La Moncloa arranca el curso cuesta arriba: la ley de jornada roza el precipicio y los Presupuestos con "dificultades”
El Gobierno de España ha inaugurado el curso político con dos pruebas de estrés que pueden definir la legislatura en las próximas semanas: la votación para que continúe la tramitación de la ley que reduce la jornada laboral y el intento de presentar, por primera vez desde 2023, unos Presupuestos Generales del Estado. Ambas dependen de mayorías frágiles y de un tablero parlamentario más incierto que nunca.
Por ello, el Ejecutivo inicia el curso en modo supervivencia, con dos exámenes seguidos y la vista puesta en el mismo árbitro. Si salva la primera bala y logra mantener viva la ley de jornada, ganará margen. Si además encarrila unas cuentas creíbles para 2026, podrá recuperar iniciativa. Si falla en cualquiera de las dos, la prórroga —presupuestaria y política— se convertirá en su nuevo normal.
Miércoles, primera estación: la jornada a 37,5 horas
El Congreso debatirá y votará el miércoles 10 de septiembre las enmiendas a la totalidad del proyecto de ley que rebaja la jornada máxima a 37,5 horas semanales. La cita llega antes de lo que La Moncloa hubiera deseado, empujada por la oposición y sin que el Ministerio de Trabajo haya garantizado aún los apoyos de Junts. Si los posconvergentes mantienen su veto, el texto puede descarrilar en la primera curva.
La vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, ha intensificado en las últimas horas el contacto directo con Carles Puigdemont para evitar el naufragio. En público, Díaz insiste en que el Gobierno no retirará la norma y que “España sabrá de qué lado está cada quien”, pero evita aventurar un resultado. En Junts persisten las reticencias —alineadas con el criterio de patronales catalanas— por el impacto que, a su juicio, tendría la medida en pymes y sectores tensos.
Presupuestos: arranca la maquinaria, faltan los votos
En paralelo, Hacienda ha puesto oficialmente en marcha los Presupuestos de 2026. La Orden HAC/974/2025, publicada en el BOE el 1 de septiembre, fija el procedimiento y prioridades —desde defensa hasta vivienda y apoyo a sectores afectados por la guerra arancelaria— y obliga a los ministerios a remitir sus planes de gasto en los próximos días. Es el primer paso formal tras dos ejercicios prorrogando las cuentas de 2023.
El problema son los apoyos. Enrique Santiago, portavoz adjunto de Sumar e integrante de IU, reconoce que habrá “serias dificultades” para aprobar las cuentas en las Cortes, aunque defiende presentarlas. La ecuación no es sencilla: PP y Vox rechazan el proyecto por principio, y los socios de la investidura exigen contrapartidas sustantivas. La aritmética vuelve a pasar por Junts, decisivo en cada votación.
La vía catalana y el vacío que deja Cerdán
La política catalana vuelve a ser llave. El president Salvador Illa se reunió esta semana en Bruselas con Carles Puigdemont, en un gesto inédito que abre un canal directo entre Generalitat y el líder de Junts. El encuentro no despeja incógnitas, pero evidencia que el Govern y la Moncloa —por pasillos distintos— buscan deshielo con Junts de cara a debates clave.
El Gobierno, además, ha perdido a su interlocutor histórico con el independentismo: Santos Cerdán, exsecretario de Organización del PSOE y pieza clave en las negociaciones de investidura, permanece en prisión provisional desde el 30 de junio, en el marco de la investigación por una supuesta trama de comisiones. Su caída dejó un vacío operativo que el PSOE intenta suplir con equipos alternativos y el liderazgo directo de Moncloa.
Lo que se juega Moncloa
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Reducción de jornada. Si el Gobierno supera el trámite de totalidad, ganará tiempo para negociar ajustes (calendario, flexibilidad interna, compensaciones a pymes). Si cae el miércoles, el revés político sería mayúsculo para Sumar y el Ejecutivo, que verían esfumarse una de sus banderas sociales.
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Presupuestos 2026. Hacienda ha encendido la maquinaria, pero el Ejecutivo asume un plan B: no descarta prorrogar de nuevo las cuentas si no hay mayoría. Eso prolongaría la interinidad presupuestaria a un cuarto ejercicio, con impacto en política de vivienda, inversiones y ejecución de fondos europeos.
Junts, árbitro incómodo
La doble dependencia de Junts —jornada y Presupuestos— condiciona toda la agenda. El partido de Puigdemont calibrará cada voto en función de su agenda catalana, del clima con el president Illa y de su lectura del momento político. Con el PP liderando la oposición y Vox tensando el discurso, cada concesión a Moncloa será examinada al milímetro por su electorado.
En el corto plazo, la secuencia es clara: 10 de septiembre, votación clave de la jornada; en paralelo, Hacienda trabajará el techo de gasto y el cuadro macro para registrar el proyecto de Presupuestos dentro de los plazos políticos viables. Sin una mayoría estable, la legislatura entra en una zona de turbulencias en la que cada gesto —desde Bruselas a los pasillos del Congreso— cuenta.






