Azcón descarta cerrar un acuerdo rápido con Vox en Aragón y Abascal mira de reojo a su crisis interna en Murcia

El presidente en funciones de Aragón admite que lo lógico es que la negociación se prolongue semanas, mientras Extremadura tiene plazo hasta el 4 de marzo.

Las negociaciones entre el Partido Popular y Vox para formar gobierno en Aragón siguen su curso, pero a un ritmo que el propio presidente en funciones de la comunidad, Jorge Azcón, describe sin rodeos: lento.

El popular adelantó el jueves que no espera poder cerrar un acuerdo global antes del próximo martes, fecha prevista para la constitución de las Cortes de Aragón, y apuntó que lo lógico es que el proceso se prolongue durante las próximas semanas.

Los plazos legales dan margen: hay dos meses para la investidura a partir del momento en que se constituya la cámara aragonesa.

Reuniones ha habido, y las habrá. Pero Azcón fue claro sobre cómo quiere que se desarrollen: sin espectáculo, sin filtraciones y sin que nadie las "retransmita por streaming". Una posición que coincide con la que mantiene el PP a nivel nacional, donde desde Génova insisten en que no van a informar del avance de las negociaciones para no entorpecer el proceso con titulares que compliquen la mesa.

Abascal marca el paso: "Medida a medida, decreto a decreto"

El líder de Vox, Santiago Abascal, se pronunció este sábado desde Tordesillas, en plena campaña electoral de Castilla y León, sobre el estado de las negociaciones en Aragón y Extremadura. Sin entrar en detalles, se mostró como "el principal convencido" de que hay que construir una alternativa de gobierno con el PP, pero dejó claro que esa alternativa debe construirse con "confianza" y "diálogo".

La instrucción que Abascal dice haber trasladado a su equipo negociador es precisa: pactar "medida a medida, decreto a decreto y partida partida", con plazos y garantías de cumplimiento incluidos. Una exigencia que responde directamente al agravio que Vox arrastra de la legislatura anterior, cuando —en su relato— el PP "engañó" a la formación y "a sus propios votantes" al no cumplir los acuerdos alcanzados. Esa herida sigue abierta y condiciona el tono y el ritmo de unas negociaciones que, en Aragón, aún no tienen fecha de resolución.

Extremadura, con los plazos encima

El escenario aragonés contrasta con la urgencia que vive Extremadura, donde los tiempos aprietan mucho más. La popular María Guardiola necesita ser investida presidenta de la Junta antes de que los plazos obliguen a repetir elecciones, y la primera votación está fijada para el 4 de marzo —mañana mismo—. Si Guardiola no logra la mayoría absoluta de 33 escaños en esa primera votación, habría una segunda el 6 de marzo en la que bastaría con los 29 votos del PP y la abstención de Vox.

La portavoz del PP en el Senado, Alicia García, intentó esta semana mantener viva la esperanza de un acuerdo antes de esa fecha. "Cuatro días en política dan mucho de sí", afirmó. Pero la negativa de Vox a celebrar ayer la reunión prevista —su equipo negociador alegó que no podía asistir— no contribuyó precisamente a generar optimismo. Si el 4 de mayo no se ha elegido presidenta, la Asamblea extremeña quedará disuelta y habrá que convocar nuevas elecciones.

La crisis de Vox en Murcia, sombra sobre las negociaciones

Por encima de Extremadura y Aragón planea un tercer frente que está consumiendo energía y atención en la cúpula de Vox: la crisis interna en Murcia. Este jueves comenzaron a publicarse informaciones sobre la intención de la dirección nacional de prescindir del presidente del partido en la región, José Ángel Antelo. Según medios regionales, fue Montserrat Lluís —secretaria general adjunta del partido y miembro del equipo negociador en Extremadura— quien habló con Antelo para pedirle que dimitiera. La respuesta fue una negativa.

Abascal rehuyó el tema cuando fue preguntado al respecto y lo atribuyó a "campañas orquestadas al alimón por Génova y Ferraz". Una respuesta que no aclara nada pero que revela la incomodidad que genera el asunto dentro del partido en un momento especialmente delicado, con negociaciones abiertas en dos comunidades y una campaña electoral en marcha en Castilla y León.

Aragón, con más tiempo pero sin hoja de ruta clara

De vuelta a Aragón, la situación es la de una negociación que no tiene prisa en los papeles pero que tampoco parece estar cerca de un desenlace. Azcón ha mostrado dudas públicas sobre la posibilidad de alcanzar un acuerdo global a corto plazo, y la posición de Vox —exigiendo garantías punto por punto antes de firmar nada— no facilita los avances rápidos.

Lo que sí parece claro es que ambas partes tienen interés en llegar a un entendimiento. El PP necesita los votos de Vox para gobernar con comodidad en las Cortes aragonesas, y Vox necesita demostrar que puede ser un socio de gobierno fiable sin repetir el desgaste de la legislatura anterior. La cuestión es si ese interés mutuo será suficiente para superar las desconfianzas acumuladas y los tiempos que marca cada cual.

La constitución de las Cortes el próximo martes marcará el inicio formal del contador. A partir de ese momento, hay dos meses para que Aragón tenga un gobierno. O para que la negociación se complique aún más.

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