El Ebro y los ríos de Aragón, en riesgo: un estudio mundial desvela la pérdida silenciosa de oxígeno
Los ríos del mundo están perdiendo oxígeno a un ritmo sostenido, y el Ebro —columna vertebral de Aragón— no puede considerarse ajeno a esta tendencia. Un estudio publicado el 15 de mayo de 2026 en la revista Science Advances, elaborado por investigadores de la Academia China de Ciencias, analiza casi cuatro décadas de datos en más de 21.000 tramos fluviales de todo el planeta y lanza una conclusión que inquieta: el 78,8% de los ríos estudiados está experimentando desoxigenación. La causa principal es el calentamiento climático.
Qué dice el estudio y por qué importa en Aragón
El trabajo, liderado por el profesor Shi Kun del Instituto de Geografía y Limnología de Nanjing (NIGLAS) con el Dr. Guan Qi como primer autor, cuantifica por primera vez a escala global la pérdida de oxígeno disuelto en aguas corrientes durante el periodo 1985-2023. La tasa media de desoxigenación se sitúa en -0,045 miligramos por litro y por década. Un número que, sobre el papel, parece pequeño, pero que acumulado durante décadas altera de forma profunda la vida en los ríos.
El oxígeno disuelto es lo que permite respirar a truchas, cangrejos de río, larvas de insecto y al resto de organismos que habitan estos ecosistemas. Sin él, la cadena trófica se rompe. Los ríos aragoneses —el Ebro a su paso por Zaragoza, el Gállego, el Cinca, el Aragón, el Jalón, el Huerva— sostienen una biodiversidad que depende directamente de la calidad del agua. Cualquier degradación del oxígeno disponible repercute en la pesca, en los regadíos y en la salud general del ecosistema.
La Confederación Hidrográfica del Ebro lleva años monitorizando la calidad del agua en la cuenca, y los datos de temperatura del río en Zaragoza muestran una tendencia al alza en las últimas décadas, coherente con lo que describe el estudio global. El Ebro es uno de los ríos más regulados de Europa —con más de 180 embalses en su cuenca— y eso, según los investigadores, puede tener efectos ambivalentes sobre la desoxigenación.
Los embalses: ¿problema o solución?
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio tiene que ver con el papel de los embalses. Los resultados indican que la regulación del caudal puede mitigar parcialmente la desoxigenación: las condiciones de bajo flujo reducen la tasa de pérdida de oxígeno un 18,6% respecto a condiciones normales, mientras que el alto flujo la reduce un 7%. Sin embargo, los embalses actúan de forma distinta según su profundidad.
En embalses poco profundos, el efecto es negativo: aceleran la desoxigenación. En embalses profundos, en cambio, la mitigan. Aragón cuenta con grandes infraestructuras hidráulicas —Yesa, Mequinenza, Caspe, Mediano, El Grado— de perfiles muy distintos. Esta variabilidad hace que el impacto real sobre cada tramo de río aragonés sea difícil de generalizar sin estudios específicos, algo que los expertos llevan tiempo reclamando a la administración.
Las olas de calor, un factor cada vez más determinante
El estudio dedica una parte específica a evaluar el impacto de las olas de calor sobre la desoxigenación fluvial. Los datos son contundentes: estos episodios extremos son responsables del 22,7% de la desoxigenación global de los ríos, aumentando la tasa de pérdida en 0,01 mg/L por década respecto a condiciones de temperatura media.
Aragón sabe bien lo que son las olas de calor. Zaragoza figura de forma recurrente entre las ciudades españolas con temperaturas más extremas en verano, superando con frecuencia los 40 grados. El verano de 2022, el de 2023 y el pasado 2024 dejaron episodios de calor prolongado que coincidieron con bajadas históricas en el caudal del Ebro. En esas condiciones, el agua caliente retiene menos oxígeno —la solubilidad del gas disminuye con la temperatura— y los ecosistemas fluviales quedan expuestos a situaciones de hipoxia, es decir, niveles de oxígeno tan bajos que resultan letales para muchas especies.
De hecho, el estudio identifica la disminución de la solubilidad del oxígeno provocada por el cambio climático como el factor que más contribuye a la desoxigenación global: un 62,7% del descenso observado se debe a esta causa. El 12% restante se atribuye al metabolismo del ecosistema —temperatura, luz, caudal—, un parámetro que también se ve afectado por la presión agrícola e industrial sobre los ríos aragoneses.
Los ríos tropicales, los más afectados; pero nadie está a salvo
Aunque el estudio señala que la desoxigenación más grave se produce en ríos tropicales —entre los paralelos 20 sur y 20 norte, con los ríos de India como caso especialmente preocupante—, los investigadores advierten que ninguna latitud queda al margen del fenómeno. Esto contradice hipótesis previas que situaban los ríos de alta latitud como los más vulnerables al calentamiento acelerado. La realidad es más compleja: los ríos tropicales parten de niveles de oxígeno ya de por sí más bajos, lo que los hace más frágiles ante cualquier descenso adicional.
Para los ríos de latitudes medias como el Ebro, la amenaza es igualmente real, aunque con una dinámica diferente. La combinación de calentamiento sostenido, sequías más frecuentes, mayor demanda de agua para riego y una creciente presión urbanística sobre los márgenes fluviales configura un escenario de riesgo que los gestores del agua en Aragón no pueden ignorar.
Qué pueden hacer los responsables políticos
El estudio concluye con un llamamiento directo a los responsables políticos para que adopten medidas de mitigación de la desoxigenación fluvial. Los autores proponen que los hallazgos sirvan de base para diseñar estrategias concretas de gestión del agua, especialmente en cuencas sometidas a alta presión climática y humana.
En Aragón, ese trabajo corresponde en primera instancia a la Confederación Hidrográfica del Ebro y al Gobierno de Aragón, que desde el Departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente gestiona los espacios naturales fluviales, incluidos varios tramos protegidos bajo la Red Natura 2000. La ribera del Ebro a su paso por Zaragoza, el río Piedra en el Monasterio de Piedra o los tramos alto-pirenaicos del Aragón y el Gállego son ecosistemas que merecen una atención especial a la luz de los nuevos datos científicos.
De momento, el estudio publicado en Science Advances supone la radiografía más completa realizada hasta la fecha sobre la salud del oxígeno en los ríos del mundo. Y el diagnóstico no invita al optimismo.