"La máquina me engullía y solo pensaba en mi hija de 10 meses": el torero Alberto Álvarez habla tras caer en una trituradora

El torero zaragozano Alberto Álvarez concede su primera entrevista tras salir de la UCI del Hospital Miguel Servet nueve días después de caer en la trituradora de pienso de su finca en Ejea de los Caballeros.
El torero Alberto Álvarez, en Antena 3 / A3
El torero Alberto Álvarez, en Antena 3 / A3

El 2 de mayo estaba lloviendo en su finca ganadera de Ejea de los Caballeros. Alberto Álvarez, torero zaragozano de 45 años retirado el pasado octubre, resbaló y cayó en la trituradora de pienso.

En segundos la máquina empezó a cortarle las piernas. Perdió 10 litros de sangre. Llegó en helicóptero al Hospital Miguel Servet de Zaragoza desangrándose.

Los médicos lucharon durante una operación larguísima para no amputarle las extremidades. Y nueve días después, desde la planta del hospital donde continúa su recuperación, Alberto Álvarez ha concedido su primera entrevista.

"Cuando veo esas imágenes, en mi cabeza, de cómo yo estaba intentando subir para arriba y a la vez la máquina me engullía un poquito para abajo, las piernas cortadas... Es una imagen que es muy difícil de digerir porque ves la muerte muy cerca", relató en el programa Y ahora Sonsoles de Antena 3.

Cómo ocurrió: la rutina y el resbalón

Alberto Álvarez lo describió con una sencillez que hace aún más estremecedor el relato. "Lo que pasa, la rutina, el accidente. Estaba lloviendo, me resbalé y caí y al caer, claro, eso va muy rápido y enseguida me empezó a cortar las piernas. Yo veía para abajo y veía mis piernas que estaban de un lado para otro, cortándose constantemente."

En ese momento, con las piernas entre las cuchillas de la trituradora y la máquina tirando hacia abajo, Alberto pensó en una sola cosa: "Solo me acordaba de mi hija. Yo tengo una niña de 10 meses y quería tirar para delante como fuera." Con los brazos intentó impulsarse hacia arriba mientras la máquina seguía engulléndole. Y lo consiguió.

"Una vez que conseguí llegar hasta la parte alta de la máquina, pues claro, tenía que bajar y me tiré un poco rebotando por ahí. Ya me di cuenta que el teléfono lo llevaba en el bolsillo, llamé a Verónica", su pareja, que avisó a los servicios de emergencia. Alberto permaneció consciente en todo momento. "Eso me mantuvo en todo momento muy muy despierto, fui consciente de todo."

10 litros de sangre y una anestesia que no funcionaba

El traslado en helicóptero al Hospital Miguel Servet fue una carrera contra el tiempo. Alberto llegó desangrándose con múltiples heridas de gravedad por todo el cuerpo y especialmente en las piernas. Durante la operación los médicos tuvieron que administrarle hasta 10 litros de sangre para compensar la hemorragia.

Pero hubo algo más que sorprendió al equipo médico: Alberto no quería perder la consciencia. "Yo no quería cerrar los ojos por nada del mundo." Tanto fue así que la anestesia tardó en hacer efecto. "Mi hermano me dijo: '¿Sabes lo que me preguntan los médicos? Que si te drogabas'. Digo, ¿yo? 'Pues si no he fumado en mi vida'. Y dice: 'Es que no había manera de anestesiarte'."

Las secuelas: una pierna sin movilidad y la batalla psicológica

Los médicos lograron evitar la amputación. Pero las cuchillas habían destrozado músculos y nervios de ambas piernas. "La pierna izquierda puedo moverla más o menos con normalidad, la derecha nada", explicó.

Pero Alberto lo asumió con una serenidad que dejó sin palabras a la presentadora Sonsoles Ónega: "Si puedo andar con una pierna, andaré con una. Si ya tengo la otra, pues mejor, y si no, me inventaré algo para andar. Y si no, a caballo, lo que sea."

Lo más duro no está siendo físico sino psicológico. "Cada vez que me acordaba del momento era inevitable llorar. Igual necesito un psicólogo. Pero ahora ya no tanto." Y reconoció que toda su familia está procesando el impacto de lo ocurrido: "Ver a un padre que se le va un hijo, ver a mi hermana, ver a mi mujer que llegó en helicóptero y no sabía prácticamente nada, la gravedad... Todos, cada uno en nuestra parte, tenemos que ir echando un poco todo esto."

"Ser torero me salvó la vida"

Alberto Álvarez tiene claro por qué salió vivo de la trituradora. "Estoy convencidísimo de que eso a mí me ha ayudado a tirar para adelante porque luego me han ido contando compañeros casos parecidos y desgraciadamente no ha salido nadie vivo de ahí." Ese "eso" es el espíritu del torero: el sacrificio, la lucha, la superación que se graba "a fuego" desde pequeño en quien elige esa profesión.

"Si luego eso lo traspasas a la vida, al día a día, te ayuda mucho. Yo estoy muy agradecido a eso también", señaló. Una lección de coraje que trasciende la tauromaquia y que cualquier persona puede reconocer: la fuerza mental que se construye enfrentando el miedo puede salvar una vida.

Su hija Macarena: el motor de todo

Detrás de cada momento del relato de Alberto Álvarez hay una misma figura: Macarena, su hija de 10 meses, fruto de su relación con Verónica, su pareja y prometida.

"Cuando tuve a mi niña, que la tuve ya era un poquito mayor, ya con 45 años, sentí mucho miedo, lo que nunca había sentido, nunca, por morirme, por no dejarla sola. Y cuando de repente me pasa esto, dije: 'Yo que le había prometido que nunca la dejaría sola y ahora de repente'... Qué cerquita he estado."

Hoy Alberto está vivo. Con las piernas dañadas, con una batalla psicológica por delante y con un proceso de recuperación que será largo. Pero vivo. "Me vino a ver un día mi chiquilla y de verdad que estoy súper feliz. Siento que como que todo lo que tengo es de regalo ya."

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