Von der Leyen anuncia la suspensión del acuerdo comercial UE-Israel

Ursula von der Leyen propone suspender parte del acuerdo comercial con Israel, aplicar sanciones y crear un fondo para Gaza, aunque admite las dificultades para lograr consenso en la UE.
Archivo - La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en su intervención durante un debate en el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo (Francia).
- LAURIE DIEFFEMBACQ /PARLAMENTO EUROPEO - Archivo
Archivo - La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en su intervención durante un debate en el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo (Francia). - LAURIE DIEFFEMBACQ /PARLAMENTO EUROPEO - Archivo

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció ante el Pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo un paquete de medidas que incluye la suspensión parcial del Acuerdo de Asociación UE–Israel en su vertiente comercial, la congelación del apoyo bilateral y de los pagos a Israel (con excepción del trabajo con la sociedad civil y entidades como Yad Vashem) y la propuesta de sanciones contra ministros extremistas y colonos violentos. La iniciativa, que requiere el respaldo de los Veintisiete, busca “abrir un camino” ante la falta de una posición común de los Estados miembros sobre la guerra en Gaza.

Von der Leyen enmarcó el giro en la política comunitaria en la gravedad humanitaria en Gaza, donde denunció una “hambruna provocada por el hombre” y señaló acciones del Gobierno israelí que, a su juicio, socavan la solución de los dos Estados. Entre ellas citó el “estrangulamiento financiero” de la Autoridad Palestina y los planes de asentamientos en la denominada zona E1, que aislarían Cisjordania de Jerusalén Este. “Europa no puede permanecer pasiva”, subrayó, al tiempo que admitió que lograr mayorías será “difícil”.

En paralelo, la Comisión propondrá crear en octubre un Grupo de Donantes para Palestina, con un instrumento específico para la reconstrucción de Gaza, con la intención de coordinar compromisos de financiación y acelerar proyectos sobre el terreno. Este anuncio responde a la demanda de varios socios y a la parálisis que han sufrido otras vías, como el intento —fallido por falta de apoyos en el Consejo— de restringir el acceso de Israel al programa de investigación Horizon.

La suspensión parcial del acuerdo afectaría a preferencias comerciales del pilar económico del pacto UE–Israel y, según fuentes comunitarias, requeriría una mayoría cualificada en el Consejo, una meta compleja por las diferencias entre Estados miembros. Países como España o Bélgica han empujado medidas más contundentes, mientras que otros —clave por su peso— mantienen reservas. El Ejecutivo comunitario insiste en que el objetivo es preservar la presión política sin romper canales con la sociedad civil israelí.

El anuncio llega tras semanas de bloqueos internos y de creciente presión pública. En la sesión, buena parte de la bancada progresista y eurodiputados de la Izquierda aplaudieron la intervención, algunos vestidos de rojo en solidaridad con Gaza. Antes del debate, varias eurodiputadas participaron en un minuto de silencio por las víctimas. El paquete de Von der Leyen pretende “superar la situación de parálisis” y “marcar una dirección” para la respuesta europea.

Desde Israel, las primeras reacciones han sido críticas, advirtiendo de un posible deterioro en la relación con la UE y alertando de que las sanciones podrían “alentar” a Hamás, según medios internacionales. En cualquier caso, el alcance real de las medidas dependerá de cómo se perfile la propuesta jurídica de la Comisión y de qué mayorías logre construir en el Consejo en las próximas semanas.

Con este movimiento, Bruselas refuerza el componente coercitivo de su postura —sanciones y restricción de ventajas comerciales— a la vez que activa el brazo financiero orientado a la reconstrucción y a sostener a la Autoridad Palestina. La doble vía (presión y apoyo) pretende reanudar la centralidad europea en el proceso, que Von der Leyen resumió en un mensaje: la solución de dos Estados sigue siendo la única salida viable y la UE no puede permitir que se diluya entre asentamientos, asfixia económica y una guerra sin horizonte político.

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