Sargadelos, al borde de la ruina: ERTE de 15 días a 86 empleados y dimisión de su dueño
Sargadelos entra en una nueva crisis tras la aplicación de un ERTE a 86 trabajadores y la dimisión de su propietario, Segismundo García, en plena tensión con la Inspección de Trabajo.
La histórica firma cerámica Sargadelos atraviesa uno de los momentos más delicados de su trayectoria. Su propietario y administrador único, Segismundo García, ha comunicado la apertura de un ERTE por fuerza mayor que afectará a 86 trabajadores de la planta de Cervo (Lugo) entre el 27 de noviembre y el 15 de diciembre, al tiempo que ha anunciado su dimisión como gestor o CEO de la compañía.
La decisión, notificada al Juzgado de lo Mercantil nº 2 de A Coruña, llega en plena tensión entre la empresa y la Inspección de Trabajo, con la que García mantiene un largo conflicto desde el expediente abierto el pasado abril tras detectarse casos de silicosis entre trabajadoras de la planta. En un escrito dirigido al juzgado, el empresario asegura que dimite por lo que define como la “chulería” de la Inspección, que —según afirma— le obliga a dejar sus funciones ejecutivas.
Una fábrica sin deudas pero con la actividad paralizada
En su comunicación, García señala que Sargadelos “ya no está en concurso de acreedores” y que la planta ha satisfecho “la práctica totalidad” de los créditos pendientes desde su salida del proceso concursal en 2016. Defiende que deja “una empresa sin deudas, con amplia tesorería y en expansión”, recordando que recientemente se ha contratado nuevo personal y se ha abierto una tienda en Barcelona.
Sin embargo, el conflicto con la autoridad laboral ha derivado en un nuevo cierre total de la producción. Según el propietario, la paralización responde a los requerimientos de la Inspección sobre posibles riesgos por exposición a polvo de sílice, que podrían ser perjudiciales para la plantilla. García califica esta situación como “fuerza mayor”, motivo por el que ha solicitado formalmente el ERTE.
Los trabajadores, desconcertados ante un nuevo cierre
Como ya ocurrió en abril, los operarios de producción acudieron a primera hora del viernes a su puesto de trabajo y se encontraron con las puertas cerradas. Registraron su presencia ante la falta de instrucciones claras y permanecieron frente a la fábrica entre el desconcierto y el malestar. Dentro del recinto solo se encontraban empleados de oficina y mantenimiento.
A diferencia de la ocasión anterior, esta vez no estuvo presente la Guardia Civil, aunque la tensión se dejó sentir entre una plantilla sin representación sindical interna desde hace años.
El expediente afecta a ocho hombres y 78 mujeres, según consta en la documentación presentada ante la Xunta. La firma del expediente por parte de una trabajadora generó momentos de crispación entre sus compañeros, que denunciaron falta de información y de interlocución.
Un pulso que se agrava
García, que llegó a la fábrica sobre las 8:40 y abandonó las instalaciones antes del mediodía sin dirigirse a los empleados, vuelve así a paralizar la actividad tras una nueva visita de tres inspectores de Trabajo. Estos acudieron para comprobar si se habían ejecutado las mejoras de seguridad ordenadas meses atrás. Algunas de estas actuaciones estaban pendientes al tratarse de un edificio Bien de Interés Cultural (BIC), lo que requería plazos adicionales y coordinación con la Xunta, que había ofrecido su colaboración.
En su carta de dimisión, el empresario carga contra la “abundantísima y contradictoria normativa” y especialmente contra la “altanería” de la Inspección.
Críticas sindicales
El portavoz de la CIG, Xorxe Caldeiro, que ha acompañado a los trabajadores tanto en abril como ahora, calificó lo sucedido como un “despropósito” resultado de la “improvisación y desvaríos” del propietario. Para el sindicato, la situación refleja un conflicto que no debería recaer en la plantilla y que exige una intervención inmediata de las autoridades laborales.
Una crisis que marca un punto de inflexión
A falta de resolución del ERTE por parte de la Xunta, la incertidumbre se instala en una de las marcas más emblemáticas de Galicia. Pese a que el dueño insiste en que la empresa tiene buena salud financiera, el nuevo cierre, la falta de diálogo y su propia dimisión al frente de la gestión dejan a Sargadelos en un momento crítico que podría marcar el futuro de la factoría de Cervo y de sus casi 90 empleados.

