¿Es normal que ya no sienta lo mismo por mi pareja? Una psicóloga lo explica
La psicóloga zaragozana Laura Berdún explica por qué la pérdida de intensidad no significa que el amor se haya acabado
Vivimos en una época en la que lo que no es intenso aburre, que lo que cuesta se aparta a un lado y se busca otra alternativa y que los estímulos son tan fuertes y constantes a nuestro alrededor que parece que solo tiene sentido lo que nos hace reaccionar con esa intensidad. Pero cuando se trata de relaciones y se busca algo a largo plazo, la intensidad eterna es insostenible, pero eso no quiere decir que una relación haya perdido el sentido o no merezca la pena.
“Desde nuestra cultura occidental, se refuerza la idea de que el amor debe sentirse de forma intensa. Sin embargo, esta no es la realidad de la mayoría de las parejas que llevan muchos años juntos”, explica la psicóloga zaragozana Laura Berdún. En consulta, asegura, una de las preguntas más frecuentes cuando se trata de parejas suele ser: “¿Es normal que ya no me sienta igual o algo no funciona?”.
La profesional subraya que, desde el punto de vista psicológico, conviene diferenciar conceptos que a menudo se confunden. “Desde la psicología sabemos que enamoramiento y amor son fenómenos diferentes”, afirma. El primero, detalla, responde a una fase inicial caracterizada por una fuerte activación neuroquímica: “El enamoramiento suele ser la primera etapa que viven las relaciones y está marcada por una fuerte activación neuroquímica que se manifiesta a través de la idealización, el deseo intenso y la atención focalizada en el otro”. No obstante, advierte que “esta activación no está programada para durar indefinidamente”.
Con el paso del tiempo, el vínculo se transforma. “Con el tiempo, las relaciones evolucionan hacia vínculos más estables basados en la seguridad, la confianza y el compromiso”, sostiene. En este sentido, hace referencia a la evidencia científica disponible: “Las investigaciones longitudinales sobre satisfacción marital muestran que, aunque la pasión tiende a descender en los primeros años, la estabilidad emocional y el apoyo mutuo son los factores que mejor predicen la duración y calidad de las relaciones a largo plazo”.
El conflicto, apunta, surge cuando esa transición natural se interpreta de forma negativa. “El problema es que muchas parejas interpretan la disminución de la intensidad como señal de que ‘algo va mal’”, señala. A este fenómeno se suma otro ampliamente estudiado: “Nos encontramos también con la adaptación hedónica. Nos acostumbramos a lo que ya tenemos y lo que antes resultaba extraordinario pasa a ser cotidiano y pierde valor”. Y añade una reflexión clave: “Paradójicamente, aquello que aporta mayor estabilidad emocional es lo que más fácilmente invisibilizamos”.
Ahora bien, la experta recalca que esta evolución no implica resignación. “Esto no significa que el deseo y la conexión no puedan reactivarse”, afirma. De hecho, propone estrategias concretas: “Pueden reactivarse a través de pequeños gestos como introducir actividades nuevas compartidas o cambios en la rutina, romper dinámicas automáticas o practicar la gratitud consciente en el día a día”.
Para Laura Berdún la clave está en comprender que “el gesto más romántico sea comprender que el amor sano no siempre es intenso, pero sí puede ser profundo, elegido y cultivado de forma consciente”. Y concluye con una idea que resume su enfoque terapéutico: “A veces, cuidar el vínculo no implica grandes gestos, sino aprender a valorar y proteger lo que ya está presente”.
Laura Berdún es Psicóloga General Sanitaria y Orientadora Educativa, especializada en intervención con parejas y en trastornos emocionales y de conducta, con experiencia en psicología infantojuvenil y trabajo en autoestima.
