Los crímenes de 2025 que nadie sabe resolverlos: ¿quién mató a Sonia Dzouz o Arturo Torró?
El año que termina deja una serie de asesinatos que, pese a la intensa labor policial y a su enorme impacto mediático, siguen rodeados de incógnitas. Son sucesos sin conexión entre sí, ocurridos en distintos puntos de España, pero que tienen en común la ausencia de respuestas para las familias y para la opinión pública.
Uno de los primeros casos que sacudió 2025 fue el hallazgo, el 24 de enero, del cadáver de Álvaro Pérez Ortega, un joven de 20 años de Ciudad Rodrigo (Salamanca). Su cuerpo apareció oculto bajo unas alpacas de paja en una finca del término municipal. Horas antes había salido de casa con el pretexto de buscar una lona para la peña, pese a que ya disponían de una. La autopsia descartó pronto un accidente al confirmar la existencia de heridas de arma blanca en el cuello. Desde entonces, la investigación trata de aclarar con quién se encontró Álvaro, dónde se produjo el ataque y por qué su cuerpo fue escondido. La conmoción en el municipio fue inmediata, especialmente en el entorno deportivo, ya que el joven estaba muy vinculado al fútbol sala local.
Apenas un mes después, el 19 de febrero, otro crimen conmocionó a la Comunitat Valenciana. El exalcalde de Gandía Arturo Torró fue asesinado a tiros y su cuerpo apareció a varios metros de su vehículo, un Mercedes que aún tenía el motor encendido, en la autovía A-38 a la altura de Xeresa. Fue su esposa quien dio la voz de alarma al no poder contactar con él. La Guardia Civil asumió el caso y, desde entonces, mantiene una notable discreción. La principal línea de investigación apunta a las importantes deudas que arrastraba Torró, cuya situación económica era descrita como muy delicada. El exregidor había sido condenado por malversación y, según se ha conocido, atravesaba negocios fallidos y conflictos financieros. El arma utilizada fue una pistola de pequeño calibre, poco habitual, lo que añade más elementos de complejidad al caso.
El tercer gran crimen sin resolver de 2025 tuvo lugar el 21 de mayo en Pozuelo de Alarcón (Madrid). Andréi Portnov, exasesor del expresidente ucraniano Víktor Yanukóvich, fue tiroteado por la espalda cuando regresaba a su coche tras dejar a sus hijas en un colegio elitista. El atacante, apoyado por dos cómplices, huyó hacia la zona de la Casa de Campo, donde se le perdió la pista pese al amplio dispositivo policial desplegado. En el lugar se recogieron nueve casquillos, lo que indica que el agresor se aseguró de acabar con la vida de su objetivo. La víctima había mantenido reuniones recientes en Ucrania y conservaba influencia en el ámbito judicial de su país, lo que ha abierto el debate sobre un posible móvil político, aunque hasta ahora no se han producido detenciones.
Estos casos se enmarcan en un contexto de violencia que, según los últimos datos del Ministerio del Interior disponibles hasta el 30 de septiembre, mantiene cifras similares a las del año anterior: 273 homicidios y asesinatos consumados, los mismos que en ese periodo de 2024. Sin embargo, las tentativas han aumentado ligeramente, pasando de 1.057 a 1.070.
INVESTIGACIONES ANTIGUAS
Junto a estos crímenes aún sin esclarecer, 2025 también ha dejado avances relevantes en investigaciones antiguas. La Guardia Civil logró identificar, gracias a nuevas técnicas de ADN, a una mujer asesinada en 1991 y enterrada en cal viva, conocida como el “crimen de Reyes”. El cotejo genético permitió poner nombre a la víctima más de dos décadas después, cerrando una larga etapa de incertidumbre para su familia.
Otros sucesos sí han encontrado resolución, como el asesinato de la turista francesa Sonia Dzouz, apuñalada en su autocaravana en Alcossebre en 2024. La detención del autor en Francia, tras la denuncia de su desaparición por parte de un familiar, permitió esclarecer un crimen especialmente violento que había quedado sin explicación durante meses.
El balance final de 2025 dibuja un mapa de violencia dispersa, con ajustes de cuentas, asesinatos por motivos aún desconocidos y viejos crímenes que, por fin, encuentran respuesta. Pero también deja preguntas abiertas en casos tan mediáticos como los de Álvaro Pérez, Arturo Torró o Andréi Portnov, que siguen esperando una resolución definitiva.


