El juez sostiene que la pareja de la madre maltrató y violó brutalmente a Lucas hasta causarle la muerte
La madrugada del 3 de diciembre dejó una herida profunda en Garrucha. El cuerpo sin vida de Lucas, un niño de apenas cuatro años, fue hallado entre las rocas de la playa, en un punto próximo al antiguo cargadero de mineral que separa el municipio de Mojácar. El aviso lo dio su tía materna, alertada por un mensaje inquietante: la madre del pequeño le había comunicado que había dejado al menor en una caseta cercana al mar. Horas después, la noticia de su muerte estremecía al municipio y a todo el país.
La movilización policial fue inmediata. Guardia Civil, Protección Civil y Policía Local rastrearon la zona hasta localizar el cuerpo del niño. A partir de ese momento, la investigación se centró de forma directa en la madre y en su pareja sentimental, un hombre que convivía en la vivienda familiar pese a tener en vigor una orden de alejamiento respecto a ella. Ambos fueron detenidos al día siguiente y posteriormente enviados a prisión provisional sin fianza por el Juzgado de Vera.
La brutal agresión que acabó con la vida de Lucas
La instrucción judicial reconstruye lo ocurrido esa mañana. Según el auto, la madre salió de casa para acudir al kiosco donde trabaja, dejando al pequeño bajo la supervisión de su pareja. Fue durante ese intervalo cuando el investigado habría agredido “de forma reiterada” al niño en el abdomen y otras partes del cuerpo, además de perpetrar abusos sexuales.
El menor sufrió un derrame intestinal irreversible. La autopsia preliminar fija la hora de la muerte en torno a las 15:30 y apunta a un shock hipovolémico, desgarro hepático y politraumatismos abdominales compatibles con una agresión homicida.
Hacia el mediodía, el hombre avisó a la madre de que “el niño se encontraba mal”. La investigación sugiere que ella pudo presenciar parte de las agresiones sin intervenir para detenerlas ni asistir a su hijo.
El traslado del cuerpo y la ocultación del crimen
Tras fallecer Lucas, ambos imputados trasladaron el cadáver hasta un antiguo búnker de la playa. Según el juez, la madre acompañó a su pareja mientras este cargaba el cuerpo, en un intento por deshacerse de él antes de alertar a los familiares. Fue ese mensaje enviado a su hermana lo que activó finalmente la cadena de avisos que permitió localizar al menor.
Un entorno marcado por el maltrato
El auto judicial describe un historial previo de violencia. Testimonios de familiares, así como información de procedimientos anteriores, indican que la madre era conocedora del maltrato habitual que su pareja infligía al pequeño, especialmente cuando quedaban solos en casa.
El abogado del abuelo materno, José Luis Martín, denunció fallos graves en los mecanismos de protección infantil. Según su declaración, Lucas acudía al colegio con hematomas, lesiones e incluso fracturas, sin que se activara el protocolo de sospecha de maltrato. La causa apunta también a que el investigado ya tenía antecedentes por violencia contra el menor.
Prisión sin fianza ante la gravedad del caso
La jueza instructora decretó prisión provisional para ambos imputados por el riesgo evidente de fuga, destrucción de pruebas y falta de arraigo. La resolución subraya, además, que se enfrentan a penas muy elevadas por delitos de extrema gravedad.
La muerte de Lucas no solo deja un rastro de dolor, sino también una pregunta que resuena en Garrucha y más allá: ¿cómo pudo fallar todo un sistema de protección ante señales tan evidentes? La investigación continúa, pero las respuestas llegarán tarde para un niño que no pudo ser protegido a tiempo.


