Una herencia 'salvo' a este pueblo a 2 horas de Zaragoza
Cuando en el año 1905 el agua comenzó a brotar de una fuente en la plaza principal de Treviana, pocos imaginaban que aquella transformación había sido posible gracias al gesto altruista de un vecino que, aunque no vivió para ver los frutos de su generosidad, dejó un legado imborrable. Ildefonso San Miguel, abogado de origen trevianés, decidió dejar su herencia al municipio con el deseo de que se construyeran escuelas. Sin embargo, la realidad cambió el rumbo de sus intenciones.
Para entonces, el pueblo ya contaba con centros educativos, por lo que las autoridades locales optaron por destinar esa fortuna a una necesidad aún más urgente: el acceso al agua potable. En una época en la que los vecinos tenían que subir hasta el Cerro de la Horca para abastecerse, la llegada del agua a la plaza supuso una revolución. Un cambio que marcó un antes y un después en la vida cotidiana de Treviana, situado a apenas dos horas en coche de Zaragoza.
LA FUENTE QUE TRANSFORMÓ LA VIDA EN TREVIANA
Hasta principios del siglo XX, las familias de Treviana vivían con una carencia básica: no tenían agua corriente ni una fuente accesible en el centro del pueblo. Los más afortunados subían con animales hasta el cerro cercano, pero muchos otros lo hacían a pie, cargando cántaros cuesta arriba. Esta situación de precariedad se alargó hasta que la herencia de San Miguel permitió llevar el agua desde un manantial en Cellórigo hasta la plaza del pueblo.
Allí se instaló una fuente con dos caños, que durante más de ochenta años fue el único punto donde los vecinos podían acceder a agua potable. La inauguración oficial fue el 16 de diciembre de 1905, y desde ese momento la fuente pasó a formar parte de la historia colectiva de Treviana. Tal fue su relevancia, que la plaza cambió su nombre y pasó a llamarse Plaza San Millán, en honor al benefactor.
Dolores Cantabrana, vecina de 80 años, conserva en su memoria los relatos familiares que explican cómo aquella fuente cambió la vida del pueblo. Incluso recuerda que su padre, Mariano Cantabrana, fue el primer niño bautizado con agua de la nueva fuente, apenas unos días después de su inauguración. Desde entonces, cada 16 de diciembre los vecinos se reúnen en ese mismo lugar para conmemorar el gesto de San Miguel.
UN PUEBLO QUE NO QUIERE CAER EN EL OLVIDO
La Treviana de principios del siglo XX poco tiene que ver con la actual. En aquellos años, el municipio era un hervidero de actividad: contaba con varios maestros, curas, carnicerías, sastres, herradores, esquiladores… incluso gaiteros que viajaban a Madrid por San Isidro para hacer bailar a las jóvenes del pueblo. La despoblación no era aún un concepto conocido, y la vida rural se desarrollaba con intensidad.
Hoy, pese a la pérdida de población y servicios, la memoria de aquellos tiempos permanece viva gracias a iniciativas como la de Pedro Barcina, un joven profesor trevianés que lucha por mantener vivo el espíritu del pueblo. A través de una página web y una webcam instalada como parte de un proyecto rural universitario, Barcina recopila historias, imágenes y actividades para que quienes ya no viven en el pueblo puedan seguir conectados con sus raíces.
En 2024, Treviana celebró con especial entusiasmo un nuevo capítulo en su historia: la fuente ha vuelto a tener agua. Gracias a una rehabilitación impulsada por la Asociación de Mayores Ildefonso San Millán, se ha instalado un circuito cerrado que permite que el agua vuelva a brotar como en 1905. Y lo han celebrado como se merece: con un almuerzo popular en la plaza que mantiene vivo el recuerdo de aquel vecino que, con su legado, cambió para siempre la historia del pueblo.

