España rozará los 40º esta semana: el mapa del calor extremo que llega desde el miércoles
España vive esta semana uno de los saltos térmicos más espectaculares del año. En apenas seis días, el país pasará de un fin de semana con tormentas y fresco a soportar temperaturas de pleno julio. El meteorólogo César Gonzalo, de Antena 3, lo definió sin ambages: vamos "de marzo a julio en seis días", camino de los 40 grados.
Este lunes ya se nota el cambio, aunque de forma todavía moderada. Las máximas suben en casi toda la península —la excepción son el sur de Andalucía, Murcia y los archipiélagos, que se mantienen estables o bajan ligeramente—. Zaragoza y Lleida llegan hoy a los 26 grados; Madrid y Guadalajara rondarán los 23; el valle del Guadalquivir y Murcia, los más cálidos del día, tocarán los 28.
El miércoles y el jueves, los días del gran salto
Los ascensos más pronunciados llegarán a mitad de semana. Miércoles y jueves serán las jornadas de transición, cuando el anticiclón se afiance y el aire cálido del sur empiece a dominar de forma clara sobre buena parte del territorio. A partir de ahí, el viernes se presenta como el día más caluroso del episodio.
Sevilla podría rozar los 39 grados a la sombra. Badajoz se quedaría en 37; Cáceres y Zaragoza, en 36; Madrid, Valladolid y Logroño alcanzarían los 34. Lo llamativo no son solo las cifras del sur —acostumbrado a estos registros en verano— sino lo que ocurrirá en el norte. Pamplona podría llegar a 31 grados, y San Sebastián a 29. Temperaturas que en pleno agosto ya serían notables, y que en mayo resultan francamente inusuales.
Una primavera que se ha saltado varias semanas
El contexto hace aún más llamativo el episodio. El pasado sábado, muchas zonas del interior peninsular vivieron un día con ambiente claramente invernal: tormentas, cielos encapotados y temperaturas que no invitaban a salir sin chaqueta. Cinco días después, esas mismas zonas estarán soportando calor de agosto. No hay transición gradual. No hay primavera suave y progresiva. Hay un salto.
Este patrón —invierno tardío seguido de verano anticipado, con una primavera que apenas dura— se repite cada vez con más frecuencia en la península. Los climatólogos llevan años documentando cómo la estación intermedia se comprime, dejando cada vez menos margen entre las últimas heladas y las primeras olas de calor. Este episodio de mayo es un ejemplo más de esa tendencia.
Las tormentas se retiran, pero no del todo
Durante los primeros días de la semana, las tormentas aún tienen presencia residual en algunas zonas. Este lunes, la AEMET mantiene avisos activos por fuertes chubascos en el interior de Cataluña. Más débiles, pueden escaparse algunos en el norte de Castellón y Teruel, y no se descarta algún chaparrón puntual en el interior de Valencia, Alicante y el norte de Mallorca. En Galicia, un frente dejará lluvias débiles por la tarde en el oeste, acompañadas de rachas de viento fuerte.
A partir del martes, el mapa cambia. Las tormentas se retiran progresivamente y la atención meteorológica se desplaza por completo hacia los termómetros. El tiempo estable se impone en el interior peninsular y en el sur de Canarias, donde los cielos despejados y el sol de mayo harán subir las sensaciones térmicas con rapidez.
Calor de verano cuando aún es primavera
Que lleguen calores de esta magnitud en mayo no es, técnicamente, una ola de calor —la AEMET aplica umbrales específicos para declarar una, y depende de la duración y de los valores mínimos nocturnos—. Pero el impacto sobre la población es muy parecido: cuerpos que no han tenido tiempo de aclimatarse, ciudades que aún no han desplegado todos sus recursos de refrigeración, y una sensación generalizada de que el verano ha llegado sin avisar.
Los servicios sanitarios suelen alertar en estos episodios sobre la importancia de la hidratación, de evitar la exposición al sol en las horas centrales del día y de prestar especial atención a mayores y niños pequeños. No hay que esperar a julio para tomar precauciones: un viernes con 36 o 37 grados en el interior, después de semanas de fresco, puede pillara a muchos con la guardia baja.
De momento, todo apunta a que el episodio será intenso pero relativamente breve. El fin de semana siguiente podría traer una moderación de las temperaturas, aunque las previsiones a más de cinco días tienen siempre un margen de incertidumbre considerable. Lo que parece claro es que esta semana España recordará, de golpe y sin aviso previo, que el verano ya no espera a junio.