El conflicto entre EE. UU. e Irán también puede afectar a España: petróleo más caro y presión sobre los precios
La escalada militar en Oriente Medio amenaza el estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial. Si el crudo se dispara, España —altamente dependiente de importaciones— notará el impacto en combustibles, transporte e inflación.
La ofensiva militar lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero de 2026 ha abierto una crisis que va mucho más allá del ámbito militar. La escalada no solo reconfigura el equilibrio geopolítico en Oriente Medio, sino que amenaza con desestabilizar los mercados energéticos internacionales y, con ello, el comercio global.
El epicentro de esta preocupación se encuentra en el estrecho de Ormuz, un paso marítimo estratégico situado entre Irán y Omán. Por esta franja de apenas unos kilómetros de anchura transita cerca del 20 % del petróleo que se consume en el mundo, es decir, alrededor de 17 a 20 millones de barriles diarios. Se trata de uno de los principales cuellos de botella energéticos del planeta.
Un punto crítico para el suministro mundial
La importancia de Ormuz radica en que por él circula gran parte del crudo exportado por Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y el propio Irán. También es clave para el transporte de gas natural licuado hacia Asia y Europa. Cualquier alteración en este corredor marítimo tiene efectos inmediatos sobre la oferta global de energía.
En este contexto, desde Teherán se ha advertido en distintas ocasiones sobre la posibilidad de bloquear o restringir el tránsito marítimo como medida de presión. Aunque por ahora no se ha producido un cierre formal del estrecho, las advertencias y el aumento de la presencia militar en la zona han elevado el riesgo geopolítico y generado nerviosismo en los mercados.
El petróleo ya reacciona
Los efectos no han tardado en reflejarse en los precios. El barril de Brent, referencia en Europa, superó los 73 dólares, su nivel más alto en meses. Los analistas no descartan que, en caso de interrupciones sostenidas en el tráfico por Ormuz, el crudo pueda escalar hacia o incluso superar los 100 dólares por barril.
Ante este escenario, la OPEP estudia posibles aumentos de producción para estabilizar el mercado, con incrementos que podrían situarse en torno a 400.000 barriles diarios adicionales. Sin embargo, la capacidad de compensar una eventual interrupción significativa del flujo por Ormuz es limitada y depende en gran medida de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.
El impacto directo en España
Para España, el riesgo es evidente. El país importa prácticamente todo el petróleo que consume, lo que lo convierte en especialmente vulnerable a las oscilaciones del precio internacional del crudo.
Un encarecimiento sostenido del barril tendría un efecto inmediato sobre los combustibles. Gasolina y diésel subirían, pero también lo harían los billetes de avión, el transporte marítimo y terrestre, y en consecuencia, el conjunto de la cadena logística.
El transporte es un componente esencial del comercio. Si aumenta su coste, se encarecen los productos finales. Desde alimentos hasta bienes industriales, el efecto se traslada al consumidor. A medio plazo, un shock energético de estas características podría reavivar las presiones inflacionarias, justo cuando muchas economías comenzaban a estabilizar los precios tras los picos registrados en los últimos años.
Un equilibrio económico frágil
Los mercados financieros ya reflejan la incertidumbre. En momentos de tensión geopolítica, los inversores suelen buscar activos considerados refugio, mientras que los sectores más dependientes del crecimiento económico tienden a resentirse.
Todo dependerá ahora de la duración y la intensidad del conflicto. Un episodio limitado podría provocar una subida temporal de precios. Sin embargo, un enfrentamiento prolongado o un intento real de bloqueo del estrecho de Ormuz podría desencadenar una crisis energética global, con impacto en el comercio internacional, el crecimiento económico y la estabilidad de precios.
El conflicto entre Estados Unidos e Irán demuestra, una vez más, hasta qué punto la economía mundial depende de unos pocos enclaves estratégicos. Aunque los combates se produzcan a miles de kilómetros, sus efectos pueden sentirse rápidamente en los surtidores, en las facturas energéticas y en el coste de la vida cotidiana.