La adoración de los Reyes Magos que está 'escondida' en la Seo de Zaragoza
El retablo mayor de la Catedral del Salvador de Zaragoza, conocida como la Seo, guarda una de las joyas más fascinantes del arte gótico del siglo XV: la representación de la Epifanía o Adoración de los Reyes Magos. Diseñado por el escultor Hans de Suabia, esta obra en alabastro policromado no solo destaca por su extraordinaria belleza y detalle, sino también por los elementos simbólicos e históricos que alberga.
Como dijo el historiador Ángel Luis Ibarzo Aldea, la Seo de Zaragoza y su retablo mayor son un ejemplo vivo de cómo la escultura puede narrar historias que trascienden los siglos.
Un escenario lleno de simbolismo
La escena central del retablo refleja la manifestación de Jesucristo al mundo, tema al que está dedicada la catedral zaragozana. En este caso, el niño Jesús no se encuentra en un pesebre, como describen las escrituras, sino en el regazo de la Virgen María. El niño sostiene en sus manos una moneda de oro, un detalle que se aparta de las representaciones tradicionales de la Natividad.
A la derecha de la escena se ubica San José, con el buey y el asno asomando tras la Sagrada Familia. Estos animales, según las profecías de Isaías, simbolizan la incomprensión humana ante el nacimiento del Salvador. El cuidado en la representación de los gestos y posturas de los personajes refuerza el carácter devocional y narrativo de la obra.
La adoración de los Reyes Magos
A la izquierda del conjunto escultórico se despliega la Adoración de los Reyes Magos, una escena llena de riqueza simbólica y detalles propios de la mentalidad medieval. Melchor, Gaspar y Baltasar llegan en camellos que, curiosamente, parecen caballos con cuellos largos, un reflejo del limitado conocimiento de la fauna exótica en la Europa medieval.
Los tres Reyes no solo representan a los visitantes de Oriente que llevaron presentes al niño Jesús, sino también las tres edades del hombre: Melchor, anciano; Gaspar, adulto; y Baltasar, joven. Aunque la tradición de un Baltasar negro es muy antigua —ya mencionada por Beda el Venerable en el siglo VI—, en esta representación no aparece un rey de raza negra. Este detalle es fiel a las convenciones del arte medieval, donde la inclusión de un rey negro no se popularizó hasta el siglo XVI.
El detalle más sorprendente: una moneda real
El aspecto más llamativo de esta representación es el gesto del niño Jesús. Con una mano sostiene el regalo entregado por el rey Melchor, mientras con la otra señala un objeto de gran relevancia: una moneda real de oro, conocida como un “juanín”. Este ducado de oro pertenecía al rey Juan II de Aragón, padre del arzobispo que promovió el retablo y abuelo del futuro Fernando el Católico.
La inclusión de esta moneda no es un simple ornamento esculpido, sino una pieza auténtica de curso legal en el momento en que se colocó en el retablo. Este detalle no solo enriquece la obra desde el punto de vista artístico, sino que la convierte en un valioso testimonio histórico que vincula el arte con el poder político y económico de la época.
La huella de Hans de Suabia
El trabajo de Hans de Suabia, un escultor de origen germano, se evidencia en la elegancia y minuciosidad de cada figura del retablo. Sus obras reflejan el apogeo del arte gótico en la Península Ibérica, donde se fusionan influencias religiosas y culturales con una profunda atención al detalle. Cada personaje, gesto y adorno del retablo parece estar cuidadosamente pensado para transmitir no solo una historia bíblica, sino también un mensaje político y social.
La Adoración de los Reyes Magos en el retablo mayor de la Seo no es solo una obra de arte, sino un compendio de historia, religión y cultura. A través de sus figuras de alabastro, sus detalles simbólicos y su moneda real, nos transporta al siglo XV, cuando la fe, la política y el arte estaban profundamente entrelazados.



