Rechazo absoluto a la nueva planta de compostaje pegada al centro Valentia de Martillué

Vecinos de Martillué y Pardinilla y la entidad social Valentia rechazan la planta de compostaje prevista en Jaca y reclaman su reubicación por su cercanía a viviendas y a un centro social.

Centro de la Fundación Valentia en Martillué ./ El Diario de Huesca
Centro de la Fundación Valentia en Martillué ./ El Diario de Huesca

El proyecto de una planta de compostaje en Martillué, impulsado por Grhusa (Gestión de Residuos Huesca S.A.), ha generado un notable rechazo en la zona. A las críticas de los vecinos de Martillué y Pardinilla se suma la de la entidad social Valentia, dedicada a la atención de personas con discapacidad intelectual y trastorno del espectro autista, que gestiona en las inmediaciones el Centro Ignacio Claver, un recurso asistencial que atiende a 58 residentes y acoge a otros 19 usuarios externos. La proximidad de la planta a este centro es, según la asociación, incompatible con el bienestar de las personas que allí son atendidas.

RIESGOS PARA UN CENTRO SOCIAL Y EL ABASTECIMIENTO DE AGUA 

El proyecto plantea el tratamiento de unas 2.000 toneladas de residuos orgánicos anuales, procedentes de domicilios, parques, jardines y mercados, que mediante un proceso de compostaje aeróbico se transformarán en abono de calidad. Sin embargo, la cercanía de la instalación al Centro Ignacio Claver ha encendido las alarmas de Valentia, que advierte de que olores, emisiones o ruidos podrían afectar a una población especialmente vulnerable, con necesidades de especial cuidado y estabilidad.

Los vecinos de Pardinilla añaden otro motivo de preocupación: el manantial que abastece al pueblo se encuentra a apenas 600 metros del emplazamiento previsto. Temen que posibles filtraciones o una gestión deficiente puedan comprometer la calidad del agua de consumo. A ello suman la posibilidad de que, debido al viento dominante, los olores se propaguen hasta las viviendas de la zona.

RECLAMAN TRANSPARENCIA Y ALTERNATIVAS DE UBICACIÓN 

Otro de los puntos de fricción es la falta de información. Vecinos y Valentia denuncian que, pese a que el proyecto se aprobó hace más de tres años, no fueron informados de manera oficial hasta fechas recientes. Esa situación les obligó a presentar alegaciones casi al límite del plazo legal, lo que alimenta su sensación de exclusión en un proceso que consideran de gran impacto para su entorno. Por ello, exigen a las instituciones una alternativa de ubicación que no comprometa ni al centro social ni a los pueblos colindantes.

La empresa promotora defiende, por su parte, que el proyecto responde a la necesidad de ampliar la capacidad de tratamiento de residuos orgánicos en la provincia. El antecedente más cercano es la planta de Fornillos de Apiés (Huesca), que tras una inversión de 1,6 millones de euros —en gran parte procedentes de fondos europeos— multiplicó por tres su capacidad de tratamiento, pasando de 2.000 a 6.600 toneladas anuales. Esa experiencia se presenta como un modelo de eficiencia energética y gestión avanzada de residuos.

Además, Grhusa ha reforzado su estrategia de sensibilización ciudadana con campañas como “Tu cubo marrón abona el futuro”, orientadas a fomentar la recogida separada de residuos orgánicos en los hogares del Alto Aragón.

Por ahora, la planta de Martillué se mantiene en fase de tramitación administrativa y pendiente de la Licencia Ambiental de Actividad Clasificada. El desenlace dependerá de la resolución de las alegaciones y del posicionamiento de las administraciones competentes. Mientras tanto, el debate sigue abierto entre la apuesta institucional por avanzar en la economía circular y las demandas vecinales de garantizar la seguridad, la salud y la calidad de vida en el entorno inmediato de la futura instalación.

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