El pueblo de Aragón que nadie pisa desde hace décadas y vuelve a la luz

Las causas del olvido de algunos pueblos de Aragón son varias y cada cual más variopinta. Pero su resurrección llama la atención de todos. 

Hay pueblos de Aragón que vuelven a la luz después de décadas en el olvido. Las causas son varias y cada cual más variopinta. Pero su resurrección llama la atención de todos. Ya sea por un criterio urbanístico o por el interés turístico, hay pueblos que vuelven a la vida y son motivo de alegría para muchos.

En este contexto está un pueblo de Aragón que fue sepultado por el agua y la expansión de la gestión hídrica. En la historia del embalse de Yesa existen cambios irreversibles que provocó en la geografía y en la vida de varios pueblos zaragozanos. Entre los más afectados se encuentra Tiermas, un municipio de la comarca de la Jacetania, cuyos 1.500 habitantes se vieron obligados a abandonar sus hogares tras quedar sumergidos bajo las aguas del embalse.

Hoy, sin embargo, la memoria de Tiermas no solo se mantiene viva, sino que resurge literalmente durante los meses finales del año, cuando el nivel del embalse desciende, dejando al descubierto las ruinas del municipio y ofreciendo a los visitantes la oportunidad de explorar un lugar que combina historia, naturaleza y un atractivo único.

Tiermas, al igual que otros municipios como Ruesta, se encontraba en una posición estratégica y gozaba de un floreciente desarrollo hasta la construcción del embalse. Sin embargo, su rica historia y patrimonio no quedaron completamente enterrados bajo el agua. Durante los meses de octubre a diciembre, cuando el nivel del embalse baja lo suficiente, es posible caminar por las calles de este antiguo pueblo y admirar los restos de lo que una vez fue un lugar lleno de vida.

El Balneario de Tiermas: la historia de un tesoro

El pueblo abandonado de Tiermas, cuando el pantano de Yesa está en su punto más bajo / Cedida

Entre las ruinas que emergen, destaca especialmente el antiguo balneario romano de Tiermas. Reconocido desde hace siglos por las propiedades curativas de sus aguas, que contienen azufre, salitre y alumbre, este lugar era famoso por tratar diversas dolencias. Su época dorada llegó en el siglo XIX, cuando se construyó un edificio de 52 habitaciones y una galería de baños, que más tarde se complementaría con el hotel Infanta Isabel, inaugurado en 1910.

Hoy, el balneario es un atractivo turístico exclusivo, ya que solo se puede visitar cuando el embalse baja lo suficiente. Durante este periodo, los visitantes tienen la oportunidad de sumergirse en sus aguas termales naturales, que han sido transformadas por las inundaciones en una especie de "piscinas" únicas. Sin embargo, este acceso depende de factores climáticos, como la ausencia de lluvias, lo que añade un aire de misterio y exclusividad a cada visita.

Otra joya del patrimonio de Tiermas que resurge con el descenso de las aguas es la iglesia de San Miguel. Este edificio, originalmente de estilo gótico del siglo XIV, fue transformado al barroco en el siglo XVIII. Aunque su cubierta y cúpula colapsaron hace algunos años, todavía conserva elementos fascinantes como su pórtico gótico y su gran torre campanario de tres cuerpos en altura.

El interior, aunque parcialmente en ruinas, guarda vestigios de frescos y grafitis que sobreviven al paso del tiempo. Estos elementos, combinados con la vegetación que ha invadido la estructura, crean una atmósfera única que transporta a los visitantes a un pasado lleno de historia y espiritualidad.

Visitar Tiermas: ¿cómo llegar?

El atractivo de Tiermas no solo radica en su riqueza histórica y arquitectónica, sino también en su singularidad natural. La temporalidad de su accesibilidad convierte este lugar en un destino especial, donde el pasado y el presente se encuentran en un espacio que desafía el tiempo.

Además, la posibilidad de explorar las ruinas del balneario, caminar por las calles que una vez estuvieron llenas de vida y maravillarse con los restos de la iglesia de San Miguel, hacen de Tiermas un lugar único en la provincia de Zaragoza. Este antiguo municipio no solo invita a la reflexión sobre las consecuencias del progreso, sino que también celebra la resistencia y la belleza de lo que permanece, incluso bajo las aguas.

Para quienes deseen visitar Tiermas, es importante estar atentos al nivel del embalse de Yesa, ya que la posibilidad de acceder al balneario y al resto de las ruinas depende de este factor. Las visitas suelen concentrarse entre octubre y diciembre, cuando las aguas están en su punto más bajo.

Comentarios