GenZ 2035: un informe detalla cómo será el Aragón joven del futuro

Aragón cuenta con una juventud mejor formada, más diversa y más conectada que nunca.

En Aragón ya hay una generación que no solo está llenando las aulas, las entrevistas de trabajo y las redes sociales: está definiendo, casi sin saberlo, el futuro demográfico, económico y cultural de la comunidad. Es la Generación Z, los jóvenes de entre 16 y 35 años que la Fundación Basilio Paraíso ha decidido radiografiar en profundidad en su informe “GenZ 2035: Futuro en construcción, el estudio más ambicioso de los últimos años sobre la juventud aragonesa.

El trabajo, basado en 900 entrevistas representativas realizadas entre junio y julio de 2025, dibuja una paradoja nítida: Aragón cuenta con una juventud mejor formada, más diversa y más conectada que nunca, pero atrapada entre la precariedad, el precio de la vivienda y la sensación de que el futuro se decide cada vez más lejos de ella.

Una quinta parte de Aragón: cuántos son y dónde están

Hoy, en Aragón, los jóvenes de 15 a 34 años rondan los 282.000, alrededor de un 21% de la población total. La cifra ha aumentado ligeramente en la última década —unos 10.000 jóvenes más respecto a 2016—, pero su peso demográfico apenas se ha movido. La comunidad sigue siendo una de las más envejecidas de España, con un problema que el informe subraya con claridad: la juventud crece, pero no rejuvenece el territorio.

La distribución no es homogénea. Zaragoza capital concentra la mayor parte del crecimiento joven, mientras que Huesca se mantiene estable y Teruel pierde efectivos. Esto se traduce de manera clara: la vida de la Generación Z se está concentrando en un mapa cada vez más urbano y metropolitano, con la capital como gran imán y un interior que lucha por no vaciarse.

Más diversidad, más mezcla, más mundo

Donde sí se observa un cambio profundo es en la composición de esa juventud. Entre 2016 y 2024: los jóvenes nacidos en España bajan de algo más de 210.000 a unos 205.000, los jóvenes con nacionalidad española descienden levemente y, en paralelo, la población joven de origen extranjero crece con fuerza: de casi 49.000 a más de 61.000.

Aragón es hoy, y lo será aún más en 2035, un territorio mucho más plural. El informe apunta a una juventud que mezcla acentos, orígenes, religiones y referentes culturales. Un cambio que, si se gestiona bien, puede ser una de las grandes fortalezas del Aragón del futuro: más creativo, más flexible y más conectado con el mundo.

La trampa del empleo: talento de sobra, estabilidad de menos

La fotografía del empleo juvenil en Aragón es el corazón del informe… y una de sus partes más incómodas. Sobre el papel, todo debería ir bien: la Z es la generación con mayor nivel educativo, con más titulados universitarios y de FP superior, y con mayor contacto con el entorno digital.

La realidad es bastante más áspera: La subocupación juvenil —trabajar menos horas de las deseadas— sigue creciendo, la temporalidad continúa siendo la puerta de entrada casi obligada al mercado laboral y los salarios medios crecen mucho más despacio que el coste de la vida, especialmente en vivienda.

No es casual que muchos jóvenes relaten una sensación de “precariedad estructural”: se sienten obligados a alargar estudios, encadenar contratos cortos y retrasar decisiones vitales clave. Ni la carrera, ni el máster, ni los idiomas garantizan ya un futuro despejado.

El informe recoge un dato que resume este clima: la mayoría de jóvenes no confía en alcanzar una estabilidad laboral real antes de los 30 años. Y aun así, valoran esa estabilidad como uno de sus grandes objetivos.

Emancipación: el muro de la vivienda

La consecuencia lógica de todo lo anterior se ve en la emancipación juvenil, uno de los puntos más críticos del estudio. Aragón mantiene una tasa de jóvenes emancipados por debajo de la media española y la edad de salida del hogar familiar no deja de retrasarse.

Las causas se conocen, pero ahora tienen apellidos:

  • Salarios que no acompañan al nivel de estudios.

  • Precios de alquiler y compra que no dejan de subir en Zaragoza y su entorno.

  • Dificultad para acceder a hipotecas en los primeros años de vida laboral.

  • Oferta limitada de vivienda asequible o adaptada a las necesidades reales de los jóvenes.

El resultado es una generación que alarga la convivencia con sus padres, recurre al compartir piso o se desplaza hacia zonas más baratas, como los barrios jóvenes del sur y oeste de Zaragoza (Arcosur, Valdespartera, Parque Venecia) o el cinturón metropolitano. La vivienda no es solo un problema inmobiliario; es un freno directo a la construcción de proyectos vitales, al nacimiento de nuevas familias y, por tanto, al futuro demográfico de Aragón.

Valores: más salud mental, menos dogmas

El informe dedica un bloque importante a entender cómo piensa la Generación Z aragonesa. Y aquí los matices son interesantes:

  • Es una generación crítica con la política tradicional: desconfía de los partidos y siente que las grandes decisiones le quedan lejos.

  • Sin embargo, muestra alto compromiso con causas concretas: igualdad, medio ambiente, derechos LGTBI, feminismo, conciliación.

  • La salud mental irrumpe como prioridad: ansiedad, presión por el futuro, dificultad para desconectar. Los jóvenes reclaman entornos laborales y educativos más sanos.

  • El éxito ya no se mide solo en términos de dinero o estatus, sino de estabilidad, tiempo y bienestar.

Esta generación no encaja bien en los clichés: ni es “pasota” ni es “revolucionaria” al estilo clásico. Es más bien pragmática, cansada de grandes discursos, pero muy activa en lo cotidiano: voluntariado, consumo responsable, activismo puntual, redes.

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