La NOAA avisa: El Niño podría arrancar este mismo mes de mayo de 2026

Los modelos climáticos dan un 96% de probabilidad de que El Niño se mantenga hasta febrero de 2027, con opciones reales de ser muy intenso

La NOAA, la agencia oceánica y atmosférica de Estados Unidos, ha actualizado sus predicciones sobre El Niño y el pronóstico es claro: hay un 82% de probabilidad de que el fenómeno surja entre mayo y julio de 2026, y un 96% de que se mantenga activo durante el invierno del hemisferio norte, llegando hasta febrero de 2027. Lo que aún no está decidido es su intensidad, aunque los modelos apuntan a que podría ser fuerte o incluso muy fuerte.

Qué es El Niño y por qué importa ahora

El Niño es un fenómeno climático que se produce cuando las temperaturas de la superficie del océano Pacífico ecuatorial suben por encima de lo normal durante varios meses seguidos. No es un evento meteorológico aislado, sino una perturbación del sistema climático global que altera los patrones de lluvia, temperatura y viento en buena parte del planeta, incluida Europa y, por tanto, España.

El nombre viene de los pescadores peruanos del siglo XIX, que observaban cómo cada ciertos años, alrededor de Navidad —de ahí "El Niño", en referencia al Niño Jesús—, las aguas del Pacífico se calentaban y los bancos de peces desaparecían. Desde entonces, la ciencia ha ido desentrañando sus mecanismos y sus consecuencias a escala global.

Lo que diferencia a este posible episodio de otros anteriores es la magnitud que podría alcanzar. Cuando El Niño supera una determinada intensidad, los climatólogos lo denominan "Super El Niño". Los episodios de 1997-98 y 2015-16 son los más conocidos de la era instrumental: ambos batieron récords de temperatura oceánica y provocaron sequías, inundaciones y alteraciones climáticas severas en decenas de países.

Qué dicen los datos actuales de la NOAA

El último informe del Climate Prediction Center de la NOAA, publicado el 14 de mayo de 2026, detalla que durante el pasado mes las condiciones se mantuvieron en lo que se conoce como ENSO-neutral: las temperaturas del Pacífico ecuatorial estaban cerca de la media, sin marcar todavía una señal clara de El Niño. El índice Niño-3.4 —el indicador de referencia— registró un valor de +0,4°C, mientras que el índice Niño-1+2, que mide la zona más oriental del Pacífico, ya alcanzaba +1,0°C.

Lo que sí resulta llamativo es la temperatura bajo la superficie oceánica. El índice de temperatura en la subsuperficie ecuatorial lleva seis meses consecutivos aumentando, y los valores están "amplia y significativamente" por encima del promedio en todo el Pacífico ecuatorial. Eso es agua caliente acumulada que, cuando asciende, alimenta el desarrollo de El Niño. Es, en términos coloquiales, la olla a punto de hervir.

A esto se suman anomalías en los vientos del oeste sobre el Pacífico ecuatorial occidental y señales en la circulación atmosférica en altura que apuntan en la misma dirección. El sistema océano-atmósfera está moviéndose hacia una transición.

Incertidumbre sobre la intensidad: el factor clave

La pregunta que más interesa —y que la NOAA no puede responder aún con certeza— es qué tan intenso será este El Niño. Los modelos del conjunto multi-modelo de Norteamérica (NMME) favorecen el desarrollo del fenómeno y su persistencia, pero ninguna categoría de intensidad supera el 37% de probabilidad para el período más crítico.

Para el trimestre noviembre-diciembre-enero de 2026-27, la NOAA asigna un 30% de probabilidad a que sea fuerte y un 37% a que sea muy fuerte —lo que coloquialmente se llama Super El Niño—. Son porcentajes que hay que leer con cautela: no significan que vaya a ocurrir, sino que las condiciones lo hacen plausible en un grado poco habitual.

Los climatólogos señalan que los episodios más intensos de El Niño se caracterizan por un acoplamiento significativo entre el océano y la atmósfera durante el verano boreal —el que estamos a punto de iniciar—. Si ese acoplamiento se produce con fuerza en los próximos meses, las probabilidades de un evento extremo aumentarán. Si no, el fenómeno podría quedarse en un El Niño moderado, con efectos mucho más limitados.

Qué impactos puede tener en España

Los impactos de El Niño en España no son tan directos ni dramáticos como en las zonas tropicales del Pacífico o en países como Australia, Indonesia o Perú. Sin embargo, los episodios intensos tienen consecuencias reconocibles en el clima de la Península Ibérica.

Durante los inviernos con El Niño fuerte, la circulación atmosférica sobre el Atlántico tiende a alterarse de formas que pueden traducirse en inviernos más secos de lo normal en el sur y el este de España, o en patrones de temperatura anómalos. El episodio de 2015-16, por ejemplo, coincidió con un invierno excepcionalmente cálido en buena parte de Europa.

La conexión no es determinista —El Niño no causa directamente la lluvia o la sequía en Madrid, Valencia o Sevilla—, pero sí modifica las probabilidades. Dicho de otro modo: si se confirma un Super El Niño para el otoño-invierno de 2026-27, las previsiones estacionales de la AEMET y del Copernicus Climate Change Service tendrán que incorporar ese factor a sus modelos. Las perspectivas de precipitaciones y temperaturas para la próxima temporada fría podrían verse afectadas.

Cuándo sabremos más

Los próximos informes mensuales de la NOAA, previstos para junio y julio, serán determinantes. Si los índices Niño-3.4 superan el umbral de +0,5°C de forma sostenida durante al menos cinco meses consecutivos, se declarará oficialmente el inicio del episodio. La velocidad con la que eso ocurra y la magnitud de las anomalías en la subsuperficie oceánica marcarán las pistas sobre su posible intensidad final.

Hasta entonces, los modelos climáticos seguirán afinando sus proyecciones. Lo que ya está sobre la mesa es que el sistema climático global entra en una fase de mayor incertidumbre, con un fenómeno de primer orden en gestación y consecuencias que, si se confirman los escenarios más extremos, se dejarían sentir en todos los rincones del planeta, España incluida.

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