¿Llega a tiempo para 2030? La visita de Louzán a la Nueva Romareda pone el foco en el calendario
El presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Rafael Louzán, ha visitado este viernes las obras del futuro estadio Ibercaja Romareda con una idea por encima del resto: comprobar sobre el terreno si el proyecto camina con el calendario en la mano y si Zaragoza mantiene el ritmo exigido para llegar a tiempo al Mundial FIFA 2030.
El recorrido ha estado acompañado por el consejero de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza, Víctor Serrano, que ha defendido que la ejecución avanza a “buen ritmo” y que se están cumpliendo los hitos previstos. Pero, más allá de los mensajes institucionales, la visita deja una lectura clara: la Nueva Romareda se juega buena parte de su credibilidad en fechas, fases y plazos.
El calendario que marca el proyecto: objetivo 2027
El proyecto de la Nueva Romareda se ha presentado desde el inicio como una obra con un objetivo temporal ambicioso: finalizar el estadio en 2027, con margen suficiente antes de 2030. De hecho, la propia UTE constructora (OHLA y Altuna y Uria, entre otras) ya destacó que su propuesta permitía recortar el plazo previsto en unas 13 semanas, situando el final de obra en junio de 2027.
En paralelo, otras informaciones apuntan a un horizonte de entrega en otoño de 2027, un margen similar en términos de “llegada a tiempo” de cara a la cita mundialista.
Esa horquilla (junio–otoño de 2027) es la que se ha convertido en referencia política y técnica: si se mantiene, Zaragoza no solo llega a 2030, sino que lo haría con margen para pruebas, ajustes y certificaciones.
Diez sectores y obra “en todos”: la clave para no desviarse
Uno de los elementos que más se repite en el relato del Ayuntamiento —y que también se ha subrayado durante la visita— es el modelo de ejecución: el estadio se está levantando con las obras divididas en diez sectores, una forma de ordenar el trabajo por partes y reducir parones.
Según comunicaciones compartidas estos días, ya se trabaja en todos esos sectores y una de las áreas más avanzadas es el Gol Sur, lo que permite visualizar progresos y, sobre todo, medir si el ritmo real coincide con el plan sobre el papel.
Este enfoque por sectores es importante por una razón práctica: en proyectos de esta escala, el gran enemigo del calendario no suele ser un solo retraso, sino la suma de pequeños cuellos de botella (suministros, coordinación de gremios, ajustes técnicos). La sectorización busca precisamente amortiguar ese efecto dominó.
¿Va bien de plazos? Lo que dicen quienes supervisan
Tras la visita, el mensaje institucional ha sido de tranquilidad: Serrano sostiene que los avances garantizan la finalización en el plazo previsto y que se están aplicando soluciones constructivas innovadoras, además de mantener el enfoque de calidad y sostenibilidad para cumplir con los estándares FIFA.
En el plano formal del proyecto, también se recuerda que la adjudicación y ejecución están estructuradas bajo la sociedad La Nueva Romareda y una UTE definida, lo que aporta un marco estable para la planificación y la ejecución.
Por qué el “factor tiempo” pesa más que nunca
En el fútbol, los estadios se miden en aforo, tecnología o comodidad. En el Mundial, además, se miden en plazos. España ya ha visto cómo algunas sedes potenciales han sufrido tensiones por calendarios ajustados, y por eso en Zaragoza el discurso se centra en transmitir una idea: “obra en marcha, cronograma claro y avance visible”.
La visita de Louzán, en ese sentido, funciona como un termómetro: no es solo una foto institucional, sino una señal de que el seguimiento se intensifica y que la gran pregunta para la ciudad es una sola: si el estadio estará listo en 2027 como se promete.
De momento, el mensaje oficial es que sí. Y el calendario, al menos sobre el papel —con ejecución por sectores y fecha objetivo en 2027—, sigue jugando a favor de Zaragoza.