en Sos por los pelos. Su madre, Juana Enríquez, se encontraba en Estella cuando sintió los primeros síntomas de parto y emprendió viaje a toda prisa, empeñada en que su hijo naciera en territorio aragonés.

Lo consiguió: el 10 de marzo de 1452 llegaba al mundo en el Palacio de Sada el niño que sería reconocido como heredero de la corona en las Cortes de Calatayud y que acabaría siendo, junto a Isabel I de Castilla, el monarca más determinante de la historia de España. Sin ese viaje precipitado, Sos sería hoy un pueblo más de las Cinco Villas.

El contexto en el que nació Fernando era de guerra y turbulencia. Su padre, Juan II de Aragón, mantenía una guerra civil con su hijo mayor, el príncipe Carlos de Viana, habido de un matrimonio anterior.

Juana Enríquez, segunda esposa del rey y madre de Fernando, era una mujer de carácter férreo que desde el primer momento maniobró para que su hijo desplazara al hermanastro en la línea de sucesión. Cuando Carlos de Viana murió en 1461 —oficialmente de una afección pulmonar, aunque las malas lenguas de la época apuntaron al veneno y señalaron a Juana Enríquez—, el camino quedó despejado. Fernando fue reconocido heredero.

Un niño rey entre guerras

Fernando no tuvo infancia tranquila. Con trece años fue nombrado lugarteniente general del reino y se le confió el mando del ejército mientras su padre, enfermo de la vista, no podía gobernar. Ese mismo año, 1465, se enfrentó en Calaf a las tropas de Pedro de Portugal, que fue derrotado. Creció, en palabras de las crónicas de la época, "más político y guerrero que estudiante", interrumpiendo con frecuencia las lecciones de su preceptor, Francisco Vidal, para atender los asuntos del reino.

Su descripción física a los diecisiete años, recogida por el cronista Hernando del Pulgar, resulta casi cinematográfica: "Ni bajo ni alto, simétrica figura, hermoso de rostro, cejas pobladas, nariz recta, buen color, los ojos rientes, los cabellos prietos y lisos, ancha frente, la voz un tanto aguda pero firme y bien timbrada". Un joven apuesto y templado que ya sabía muy bien lo que quería.

El viaje disfrazado y el matrimonio secreto

Lo que quería, entre otras cosas, era casarse con Isabel de Castilla. La operación no fue sencilla: los enemigos de la unión acechaban en ambos reinos. Fernando partió hacia Castilla en una expedición de mercaderes catalanes, disfrazado de mozo de mulas, para esquivar cualquier intento de interceptarlo. Llegó en secreto a Valladolid y el 19 de octubre de 1469 contrajo matrimonio con Isabel. Tenía diecisiete años. Ella, dieciocho.

El matrimonio clandestino de Fernando II de Aragón e Isabel de Castilla, los futuros reyes Católicos / Gemini IA
El matrimonio clandestino de Fernando II de Aragón e Isabel de Castilla, los futuros reyes Católicos / Gemini IA

Esa unión no fusionó automáticamente los reinos. Cada uno conservó durante décadas sus propias instituciones, leyes, moneda y administración. Fernando siempre sería considerado un príncipe extranjero en Castilla. Pero en lo político y en lo militar, los dos monarcas actuaron como uno solo, y esa coordinación acabó siendo imparable.

Granada, América y la construcción de España

Los grandes hitos del reinado conjunto son bien conocidos. La larga guerra de Granada culminó el 2 de enero de 1492 con la entrada de los Reyes Católicos en la ciudad. Ese mismo año se decretó la expulsión de los judíos y Cristóbal Colón llegó a América. Tres hechos en un solo año que transformaron para siempre el mundo conocido.

En Italia, Fernando desplegó toda su habilidad diplomática y militar. Envió al Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, a combatir a los franceses con un ejército que revolucionó las técnicas militares de la época. Nápoles quedó bajo control español. Y cuando Luis XII de Francia quiso negociar, Fernando firmó el Tratado de Granada de 1500 con la misma sonrisa que usaba para todo: la de quien ya sabe cómo va a terminar la partida.

Un rey aragonés que dominaba parte del Mediterráneo / Gemini IA
Un rey aragonés que dominaba parte del Mediterráneo / Gemini IA

Nicolás Maquiavelo lo estudió con atención y lo tomó como modelo para su tratado político. El florentino vio en Fernando al gobernante que sabía usar la religión, la guerra y la diplomacia como herramientas intercambiables al servicio del poder. Un elogio envenenado, pero un elogio al fin.

Los últimos años y la muerte en Madridejos

Isabel murió en 1504. Fernando, ya solo, siguió gobernando. Se casó con Germana de Foix —un matrimonio de conveniencia política que no le gustó a casi nadie— y anexionó Navarra a Castilla en 1512. Pero su salud se fue deteriorando. Aficionado a la caza hasta la obsesión en sus últimos años, murió el 23 de enero de 1516 en Madridejos, camino de Extremadura, a los sesenta y cuatro años.

Las crónicas cuentan que cuando murió apenas había dinero en sus arcas para sufragar los gastos de sus funerales. Nadie le acusó nunca de haberse enriquecido. Dejó instrucciones para que sus restos reposaran junto a los de Isabel en la Capilla Real de Granada. Allí siguen hoy, en el mismo sarcófago de mármol que encargó su nieto Carlos I.

Todo empezó en un palacio sobre una peña en Sos, una madrugada de marzo de 1452. Aragón no lo ha olvidado.

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