¿Tienes latas de atún en casa? Una conservera pide devolver todas a un laboratorio para medir el mercurio
El fabricante francés de atún en conserva Petit Navire ha puesto en marcha una iniciativa inusual en la industria alimentaria: invita a sus clientes a enviarle las latas compradas para que sean analizadas en un laboratorio independiente y comprobar si el contenido de mercurio cumple con los límites legales establecidos por las autoridades sanitarias.
La empresa, que comercializa sus productos en supermercados especializados en España y a través de Internet, describe la medida como una de "las mayores operaciones de rehabilitación de imagen emprendidas por la industria alimentaria". El mensaje que lanza a sus consumidores es directo: "Confía en la ciencia".
La decisión llega en un contexto de creciente preocupación pública sobre la presencia de mercurio en el atún en conserva, un debate que se intensificó en octubre de 2024 cuando las ONG Bloom y Foodwatch denunciaron lo que calificaron como una "contaminación generalizada del atún con mercurio". La controversia generó titulares en toda Europa y provocó incertidumbre entre los consumidores habituales de este producto, uno de los más consumidos en España.
El mecanismo que ha puesto en marcha Petit Navire es sencillo: el cliente que quiera comprobar el nivel de mercurio en las latas que ha comprado puede enviárselas a la empresa, que se encargará de remitirlas al laboratorio independiente Labexia, situado en Quimper, en la región bretona de Finisterre. Allí se realizará el análisis correspondiente para determinar si el producto cumple con el límite reglamentario fijado por las autoridades sanitarias europeas: un máximo de 1 miligramo de mercurio por kilo de producto.
La elección de un laboratorio independiente, ajeno a la empresa, es uno de los elementos que Petit Navire ha querido subrayar para reforzar la credibilidad de la iniciativa. El análisis no lo hace la propia marca, sino un tercero sin vinculación comercial con ella, lo que en teoría garantiza la objetividad de los resultados.
Por qué el atún acumula mercurio
El debate sobre el mercurio en el atún no es nuevo ni tiene una respuesta sencilla. El atún es un depredador que ocupa la parte alta de la cadena alimentaria marina: se alimenta de peces más pequeños, que a su vez han consumido otros organismos. Ese proceso de acumulación progresiva, conocido como biomagnificación, hace que los metales pesados presentes en el agua y en los organismos inferiores de la cadena se concentren en cantidades cada vez mayores en los tejidos de los grandes depredadores. El atún, por su tamaño y por su posición en la cadena, es especialmente susceptible a acumular mercurio.
La Organización Mundial de la Salud considera el mercurio como una de las sustancias que más preocupan desde el punto de vista de la salud pública. Sin embargo, los expertos insisten en que el riesgo no depende solo de que haya mercurio, sino de la cantidad consumida. Un adulto sano que come atún en conserva de forma moderada —unas pocas veces a la semana— se mantiene, en general, por debajo de los umbrales de riesgo. El problema puede aparecer en consumidores habituales de grandes cantidades, en embarazadas o en niños pequeños, para quienes las recomendaciones sanitarias son más restrictivas.
La controversia de 2024 y sus matices
La denuncia de Bloom y Foodwatch en octubre de 2024 fue el detonante que relanzó el debate público sobre el mercurio en el atún. Las dos organizaciones afirmaron que los niveles de contaminación eran generalizados en el sector y que representaban un riesgo real para los consumidores.
Sin embargo, algunas voces científicas y del sector señalaron que las conclusiones del informe podían resultar exageradas, ya que los análisis utilizaban umbrales distintos de los que se aplican específicamente al atún en la normativa europea. La diferencia entre los límites generales y los específicos para este producto es relevante: el atún tiene umbrales regulatorios propios, más elevados que los de otros alimentos, precisamente porque su posición en la cadena alimentaria hace inevitable cierta acumulación de mercurio.
En ese contexto, la iniciativa de Petit Navire busca cortocircuitar la incertidumbre con datos concretos. Si los análisis confirman que sus productos están dentro de los límites legales, la marca habrá conseguido algo valioso: recuperar la confianza de consumidores que, ante la duda, podrían haber optado por otras proteínas. Y si alguna muestra arrojara resultados por encima del umbral permitido, la empresa habría demostrado que prefiere saberlo —y actuar en consecuencia— antes que mirar para otro lado.