Maquiavelo escribió su gran obra 'El príncipe' con Fernando el Católico en mente: las razones de una obsesión

En el capítulo XXI de El príncipe, Maquiavelo describió al rey aragonés como el gobernante más grandioso de su tiempo. Pero el retrato no convenció a todos.
Nicolás Maquiavelo, en una imagen recreada con IA / Gemini
Nicolás Maquiavelo, en una imagen recreada con IA / Gemini

Nicolás Maquiavelo terminó de escribir El príncipe en 1513. Fernando el Católico todavía vivía. El florentino no estaba recuperando a un monarca del pasado para ilustrar sus tesis políticas: lo estaba describiendo en tiempo presente, como quien señala a alguien que está en la misma sala.

En el capítulo XXI de su tratado, titulado De lo que debe hacer un príncipe para ser estimado, escribió: "en nuestro tiempo tenemos a Fernando de Aragón, actual rey de España. Podemos casi llamarle príncipe nuevo, ya que de rey débil que era se ha convertido por su fama y por su gloria en el primer rey de los cristianos; y si examináis sus acciones, las encontraréis todas grandiosas y alguna extraordinaria". El rey aragonés nacido en Sos del Rey Católico se había convertido, en vida, en el modelo político más influyente del Renacimiento europeo.

¿Qué vio Maquiavelo en Fernando que no vio en otros monarcas de su tiempo? La respuesta está en la conquista de Granada. Para el florentino, esa campaña era un ejemplo perfecto de política calculada: Fernando la emprendió cuando no tenía otras ocupaciones ni riesgo de ser obstaculizado, mantuvo a los nobles de Castilla tan absorbidos en aquella guerra que no tenían tiempo para conspirar y fue acumulando poder y reputación sin que nadie lo advirtiera.

No era un conquistador movido por el fervor religioso —o no solo eso—: era un político que usaba la guerra como instrumento de consolidación interna. "Él adquiría, entre tanto, reputación y poder sobre los nobles sin que ellos lo advirtieran", escribió Maquiavelo. Esa observación, fría y admirable a la vez, resume bien la fascinación del florentino por el aragonés.

El príncipe nuevo que venía de Aragón

La categoría que Maquiavelo aplica a Fernando —la de príncipe nuevo— no es un elogio menor. En su sistema teórico, el príncipe nuevo es el gobernante que construye su poder desde cero, sin heredar un trono consolidado, valiéndose de su ingenio, su audacia y su capacidad para gestionar la fortuna.

Fernando encajaba en ese molde: había partido de una posición débil —rey de un Aragón con recursos limitados, casado con una reina de Castilla que lo consideraba extranjero en sus propios dominios— y había llegado a ser, como escribió Maquiavelo, el primer rey de los cristianos.

Para el historiador español José Antonio Maravall, Maquiavelo tomó a Fernando "en su entera personalidad, dotada de una compleja y significativa dimensión histórico-política, como definidor de un sistema de gobierno, de una manera conjunta y sistemática de entender la obra política".

No era un ejemplo entre varios: era el ejemplo. El arquetipo. Dos de los modelos más acabados del príncipe ideal en El príncipe son, según la estudiosa Ana Martínez Arancón, españoles: César Borgia y Fernando el Católico. Y entre los dos, Fernando era el que había tenido éxito.

La controversia: ¿oportunista o estratega?

El retrato maquiavélico de Fernando generó controversia desde el primer momento y la sigue generando. El historiador Ramón Menéndez Pidal consideraba "arbitraria" la lectura del florentino. Maquiavelo presentaba al rey como un político que entraba en los negocios "a ciegas", confiando en la fortuna y la astucia para salir adelante. Para Pidal, eso era un error de diagnóstico: "el reinado de Fernando el Católico es el más cuidadosamente planeado que la Historia puede presentar; el menos confiado a los azares de la suerte". Fernando no improvisaba. Fernando calculaba. Y esa distinción, pequeña en apariencia, es enorme en la valoración del personaje.

El debate no es solo académico. Detrás de él hay una pregunta de fondo: ¿fue Fernando un gobernante que anteponía el poder a la moral, como sugiere la lectura maquiavélica, o fue un príncipe cristiano que usó las nuevas técnicas del poder renacentista sin abandonar los principios de su fe y de la tradición aragonesa? La respuesta más honesta es que fue las dos cosas, en proporciones que variaron según el momento y la necesidad.

Ni absolutista ni improvisador

Lo que sí parece fuera de discusión es que Fernando no era un monarca moderno en sentido estricto, pese a que Maquiavelo lo leyera como tal. Era, como han señalado varios historiadores, una figura de transición: un gobernante que entendió antes que casi nadie las nuevas reglas del poder renacentista pero que operó siempre dentro de los límites del derecho medieval de sus reinos y de su credo cristiano.

El hispanista Henry Kamen ha rechazado la etiqueta de absolutista que a veces se le aplica: el poder de Fernando estaba acotado por las Cortes, por la ley y por la propia Isabel, con quien debía compartir prácticamente todas sus funciones. El historiador Luis Suárez Fernández prefiere hablar de "autoritarismo" antes que de absolutismo: "todas las instituciones funcionaban con un alto grado de autonomía, pero al rey correspondía decir la última palabra".

Lo que Maquiavelo vio en Fernando —y acertó al verlo— no era un tipo de gobernante, sino una forma nueva de entender la política: la reputación y la fama como instrumentos de poder en sí mismos, la capacidad de actuar según el contexto sin revelar nunca las propias intenciones, la habilidad para convertir cada empresa —Granada, Italia, Navarra, América— en un escalón hacia la siguiente. Fernando no necesitó leer a Maquiavelo. Maquiavelo necesitó a Fernando para explicar lo que estaba viendo.

El rey que nació en Sos del Rey Católico una madrugada de marzo de 1452 murió en 1516 sin saber que un florentino lo había convertido en el modelo político del mundo moderno. Probablemente, de haberlo sabido, no le habría sorprendido demasiado.

Comentarios