La paradoja de Huesca: el paro más bajo de España y una economía hambrienta de trabajadores

La provincia oscense registra una tasa de desempleo del 5,56%, la más baja del país, pero empresarios y expertos advierten: el verdadero reto es atraer población y talento desde fuera.
Un trabajador en Litera Meat, una gran empresa del porcino que factura casi 1.000 millones de euros al año / Litera Meat
Un trabajador en Litera Meat, una gran empresa del porcino que factura casi 1.000 millones de euros al año / Litera Meat

Aragón ha arrancado 2026 con los mejores datos de empleo de su historia. La Encuesta de Población Activa del primer trimestre refleja que la comunidad cuenta ya con 638.000 ocupados —8.700 más que al cierre de 2025— y con una tasa de paro del 8,37%, que la sitúa como la cuarta comunidad autónoma con menor desempleo de España, solo por detrás de Cantabria, Madrid y País Vasco.

Los datos del INE publicados este martes dibujan un panorama laboral inédito para Aragón. Y entre todos los datos, destaca uno por encima de todos: Huesca tiene el paro más bajo de toda España. Un 5,56% de tasa de desempleo que, sobre el papel, debería ser motivo de celebración. Y lo es, en parte.

Pero detrás de ese dato récord se esconde una realidad que preocupa cada vez más a empresarios, alcaldes y responsables económicos de la provincia: no hay suficientes trabajadores para cubrir lo que la economía oscense necesita. El pleno empleo, ese objetivo que persiguen todos los territorios, se ha convertido aquí en el síntoma de un problema estructural que no tiene fácil solución.

Cuando el pleno empleo deja de ser la meta y se convierte en el problema

Para entender la paradoja hay que mirar los datos con perspectiva. En el primer trimestre de 2026, Aragón ha batido su récord histórico de ocupados —638.000 personas trabajando, 8.700 más que al cierre de 2025— y se ha convertido en la cuarta comunidad con menor tasa de paro de España, con un 8,37% frente al 10,83% de media nacional. Buenas noticias para la comunidad en su conjunto.

Pero en Huesca el fenómeno es de otra magnitud. Una tasa del 5,56% no es simplemente baja: es la más baja de los cincuenta territorios provinciales españoles. Y eso, en teoría, significa que casi todo el que quiere trabajar en Huesca, trabaja. El problema es que las empresas quieren contratar a más gente de la que existe disponible en el mercado laboral local. La demanda supera a la oferta. Y cuando eso ocurre de forma sostenida, el crecimiento económico empieza a frenarse no por falta de pedidos ni de inversión, sino por falta de personas.

"Todos los sectores de la provincia demandan mano de obra para cubrir sus necesidades", ha explicado Jesús Arnau, director corporativo de CEOE Aragón, que ha querido destacar especialmente la dimensión rural del problema. No solo en la capital oscense: en los valles del Pirineo, en la Hoya de Huesca, en la Ribagorza. Explotaciones agrarias, empresas de turismo de montaña, industrias agroalimentarias, firmas del sector servicios. Todos con el mismo diagnóstico: sobra trabajo y faltan trabajadores.

La compañía Cárnicas de la Litera, en una foto de archivo / HOY ARAGÓN
La compañía Cárnicas de la Litera, en una foto de archivo / HOY ARAGÓN

Un problema que viene de lejos y que la despoblación agrava

La escasez de mano de obra en Huesca no es nueva. Es la cara más visible de un proceso de décadas: la despoblación del territorio rural aragonés ha ido vaciando de personas activas buena parte de la provincia, dejando un tejido productivo que ha sabido adaptarse y crecer, pero que ahora choca contra un techo demográfico difícil de romper desde dentro.

La provincia de Huesca tiene algo menos de 230.000 habitantes. Una cifra que no ha crecido de forma significativa en los últimos años pese a que la economía sí lo ha hecho. Esa brecha entre dinamismo económico y estancamiento demográfico es exactamente lo que explica la paradoja: una economía que genera empleo pero no tiene a quién emplearlo.

La situación contrasta con la de Zaragoza, donde sí se ha concentrado el grueso del crecimiento de ocupados y activos de este primer trimestre. La capital aragonesa actúa como polo de atracción de población —también de población llegada de fuera de España—, lo que alimenta su mercado laboral de forma constante. Huesca, en cambio, no cuenta con ese efecto llamada de la misma magnitud. Atraer talento hacia una provincia con menos de 250.000 habitantes, por muy buena que sea su calidad de vida, exige un esfuerzo institucional y empresarial sostenido que hasta ahora no ha dado los frutos necesarios.

Qué sectores sufren más la falta de mano de obra

La demanda de trabajadores en Huesca no se concentra en un solo sector. La agricultura y la ganadería —pilares históricos de la economía provincial— llevan años recurriendo a trabajadores temporales de otros países para cubrir campañas que de otro modo no podrían cerrarse. El turismo de montaña, con el Pirineo como gran motor, necesita personal cualificado en hostelería, guías, técnicos de instalaciones y servicios de ocio. La industria agroalimentaria, con denominaciones de origen de peso como el Jamón de Teruel o los vinos de Somontano, también reclama operarios y técnicos que no siempre encuentra.

Y luego está la construcción. El boom de la vivienda y de las infraestructuras vinculadas a la transición energética —parques eólicos, plantas solares, líneas de alta tensión— ha disparado la demanda de trabajadores del sector en toda Aragón, y Huesca no es una excepción. Ahora bien, cubrir esas plazas en una provincia con tan poca población activa disponible obliga a traer trabajadores de fuera, con todo lo que eso implica en términos de alojamiento, integración y retención.

Las políticas que piden los empresarios

Desde CEOE Aragón, Arnau ha reclamado políticas activas de empleo que vayan más allá de los cursos de formación convencionales. El diagnóstico es claro: hacen falta medidas que atraigan población hacia Huesca y Teruel, que faciliten la llegada de trabajadores de otras comunidades o de otros países, y que conecten a los nuevos entrantes al mercado laboral —jóvenes, principalmente— con los sectores que más los necesitan.

No es un problema que Huesca pueda resolver sola. Requiere coordinación entre el Gobierno de Aragón, los ayuntamientos, las cámaras de comercio y las propias empresas. Algunas localidades del Pirineo llevan años experimentando con incentivos para atraer familias jóvenes: vivienda asequible, plazas de guardería, conectividad digital. Con resultados desiguales, eso sí.

La paradoja de Huesca es, en el fondo, la paradoja de muchos territorios rurales europeos que han conseguido mantener su tejido productivo pero no su tejido demográfico. Tener el paro más bajo de España es un logro real. Que ese logro conviva con empresas que no encuentran a quién contratar es la señal de que el siguiente reto ya está aquí.

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