Vendido por 9.400 euros un salmón que podría ser de los últimos en pescarse legalmente en España

Trece pujadores se disputaron el ejemplar capturado en el río Sella. El Gobierno pide un informe sobre si declarar el salmón atlántico en peligro de extinción en España.

Un salmón de 6,2 kilos y 82 centímetros ha sido vendido este jueves por 9.400 euros en una subasta celebrada en Cangas de Onís, Asturias.

El comprador fue la sidrería El Llavianu, de Gijón, que se impuso a otros doce pujadores para hacerse con el llamado 'campanu': el primer salmón capturado en la temporada en los ríos asturianos, una pieza que en el mundo de la pesca deportiva y la gastronomía tradicional asturiana tiene un valor simbólico que va mucho más allá de su peso en kilos.

El ejemplar fue capturado el pasado 12 de mayo por Iván Alonso en el puente viejo de Villanueva, en Cangas de Onís, en el río Sella. Alrededor de cinco mil aficionados llevaban ya veintitrés días hábiles buscando el primer salmón de la temporada sin éxito.

Que tardara tanto en aparecer no es un detalle anecdótico: es una señal más del declive preocupante que atraviesa la especie en los ríos españoles.

Un precio que baja respecto a años anteriores

Los 9.400 euros obtenidos este jueves se sitúan por debajo de los 10.100 euros que se pagaron el año pasado por el primer ejemplar asturiano, y muy lejos del récord absoluto registrado en 2024: 19.300 euros por un salmón de 8,2 kilos procedente del río Narcea.

La bajada de precio refleja en parte la menor expectación generada por un ejemplar más pequeño que el de años anteriores, aunque el ritual de la subasta y el prestigio del 'campanu' siguen intactos.

El Ayuntamiento de Cangas de Onís y la asociación de pescadores El Esmerillón habían suspendido su habitual subasta ante la ausencia de ejemplares en las primeras semanas de temporada, y anunciaron que destinarían los 2.500 euros que aporta la corporación al afortunado pescador a labores de repoblación con alevines.

Un gesto que resume la contradicción que rodea a esta tradición: la misma comunidad que celebra la captura del salmón es la que financia su recuperación.

La paradoja del pez más cotizado de España

Ahí está el nudo de una historia que va más allá de la subasta y el precio. El salmón atlántico —Salmo salar— es la especie de agua dulce más valorada económica y culturalmente en el norte de España, y al mismo tiempo una de las más amenazadas.

Su pesca ya está vedada en Galicia, Navarra y en la práctica totalidad del País Vasco ante el declive poblacional. Solo Asturias y Cantabria mantienen abierta la temporada, y lo hacen en un contexto de escasez creciente.

El Gobierno central ha dado un paso significativo al pedir al Comité Científico que asesora al Comité de Fauna y Flora que elabore un informe sobre el estado de conservación del salmón del Atlántico y si procede catalogarlo en peligro de extinción en toda España.

La petición llega después de que la organización conservacionista Saxífraga solicitara formalmente al Ministerio para la Transición Ecológica la inclusión de la especie en el Catálogo Español de Especies Amenazadas en la categoría de "en peligro de extinción". Si el informe lo avala, la pesca del salmón podría quedar prohibida en todo el territorio nacional, incluyendo Asturias y Cantabria.

El 'campanu' del Narcea, entregado vivo para repoblar

No todos los primeros salmones de la temporada acaban en una subasta. El 'campanu' del río Narcea, capturado el 13 de mayo por Miguel Corral González en el pozo El Viso, cerca de Quinzanas, fue entregado vivo al proyecto Arca, que trabaja por la repoblación de la especie en ese cauce.

Los organizadores de la subasta de Cornellana la suspendieron y aportaron al pescador una donación de 9.000 euros. Una decisión que refleja el cambio de mentalidad que se está produciendo en parte del sector pesquero: el salmón vale más vivo que muerto, al menos mientras su supervivencia esté en entredicho.

Asturias y Cantabria han anunciado que revisarán la situación del salmón al cierre de la actual temporada. Mientras tanto, la mantienen abierta pese a la ausencia de capturas. Una decisión que los conservacionistas critican y que los defensores de la tradición pesquera defienden como parte de una cultura centenaria ligada a los ríos del norte de España.

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