Ibercaja Romareda: la reforma que empieza fuera del estadio… y la letra pequeña que lo condiciona todo
Hay proyectos que se anuncian con grandes palabras como ícono, transformación o futuro, y otros que se basan en lo que no se muestra en las maquetas. En el caso del Ibercaja Romareda -o conocido también como Nueva Romareda-, la historia que empieza a escribirse ahora no está dentro del campo, sino alrededor: en las tuberías, en los cables y en el pavimento que la gente pisará cuando el estadio sea una realidad.
El Gobierno de Zaragoza aprobará el proyecto y comenzará la licitación a principios de 2026 para las obras ordinarias del entorno de La Nueva Romareda. El presupuesto es de 3.492.125,33 euros (sin IVA) y el plazo de ejecución es de 10 meses.
La alcaldesa, Natalia Chueca, ha resumido la situación de manera directa: se trabajará en el entorno y en la reposición y desvío de servicios municipales y externos, que incluyen la red de abastecimiento de agua, el saneamiento, el alumbrado público y los pavimentos.
La pregunta que suele flotar, aunque rara vez se formula en voz alta, es sencilla: ¿por qué importa tanto esta parte? Porque es la que no se aprecia en una foto, pero decide si el área funciona. El estadio puede ser un emblema, pero la ciudad se mide en accesibilidad, en recorridos, en sombras, en seguridad nocturna y en cómo un peatón puede cruzar sin sentirse obligado a apartarse.
Una obra ordinaria que lo levanta todo
El proyecto promete cumplir con objetivos urbanos, pero tendrá efectos muy reales: mejorar la accesibilidad e integrar el espacio con la plaza de Eduardo Ibarra y el paseo de Isabel la Católica; fomentar zonas de encuentro social; crear una plataforma única en calles cercanas para calmar el tráfico; ensanchar aceras y modernizar las redes de agua y saneamiento, además del alumbrado.
Traducido al lenguaje de la obra, lo que viene es ruido, polvo y fases. El plan incluye el desmontaje y demolición de elementos existentes, la excavación de zanjas, el traslado de árboles, la pavimentación de aceras y la elevación de calzadas a cota cero.
También contempla la renovación de servicios municipales, nuevo ajardinamiento y equipamiento urbano, incluyendo bancos, nuevas lámparas y señalización. Y aquí aparece el primer punto importante que el ciudadano comprende de inmediato: se llama convivencia. Porque cuando la calzada sube a cota cero y el tráfico sigue, aunque calmado, los hábitos cambian: la prioridad del peatón, el paso del coche, el acceso a garajes y la percepción del espacio.
18.600 metros cuadrados donde se juega el partido diario
La renovación integral afectará a una superficie aproximada de 18.637,51 m² en el entorno del estadio, entre Convento Jerusalén, Luis Bermejo, la plaza Eduardo Ibarra y el paseo Isabel la Católica. También incluye parte de Juan II de Aragón, debido a la afectación de servicios y el cruce con Convento Jerusalén. En las calles de tráfico y acceso a aparcamientos, el diseño mantiene el tráfico, aunque elevado a cota cero y calmado.
Se conservará también el acceso al aparcamiento Eduardo Ibarra y al Auditorio de Zaragoza Princesa Leonor. La mayor parte de la plaza seguiría siendo para el tránsito peatonal, con un pavimento tipo adoquín prefabricado, igual al actual del paseo de Isabel la Católica, elegido por su durabilidad y facilidad de mantenimiento.
El segundo detalle que a menudo pasa desapercibido está en esa elección: materiales pensados para durar y reemplazar. No es una frase bonita; es una indicación de cómo se imagina el uso futuro: mucho paso, alta demanda y necesidad de mantenimiento rápido.
Árboles: lo que se mueve y lo que se salva
El proyecto fija otro objetivo que siempre se examina con atención: la vegetación. La idea es mantener y mejorar lo existente mediante el aumento de alcorques para mejorar la salud de las plantas. Y, si es necesario trasplantar, se hará con los árboles en mejor estado, para aumentar su viabilidad. Aquí está la tercera advertencia: trasplantar no es conservar, pero puede ser una opción si se hace con criterio y seguimiento.
La obra tiene esa intención: seleccionar los árboles con más probabilidades de sobrevivir. Es un tema que en el debate público se resume en una sola palabra: "árboles", cuando en realidad afecta el confort térmico, la imagen urbana y la calidad del espacio.
Un eje urbano que busca continuidad El diseño plantea que todo el área funcione como extensión de un eje que vertebra la ciudad: el paseo de Isabel la Católica, conectando hacia el Hospital Miguel Servet y el Parque Grande José Antonio Labordeta, así como hacia los equipamientos de La Romareda y la plaza de Eduardo Ibarra, donde se encuentra el Auditorio.
En esta conexión hay una idea clara: el entorno debe ser abierto y flexible para los peatones. Por eso, el proyecto enfatiza el cumplimiento de la Ordenanza de Supresión de Barreras Arquitectónicas y Urbanísticas, con el objetivo de crear un entorno accesible.
Lo que queda por ver
La cifra y el calendario son claros: licitación a principios de 2026, 3,49 millones sin IVA, 10 meses. Lo que queda por ver, y ahí está el interés periodístico, es cómo se organizarán las fases, cómo se combinará el tránsito peatonal con el acceso a aparcamientos y el auditorio, y cómo se minimizará el impacto en un área que no es sólo el entorno del estadio, sino un punto clave de la ciudad.
Porque el Ibercaja Estadio tendrá su gran relato. Pero antes, Zaragoza va a contar el suyo en el suelo: en las aceras más anchas, en la plataforma única, y en las zanjas que se abren para que, cuando llegue el día del estreno, nadie note lo más importante: que todo lo que no se ve funciona.




