Milei sorprende y arrasa en las elecciones: llega "el punto bisagra y la construcción" a Argentina
“Hoy pasamos el punto bisagra, hoy comienza la construcción de la Argentina”. Con esa frase, música rock de fondo y el tono épico que ya es marca personal, Javier Milei celebró anoche lo que él mismo interpreta como una validación política y personal: La Libertad Avanza ha ganado las elecciones legislativas de mitad de mandato con una ventaja holgada sobre el peronismo y se garantiza oxígeno para los dos años que restan de presidencia.
Los comicios eran clave. Llegaban tras meses de tensión interna, desplomes en la actividad económica y dudas sobre la estabilidad institucional del Ejecutivo. El resultado despeja, al menos de momento, el horizonte del Gobierno. Con el 40,7% de los votos a nivel nacional frente a algo más del 31% de la oposición peronista, el oficialismo ha marcado distancia y ha logrado sacar pecho donde era más difícil: incluso en territorio históricamente adverso.
Milei enmarcó el resultado como un mandato para profundizar su programa de choque. “Hoy el país entero confirmó su vocación y su decisión de cambiar de forma irreversible el destino de la patria”, afirmó desde el atril. El mensaje no iba dirigido únicamente a su electorado. También tenía destinatario en el exterior: el Gobierno de Estados Unidos, que en las últimas semanas había vuelto a mirar de cerca a la Casa Rosada después de que el Ejecutivo argentino pidiera respaldo financiero por valor de 40.000 millones de dólares para sostener la confianza de los mercados y frenar la sangría del peso frente al dólar.
Victoria en un feudo peronista
La sorpresa, reconocen incluso en el propio oficialismo, fue la Provincia de Buenos Aires. Tradicional bastión peronista, es la circunscripción con más peso demográfico del país y el termómetro más fiable en cada proceso electoral argentino. Hace apenas mes y medio el peronismo había logrado allí una victoria contundente que hizo temblar al círculo de Milei y alimentó el relato de que la ola libertaria había perdido fuerza.
La campaña, además, estuvo envenenada. El candidato que el presidente había colocado al frente de la lista bonaerense, José Luis Esperte, se vio obligado a dar un paso atrás tras conocerse que había recibido dinero de un empresario argentino señalado por Estados Unidos por vínculos con el narcotráfico. La crisis obligó a una sustitución acelerada y dio munición a la oposición para hablar de improvisación e hipocresía moral en el mileísmo.
Pese a todo, la noche dio un vuelco. Lo que al principio se manejaba como una derrota ajustada empezó a circular como “empate técnico”. Poco después, la propia estructura del Gobierno se felicitaba por una “remontada histórica”. Con los datos cerrados, La Libertad Avanza terminó imponiéndose por menos de un punto en la provincia. Políticamente, ese margen vale más que muchos escaños: Milei puede decir que le ganó al peronismo en su casa.
Participación mínima, fidelidad máxima
El otro dato llamativo fue la participación: menos del 68% del censo acudió a votar, en un país donde el voto es obligatorio. Es un registro históricamente bajo, y confirma el desgaste emocional de un electorado golpeado por la inflación persistente, la pérdida de poder adquisitivo y un clima institucional en el que la bronca se ha normalizado.
Esa desmovilización general, sin embargo, no castigó al presidente. Su base leal respondió en masa y le sostuvo cuando muchos analistas empezaban a apostar por un retroceso serio.
Para Milei, que venía de semanas incómodas —tensión cambiaria, dudas sobre la continuidad de su hoja de ruta económica, caída de actividad y mensajes cruzados en su Gabinete—, el resultado es también un mensaje interno: aún hay margen para exigir disciplina dentro del Ejecutivo.
La resaca llega ahora. En las últimas jornadas de campaña se habían multiplicado las quinielas sobre cambios drásticos en el Gobierno tras las legislativas. Las salidas recientes de los ministros de Exteriores y de Justicia elevaron la sensación de desgaste en la mesa presidencial y dejaron al descubierto luchas de poder que, hasta ahora, Milei había conseguido mantener bajo control.
El presidente ya ha anunciado una reestructuración del Gabinete en los próximos días. Sin embargo, el escenario tras la victoria modifica la naturaleza de esa remodelación: los nombres que sonaban hace una semana no tienen asegurado el sillón. Milei podrá permitirse una rotación menos traumática de la prevista. Pero necesitará cohesión si quiere abrir la siguiente fase de su plan económico.
“Afianzar el camino reformista”
“Durante los próximos dos años tenemos que afianzar el camino reformista que emprendimos para dar vuelta de una vez y para siempre la historia argentina”, proclamó. El mensaje es claro: no habrá moderación. El presidente insistió en que la prioridad es ejecutar las reformas estructurales que, según su relato, permitirán “consolidar el crecimiento y el despegue definitivo”.

