El capirote de los nazarenos tiene 600 años de historia y nada que ver con el Ku Klux Klan: el origen que pocos conocen
Cada año, millones de personas contemplan las procesiones de Semana Santa sin preguntarse de dónde viene ese gorro cónico y puntiagudo que distingue a los nazarenos. El capirote es hoy uno de los símbolos más reconocibles de la Semana Santa española, pero su origen no tiene nada que ver con la devoción religiosa: nació en el siglo XV como instrumento de condena y señalamiento público de los acusados por el Tribunal de la Santa Inquisición.
Este año, la Semana Santa se celebra del domingo 29 de marzo al domingo 5 de abril. Miles de cofrades saldrán a las calles de toda España con sus túnicas y sus capirotes, perpetuando una tradición que tiene más de cinco siglos de historia y unas raíces mucho más oscuras de lo que su actual significado religioso podría sugerir.
El origen del capirote se remonta al siglo XV, en plena época de la Inquisición española. El Santo Tribunal lo utilizaba para señalar a las personas condenadas durante los autos de fe, esas ceremonias públicas en las que se leían y ejecutaban las sentencias contra quienes habían sido juzgados por delitos contra la fe católica. El condenado aparecía ante el público con el capirote en la cabeza y el sambenito —una prenda que cubría pecho y espalda— como señas de identidad de su culpa. Ambas prendas servían para que todo el mundo supiera quién era el reo y cuál era su falta.
Los capirotes inquisitoriales no eran uniformes: llevaban dibujos que aludían al delito cometido o al castigo que se iba a aplicar. Las llamas del infierno eran uno de los motivos más habituales para los condenados a la hoguera. Desde finales del siglo XV, esta escena quedó plasmada en numerosas pinturas y grabados, incluidas obras de Francisco de Goya y Eugenio Lucas Vázquez, que documentaron visualmente los autos de fe y el papel del capirote como marca de infamia.
La expresión popular "colgarle el sambenito a alguien" —que hoy usamos para referirnos a atribuirle a alguien una mala fama de la que le cuesta desprenderse— viene precisamente de esta práctica: el sambenito del condenado se colgaba en las iglesias como recordatorio permanente de su culpa.
De la condena a la procesión: cómo lo adoptaron las hermandades
El salto del capirote desde los autos de fe hasta las procesiones religiosas se produce a través del fuerte simbolismo penitencial que la prenda ya llevaba consigo. Las hermandades religiosas de Sevilla lo adoptaron en torno al siglo XVII, aunque hay referencias anteriores: las Cortes de Valladolid de 1351 ya mencionaban esta prenda en sus textos. A partir de la adopción sevillana, su uso se fue extendiendo por el resto de ciudades españolas hasta convertirse en el elemento más característico de la indumentaria nazarena.
El significado cambió radicalmente al pasar de instrumento de condena a símbolo de penitencia voluntaria. La punta del capirote, que en los autos de fe señalaba la culpa del reo, adquirió en el contexto procesional un significado opuesto: apuntar al cielo, acercar al penitente a Dios. El capuz —la tela que cae sobre la cara y el pecho— cumple la función de ocultar el rostro del cofrade, preservando el anonimato del acto penitencial y subrayando que la penitencia es personal, no un espectáculo.
Colores, materiales y nombres según la zona
En la actualidad, el capirote ha evolucionado considerablemente desde su forma original. Desde el año 2000, muchos cofrades utilizan capuchones de rejilla en lugar de cartón, más cómodos y con mejor ventilación, lo que reduce el sufrimiento físico de quien lo lleva durante horas de procesión. Los materiales modernos permiten además ajustar mejor la forma y el peso de la pieza.
El nombre también varía según la zona de España: en Torredonjimeno se llama caperuz, en Linares cucurucho, y en otras zonas simplemente capucha o capuz. La forma de colocarlo puede diferir ligeramente de una hermandad a otra, siempre en función de las normas internas de cada cofradía.
Los colores, por su parte, no son aleatorios: cada hermandad elige los suyos con un simbolismo preciso. El rojo evoca la sangre y la pasión de Cristo. El negro representa el luto y la muerte. El blanco simboliza la pureza. Morado, verde, azul o dorado pueden aparecer en combinación con estos colores básicos, siempre dentro de la tradición particular de cada cofradía.
La confusión con el Ku Klux Klan: mismo aspecto visual, origen y significado radicalmente opuestos
Cada año, especialmente desde que las procesiones de Semana Santa tienen mayor proyección internacional, algunos turistas extranjeros —sobre todo procedentes de países anglosajones— se sorprenden o incluso se incomodan al ver los capirotes por primera vez. La pregunta que muchos se hacen es directa: ¿tiene algo que ver la indumentaria del nazareno con el Ku Klux Klan? La respuesta es rotunda: no, no tienen absolutamente nada que ver.
La 'culpa' de la confusión la tiene el parecido visual entre ambos atuendos. El KKK es una sociedad secreta estadounidense fundada el 24 de diciembre de 1865 en Nashville, Tennessee, tras el fin de la Guerra Civil estadounidense. Se caracterizó desde sus inicios por promover actos de odio y violencia, racismo, homofobia, xenofobia y anticomunismo.
Sus túnicas blancas, que inicialmente representaban los fantasmas de los soldados confederados muertos, y sus capuchas puntiagudas, diseñadas para aterrorizar a las comunidades negras del sur del país, conforman un vestuario que evocaba una identidad supremacista blanca. Las insignias y símbolos utilizados por la organización entrelazaban iconografía de raíz protestante —cruces en llamas, estandartes, lemas en latín— con sus valores como organización de odio racial. Nada de eso tiene que ver con la Semana Santa.
El capirote que lucen los nazarenos y penitentes en las procesiones españolas tiene sus raíces mucho antes y en un contexto radicalmente diferente: la España del siglo XV y XVI, vinculado al Tribunal de la Inquisición. En los autos de fe, los condenados por delitos religiosos llevaban el sambenito —una especie de túnica— y un capirote puntiagudo como forma de escarnio público. Esos individuos eran llamados "penitentes" y en ocasiones eran ejecutados en público. Los condenados a muerte que se arrepentían eran estrangulados antes de ser quemados; los que no, eran incinerados vivos. Un contexto histórico dramático que nada tiene que ver con el supremacismo racial estadounidense del siglo XIX.
La diferencia cronológica es además contundente: el capirote español lleva en las procesiones religiosas desde el siglo XVII, más de dos siglos antes de que el Ku Klux Klan siquiera existiera. Que una organización de odio adoptara posteriormente un atuendo similar no contamina el origen ni el significado de una tradición religiosa centenaria. Ver un capirote en una procesión de Semana Santa es contemplar seis siglos de historia española. No tiene nada que ver con lo que ocurrió al otro lado del Atlántico.