Teka aprueba el ERE con un 61%, pero Zaragoza dice “no” y rompe el consenso

La votación valida el principio de acuerdo que rebaja los despidos de 99 a 66, aunque la planta de Zaragoza se desmarca con un “no” masivo que evidencia la fractura interna ante el ajuste.

La plantilla de Teka en España ha dado luz verde al principio de acuerdo del Expediente de Regulación de Empleo (ERE) pactado entre sindicatos y dirección hace unos días. El respaldo se ha impuesto por mayoría en el conjunto de centros, con un 61% de votos a favor: 303 papeletas favorables sobre 497 escrutadas en las asambleas celebradas este martes 10 en las diferentes instalaciones de la compañía.

El resultado consolida un preacuerdo que reduce el alcance del ajuste: los despidos previstos bajan de 99 a 66 en todo el país. Pero la votación deja también una fotografía nítida de división territorial: Zaragoza ha sido el único centro en el que la plantilla ha rechazado el acuerdo, y lo ha hecho con un rechazo abrumador.

Un “sí” nacional con un foco rojo en Zaragoza

A nivel nacional, participaron 497 trabajadores de los 570 que componen la plantilla total. El recuento final arrojó 303 votos a favor, 185 en contra, ocho en blanco y uno nulo. La cifra permite a la mesa negociadora encarrilar la firma del acuerdo definitivo “en los próximos días”, según trasladan fuentes sindicales, que también han agradecido el apoyo recibido e instan a la plantilla a mantener la coordinación de cara a la comisión de seguimiento.

Sin embargo, el dato político-laboral más relevante es el contraste de Zaragoza. La planta aragonesa no solo votó en contra: fue el único centro donde el preacuerdo quedó desautorizado, con 169 votos negativos, frente a 19 favorables y dos en blanco. En términos internos, es una señal de desacuerdo profundo con el contenido del pacto y, sobre todo, con la percepción de cómo impacta en cada centro de trabajo.

Santander avala el pacto y concentra la mitad de los despidos

El apoyo más contundente al preacuerdo se registró en la fábrica de Santander, donde se ejecutará más de la mitad del ajuste, con 34 despidos (el 51,5% del total previsto en España). Allí, de una plantilla de 194 trabajadores, votaron 179: 158 a favor (un 88% de los participantes), 14 en contra, seis en blanco y uno nulo.

La lectura es clara: incluso en el centro más afectado por el recorte, la plantilla ha optado por validar el acuerdo. Ese respaldo suele interpretarse como una apuesta por cerrar el proceso con condiciones pactadas antes que entrar en un escenario incierto de confrontación o imposición unilateral.

El resto de centros también consolidó el “sí” con mayorías amplias. En Alcalá de Henares, el preacuerdo fue respaldado con un 96% de votos (50 a favor de 52). En Madrid y delegaciones, el aval fue total: 76 votos, todos favorables.

Esa homogeneidad, con la excepción de Zaragoza, refuerza la idea de que el pacto ha sido entendido por la mayor parte de la plantilla como un mal menor o como el mejor resultado posible en una negociación que partía de un ajuste más severo (99 salidas).

Una votación que marca el después: firma y comisión de seguimiento

Con la ratificación de la mayoría de la plantilla, el siguiente paso es la formalización del acuerdo definitivo del ERE. A partir de ahí, el foco se desplazará a la comisión de seguimiento, clave para vigilar el cumplimiento de lo pactado, la aplicación concreta en cada centro y la evolución de posibles medidas adicionales.

El rechazo de Zaragoza, pese a no alterar el resultado global, deja un elemento añadido: la necesidad de gestionar internamente un conflicto territorial que puede condicionar el clima laboral y la implementación del ajuste. El ERE sale adelante, pero lo hace con una fractura visible: la planta aragonesa queda como el epicentro del desacuerdo.

En definitiva, Teka cierra la votación con una mayoría suficiente para firmar el expediente y con una reducción significativa de despidos respecto al plan inicial, pero también con un mensaje interno que no pasa desapercibido: la paz social no se mide solo en porcentajes nacionales, sino en cómo se vive el ajuste en cada fábrica.

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