“Me vi atrapada en mi propio cuerpo”: la historia de Mercedes tras una hemorragia cerebral
Tras una hemorragia cerebral que cambió su vida, Mercedes encontró en Fluimos algo más que un masaje: un espacio para volver a sentirse mejor en su propio cuerpo
“Me quedé paralítica con 27 años”. Mercedes Ortiz recuerda perfectamente el momento en el que su vida cambió para siempre. Tenía solo 27 años cuando sufrió una hemorragia cerebral que la dejó paralizada. A partir de entonces empezó un camino largo, lleno de esfuerzo, aprendizaje y adaptación a un cuerpo que ya no respondía como antes. Hoy tiene 68 años y sigue luchando cada día para vivir en las mejores condiciones posibles.
“He avanzado mucho, pero me quedé con la estabilidad justa. No tengo sensibilidad en la mitad del cuerpo, tengo espasticidad y movimientos rígidos”, explica. Durante décadas, la fisioterapia y el ejercicio han sido parte de su rutina para intentar recuperar movilidad. Pero hace unos meses descubrió paseando Fluimos Wellness Space, un centro especializado en un masaje tailandés ancestral que ha cambiado su cuerpo y su mente de una forma que no esperaba.
Mercedes no llegó al centro Fluimos buscando una solución concreta. Simplemente quiso probar qué sensaciones tenía y la sorpresa fue tremenda. "Estoy encantada con Fluimos porque me he dado cuenta de que salgo más activa, con mejor postura por los estiramientos y me ha mejorado la circulación y la sensación es de que me encuentro muy bien a todos los niveles”, asegura Mercedes.
Jose Capatti es el dueño de este centro que abrió en 2025 en el entorno de la Plaza de los Sitios (Calle de Mariano Escar), con la convicción de que podía traer a Zaragoza algo que no existía y que había aprendido recorriendo el mundo y viviendo en Tailandia por largos periodos de tiempo. La técnica que utiliza, el Nuad Bo Rarn es un masaje con más de 2.500 años de historia que va más allá de relajar el cuerpo, sino que a través de los puntos energéticos y técnicas de relajación logra un estado de relajación mental.
“Salgo de aquí con las pilas llenas. Y conforme pasan los días hasta que vengo otra vez, las pilas se van agotando… y vuelvo para recargarlas”, comenta Mercedes, que acude cada quince días a Fluimos para recibir un masaje que combina presión, estiramientos y movilidad pasiva del cuerpo con técnicas de relajación.
Jose, fundador de Fluimos, observa el progreso en cada sesión: “visiblemente durante el masaje veo que ha ganado mucha más flexibilidad en las piernas y la cadera. Los estiramientos hacen que su lado derecho, donde tiene más rigidez, haya ganado mucha movilidad y flexibilidad”, explica.
La vida después de una lesión cerebral no es fácil, y Mercedes tuvo que reaprender a vivir después de sufrir una hemorragia cerebral con 27 años, un proceso difícil física y emocionalmente, pero en estos últimos meses ha podido experimentar un gran cambio: “después de verte atrapada en tu cuerpo y sin poder hacer todo lo que querías, el hecho de verte mejor y poder hacer más cosas cambia mucho las cosas mentalmente”, asegura.
Y es que Jose tiene claro que el objetivo de este masaje no es puramente físico como la mayoría de la gente cree cuando piensa en un masaje tailandés, aunque esta técnica es muy diferente al masaje tailandés popular que todos conocen. “La gente piensa que esto es solo un trabajo físico, pero el beneficio más notable es mental”, explica Jose, ya que incide en que el masaje ayuda a reducir el estrés, la ansiedad y a bajar el ritmo.
Hemos asumido como normal algo que no lo es, el ritmo que llevamos hoy en día tiene a nuestro cuerpo en un estado de alarma constante y en un ritmo que no es sano para nuestro cuerpo ni para nuestra mente, pero como todo el entorno vive sumido en el mismo ritmo hemos interiorizado que esa es la productividad, cuando en realidad es un estado muy perjudicial para nuestro bienestar.
Es una parte de la condición humana que nos hace seguir el ritmo sin pararnos a pensar en el daño que nos estamos haciendo a nosotros mismos y en lo insostenible que es en realidad ese modelo de vida, en el que hasta que no pasa algo grave y tu cuerpo te obliga a frenar, no dejas de pisar el acelerador. Mercedes lo explica de una manera muy explícita: "este masaje debería hacérselo todo el mundo de todas las edades, pero vamos todos tan rápido que tienes que estar un poco “averiada” como es mi caso para darte cuenta de que lo necesitas".
Para Jose el reconocimiento de clientes como Mercedes hacen que todo el esfuerzo cobre sentido, ya que venir de otro país a una ciudad desconocida, montar un negocio de algo que no existía y además ser autónomo es un reto mayúsculo: “cuando montas un negocio siempre aparecen dudas, miedos y momentos difíciles. Pero cuando alguien te dice que se siente mejor gracias a lo que haces, eso es lo que te hace seguir adelante", dice Jose emocionado.
Jose tiene claro que su objetivo es seguir ayudando a la gente a encontrarse mejor, a estirar cuando su cuerpo lo necesita y a liberar su mente del exceso de ruido mental en el que vivimos actualmente y tiene claro su misión: “si tenemos una misión en la vida, creo que la mía es hacer que la gente salga de aquí mejor de lo que ha entrado”.