Si ves estos insectos plateados en el suelo del baño... actúa rápido: pueden traer una plaga

La lepisma saccharina prospera en ambientes con más del 70% de humedad y puede abrir la puerta a ácaros y otros insectos.

Son rápidos, escurridizos y aparecen siempre cuando menos se espera: debajo del mueble del baño, entre los cajones de la ropa o corriendo por el suelo en cuanto se enciende la luz. Los pececillos de plata —lepisma saccharina en su nombre científico— son uno de esos insectos que mucha gente ha visto alguna vez en casa sin saber muy bien qué son ni qué hacer con ellos. La respuesta corta es que no son peligrosos para la salud, pero su presencia sí es una señal de alerta que conviene atender sin demora.

Qué son y por qué aparecen

El pececillo de plata es un insecto de unos 1,5 centímetros de longitud, de cuerpo alargado y cubierto de escamas de color plateado, con tres largas antenas en la parte trasera que le dan ese aspecto tan característico. Es mucho más rápido de lo que su tamaño haría pensar, y esa velocidad es precisamente lo que hace difícil cazarlo a mano.

Viven en ambientes húmedos —prosperan especialmente cuando la humedad supera el 70%— y se alimentan de almidón y polisacáridos: papel, cartón, tejidos de fibras artificiales, piel, incluso la cola de algunos libros. Son nocturnos y esquivos, lo que explica que puedan llevar semanas o meses en una casa sin que nadie los haya visto.

Aunque se los asocia sobre todo con las viviendas de costa, no es raro encontrarlos en ciudades de interior como Zaragoza, Huesca o Teruel, especialmente en baños y cocinas con poca ventilación, sótanos o pisos antiguos con humedades. Su presencia no indica suciedad —pueden aparecer en casas perfectamente limpias— sino condiciones de humedad elevada que les resultan favorables.

El problema real no es el insecto en sí. El pececillo de plata no pica, no transmite enfermedades y no es tóxico. El riesgo está en lo que puede traer consigo: si la población crece, puede atraer a ácaros y otros insectos que sí generan problemas mayores. Por eso los expertos insisten en no ignorarlos cuando aparecen.

Cinco medidas para que no proliferen

La buena noticia es que no hace falta recurrir a productos químicos agresivos para mantenerlos a raya. Las medidas preventivas son sencillas y, aplicadas con constancia, resultan muy eficaces.

La primera y más importante es reducir la humedad del hogar. Ventilar bien los baños y la cocina tras usarlos, reparar posibles goteras y, si hay zonas especialmente problemáticas, valorar la compra de un deshumidificador. Sin humedad, el pececillo de plata pierde su hábitat favorito.

La segunda es limpiar a fondo los rincones menos accesibles: detrás de los muebles de baño, bajo los rodapiés, en el fondo de los cajones. Es en esos puntos oscuros y poco transitados donde ponen sus huevos y donde una pequeña colonia puede crecer sin que nadie la vea.

Mantener el orden ayuda más de lo que parece. Los papeles apilados, la ropa en el suelo y el desorden en general les ofrecen tanto escondite como alimento. Aspirar con frecuencia —prestando atención a grietas, alfombras y juntas del parquet— elimina huevos y reduce las posibilidades de que la población se consolide.

En la cocina, guardar harinas, cereales, papel de cocina y papel higiénico en botes herméticos les corta una de sus principales fuentes de alimentación.

El remedio natural más eficaz si ya están en casa

Si la prevención llega tarde y los pececillos de plata ya se han instalado, hay una solución natural que los expertos recomiendan con regularidad: la tierra de diatomeas en polvo. Se trata de un insecticida natural formado por fósiles de algas microscópicas que, espolvoreado en los puntos de paso habitual de estos insectos, resulta letal para ellos al dañar su exoesqueleto. Es, en cambio, completamente inocuo para personas y mascotas, lo que lo convierte en una alternativa segura frente a los insecticidas convencionales.

Combinada con las medidas anteriores y aplicada con constancia durante algunas semanas, la tierra de diatomeas suele ser suficiente para eliminar la presencia del insecto sin necesidad de recurrir a tratamientos más agresivos.

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