El viernes llega el verano a Zaragoza: por qué los 36 ºC de mayo son una auténtica anomalía
Zaragoza se prepara para vivir este viernes 22 de mayo una jornada de calor propio del mes de julio. La potente dorsal africana instalada sobre la Península desde este martes llevará las temperaturas máximas de la capital aragonesa hasta los 36 ºC, una cifra que no solo supera en casi 12 grados la media histórica del mes, sino que se queda a menos de dos grados del récord absoluto de mayo registrado en el aeropuerto de Zaragoza.
Por qué Zaragoza siempre es de las más calurosas cuando llega el calor
Quien haya mirado alguna vez un mapa de temperaturas durante un episodio de calor habrá reparado en algo llamativo: Zaragoza y buena parte del valle del Ebro suelen figurar entre las zonas más calientes de la Península, incluso por encima de ciudades del sur. La explicación no es caprichosa.
El valle del Ebro funciona como una especie de cuenco térmico. Cuando la circulación atmosférica se torna estable y el viento remite, el calor queda atrapado en superficie durante las horas centrales del día, con escasa renovación del aire. Las sierras del Sistema Ibérico al sur y los Pirineos al norte contribuyen a ese efecto "encapsulante" que hace que la temperatura suba más rápido y más alto que en zonas costeras o en llanuras con mayor ventilación. La noche, eso sí, suele ser otra historia: ese mismo mecanismo favorece el enfriamiento radiativo una vez que el sol desaparece.
Un viernes a casi 12 grados por encima de lo normal
Los valores climatológicos de la AEMET para la estación del aeropuerto de Zaragoza —ubicada a unos diez o doce kilómetros del centro urbano— fijan la temperatura media de las máximas para mayo en 24,1 ºC, dato correspondiente al período de referencia 1981-2010. La previsión para el viernes apunta a 36 ºC. La diferencia es de casi 12 grados.
Para hacerse una idea más concreta de lo que eso significa: el récord histórico de temperatura máxima para un mes de mayo en ese mismo observatorio se alcanzó el año pasado, con 37,5 ºC. De cumplirse el pronóstico, el viernes podría quedar a tan solo 1,5 grados de igualar esa marca. No es habitual que en una jornada de mayo se esté discutiendo si se bate o no un récord absoluto.
Las anomalías previstas para este episodio se sitúan entre 8 y 10 grados por encima de la media para estas fechas. Es decir, no estamos ante un calor notable pero esperable, sino ante un episodio genuinamente excepcional para el quinto mes del año.
Qué esperar el viernes en Zaragoza: sol, calor y posible aviso amarillo
El día se presenta totalmente despejado y con viento casi inexistente, lo que favorecerá que las temperaturas alcancen su máximo sin ningún tipo de atenuante. La mínima prevista ronda los 17 ºC, una cifra que, aunque fresca en comparación con el calor del mediodía, se acerca ya al umbral de las llamadas noches tropicales, que se producen cuando el termómetro no baja de los 20 ºC durante toda la noche.
El dato que más interesa a efectos prácticos: en la Ribera del Ebro de Zaragoza, el umbral de aviso amarillo por calor se activa a partir de los 36 ºC. Si la previsión se confirma, la AEMET podría activar ese nivel de alerta para el viernes, lo que obliga a extremar las precauciones en actividades al aire libre, especialmente para mayores, niños pequeños y personas con enfermedades cardiovasculares o respiratorias.
En términos de recomendaciones básicas: conviene evitar la exposición directa al sol entre las 12 y las 17 horas, hidratarse con frecuencia aunque no se tenga sensación de sed, y no dejar nunca a niños ni animales en el interior de vehículos estacionados, donde la temperatura puede dispararse en cuestión de minutos.
Qué viene después del viernes
La irrupción de este calor tan prematuro no significa que el verano haya llegado para quedarse. Los episodios de dorsal africana de finales de primavera suelen ser intensos pero relativamente cortos. A partir del fin de semana, la entrada de aire más atlántico desde el noroeste debería moderar las temperaturas y devolver los registros a valores más acordes con la época, aunque conviene seguir la evolución del pronóstico de la AEMET para confirmarlo.
Lo que deja este episodio, en todo caso, es una señal más del patrón que se repite en los últimos años: los primeros calores llegan antes, son más intensos y rozan con más frecuencia los registros históricos. El año pasado ya se batió el récord de mayo. Este año, el termómetro vuelve a llamar a la misma puerta.