Lucía Baruquer, 28 años, diputada más joven en Aragón: "La política afecta a tu vida cada día"
La primera vez que entró al hemiciclo de La Aljafería, sintió lo que siente cualquiera que pisa ese salón por primera vez: peso. El peso de la historia, de las decisiones que se han tomado entre esas paredes y de las que están por venir. Lucía Baruquer, diputada del PP por Huesca, es la representante más joven de las Cortes de Aragón. Lleva casi una década en política activa y tiene muy claro por qué está ahí.
Hay una frase que remarca cuando le preguntan por lo difícil que debió de ser dar el paso para ser diputada de las Cortes de Aragón: "Sinceramente, no puedo señalar una gran dificultad". No lo dice con arrogancia. Lo dice con la tranquilidad de quien lleva años trabajando en esto antes de que nadie le pusiera un micrófono delante en un parlamento.
Casi diez años de militancia activa la preceden en el Partido Popular. Cuando su partido pensó en ella para ocupar un escaño, la sorpresa no fue el ofrecimiento en sí, sino el lugar donde iba a desempeñarlo. "Impone", reconoce al hablar de La Aljafería. "Es un palacio impresionante, y cuando entras al hemiciclo sientes un respeto especial porque eres muy consciente de que allí se debaten y se deciden asuntos que afectan al futuro de Aragón". Ese respeto, dice, no ha desaparecido. Y no parece que vaya a hacerlo.
"Nunca me he sentido discriminada por mi edad"
La pregunta sobre el edadismo en política —ese paternalismo sutil que a veces se disfraza de consejo— no le genera un largo silencio ni una respuesta esquiva. Su respuesta es directa: no lo ha vivido. O al menos no dentro de su partido, donde asegura que siempre han tenido espacio para trabajar y aportar.
Eso no significa que no vea el problema en términos más amplios. "Cada vez hay más gente joven con ganas de participar en política y los partidos confían en ellos", señala. Pero va más allá del diagnóstico: "Si queremos un futuro mejor, es lógico que también lo construyamos desde dentro". Hay una parte de la sociedad, dice Baruquer, que quiere escuchar a los jóvenes. Que pide nuevas ideas, otra forma de mirar los problemas. Y esa demanda existe porque los problemas que más preocupan a su generación siguen sin resolverse del todo.
Vivienda y empleo, las dos heridas abiertas
Si hay algo en lo que no duda, es en el diagnóstico generacional. Dos palabras: vivienda y empleo. No como abstracciones, sino como obstáculos concretos que frenan la vida de miles de jóvenes aragoneses.
"Acceder a una vivienda es muy difícil por la falta de oferta y por unos precios que, en muchos casos, son inasumibles", apunta. El problema del empleo no es tanto la ausencia de trabajo, sino sus condiciones: "Salarios muy lejos del coste real de la vida". Un diagnóstico que cualquier joven aragonés —en Zaragoza, en Huesca, en Teruel o en cualquier pueblo de las tres provincias— reconocería sin esfuerzo.
A esas dos prioridades suma otras: educación, sanidad, salud mental, medio ambiente. El mapa de preocupaciones de una generación que, según ella, lleva tiempo esperando que la política le tome la palabra en serio.
En vivienda, defiende la apuesta del PP en Aragón: "Frente a las 86 viviendas públicas construidas por el PSOE en 8 años, en estos momentos se han lanzado ya casi 3.000 viviendas públicas que llegarán a 5.000 en los próximos dos años". Un contraste de cifras que, sabe, no dejará indiferente a nadie.
"La política decide cosas que afectan a tu vida cada día"
¿Qué le responde a un joven que le dice que la política no sirve para nada? No se lo piensa. "Le respondería que la política es, precisamente, lo que guía y determina muchas cosas que afectan a tu día a día: la gestión de impuestos, la sanidad, la educación, las carreteras o el modelo económico".
Como ejemplo concreto pone la atracción de inversiones a Aragón. Cuando una comunidad capta proyectos, ese esfuerzo se traduce en empleo real, en tejido productivo, en oportunidades para quedarse —o para volver— en lugar de marcharse. "En Aragón estamos viendo esa apuesta, con proyectos que movilizan cifras multimillonarias y que tienen un efecto tractor sobre el empleo".
La crispación parlamentaria es otro de los temas que aborda sin rodeos. ¿Aleja a los jóvenes de la política o los moviliza? La respuesta, matizada, apunta en las dos direcciones: puede atraer a algunos, especialmente en una época de "política de vídeo rápido" y mensajes simples. Pero hay una diferencia que para ella es fundamental: "Una cosa es la crispación y otra el debate. El debate es imprescindible, esa confrontación de ideas es parte de la democracia".
¿Dónde está la línea? "En la seriedad y el respeto. Se puede defender una postura con firmeza, discutir con intensidad si hace falta, pero sin convertir la política en ruido ni en espectáculo".
Si pudiera proponer una sola reforma para acercar las instituciones a los jóvenes, tiene claro cuál sería. No habla de redes sociales ni de participación digital, aunque no las descarta. Habla de algo más básico: llevar la política a colegios e institutos. Pero bien entendida. "No desde una inclusión ideológica, sino explicando qué se hace en las instituciones, cómo se toman decisiones y por qué es importante participar".
El objetivo, explica, es que los jóvenes tengan una visión más global de lo que significa lo público y de cómo se construye la convivencia democrática. Porque el desapego de los jóvenes hacia la política no siempre viene del rechazo, sino del desconocimiento. Y eso, dice, sí se puede cambiar.
Al final de la legislatura, quiere poder mirar atrás y sentirse satisfecha por haber hecho un trabajo serio. No por haber hecho ruido, sino por haber sido útil. Por haber contribuido, "aunque sea en una parte", a mejorar la vida de los aragoneses. Sencillo de decir. Difícil de cumplir. Ella parece dispuesta a intentarlo.



