Jugarse la vida todos los días en la A-125: la distancia entre Ayerbe y Ardisa
La escena se repite cada día en la A-125, entre Ayerbe y Ardisa: baches encadenados, hundimientos en el firme, ausencia de arcén y un traqueteo constante que obliga a agarrar fuerte el volante. Quienes la recorren hablan sin rodeos de “jugarse la vida” cada vez que entran en esta vía, eje natural del Gállego y única conexión directa para centenares de vecinos, trabajadores y camiones hacia Zaragoza.
Hartos de esperar, los vecinos de Ayerbe, Ardisa, Losanglis y Biscarrués se reunieron hace pocos días en el salón de actos del Ayuntamiento de Ayerbe para dar un nuevo salto en sus reivindicaciones. De ese encuentro salió un mensaje claro: la paciencia se ha agotado y la movilización vuelve a la carretera.
Una concentración clave: 6 de diciembre en Biscarrués
El acuerdo más inmediato pasa por convocar una concentración el sábado 6 de diciembre, a las 12.30 horas, en Biscarrués, coincidiendo con el puente de la Constitución. La idea es convertir ese día en un altavoz comarcal y que no solo acudan los habitantes de los municipios directamente afectados, sino también vecinos de otras zonas que sufren problemas similares en la red autonómica.
Cada pueblo se ha comprometido a elaborar pancartas y mensajes reivindicativos que se colocarán en lugares visibles, para que cualquiera que pase por la zona entienda que aquí no se reclama un lujo, sino una cuestión de seguridad básica.
“No pedimos más de lo que se nos prometió hace dos años: una carretera segura y transitable. El proyecto está hecho, solo falta voluntad política”, subrayan los portavoces vecinales.
Dos años de promesas incumplidas
No es la primera vez que los pueblos de la A-125 se organizan. Hace dos años ya protagonizaron una movilización que logró llevar hasta la zona al director general de Carreteras del Gobierno de Aragón. Entonces, se comprometió públicamente a ejecutar la obra. Hoy, los vecinos recuerdan que aquellas palabras siguen sin traducirse en máquinas trabajando sobre el asfalto.
La situación es especialmente frustrante porque el proyecto de ensanche y mejora del tramo entre Ayerbe y Ardisa está redactado y listo para licitarse, pero continúa sin partida presupuestaria específica. Desde el Ejecutivo se ha deslizado que la parte que no entra en el Plan Extraordinario de Carreteras podría licitarse en 2026, una fecha que los vecinos consideran inasumible si la carretera sigue en su actual estado.
Una vía vital para granjas, camiones y trabajadores
La A-125 no es solo la carretera que une cuatro pequeños municipios. Es también la arteria por la que se mueve la economía agroganadera de la zona: por ella circulan a diario camiones que abastecen y recogen producción de numerosas granjas de porcino, vacuno y aves, además de vehículos agrícolas y de servicio.
A eso se suma el tráfico de vecinos que se desplazan a sus trabajos, escolares, sanitarios y turistas que acceden al entorno del Gállego. La combinación de firme deteriorado, curvas, anchura insuficiente y abundantes vehículos pesados multiplica la sensación de riesgo entre los usuarios. “No es solo incomodidad, es miedo”, resumen varios asistentes a la reunión, que describen cómo cada adelantamiento o cruce con un camión se convierte en una maniobra de alto riesgo cuando la calzada “parece una carretera de otro siglo”.
En la reunión de Ayerbe, los participantes acordaron solicitar una nueva entrevista con el director general de Carreteras para exigir que la actuación se tramite por vía de urgencia, ahora que el proyecto está listo para ponerse en marcha “de forma inmediata” si se habilita el presupuesto.
Los vecinos recuerdan que el Gobierno de Aragón sí ha impulsado recientemente otras obras como la carretera de Tardienta, ya ejecutada, o la de Gurrea de Gállego, recientemente comprometida, y se preguntan por qué la A-125 sigue quedando fuera de las prioridades pese a su alto nivel de tráfico y riesgo.
Otro de los pasos acordados es contactar con las empresas que utilizan habitualmente esta vía –transportistas, cooperativas agrarias, ganaderías y negocios locales– para recabar su apoyo explícito y visibilizar el impacto que tiene la carretera en la economía de toda la comarca.
“Nos jugamos la vida”
La expresión se repite en conversaciones y cartas remitidas a los medios: “nos jugamos la vida”. Tanto los ayuntamientos como los usuarios denuncian baches profundos, hundimientos, ausencia de arcenes y un firme tan deteriorado que obliga a reducir drásticamente la velocidad incluso en tramos que deberían ser rectilíneos y seguros.
Los vecinos insisten en que la solución pasa por las próximas cuentas autonómicas. Reclaman que la Dirección General de Carreteras dé “un gesto de buena voluntad” e incluya la actuación en los presupuestos de este mismo año, de modo que las obras puedan comenzar en el próximo ejercicio.
Mientras tanto, las pancartas irán apareciendo en balcones, rotondas y accesos a los pueblos, y la cita del 6 de diciembre en Biscarrués se prepara ya como una fecha clave.

