La DANA en Valencia: la cifra que nadie se atreve a dar y los ángeles de la guarda de la zona cero
José Carlos desapareció hace cinco días cuando iba en su coche por la carretera que une Torrente y Aldaia. Luciano tiene 58 años y fue visto por última vez en la Avenida Rambleta, en Catarroja. Eva es una chica rubia de ojos azules que dejó de dar señales de vida el pasado 29 de octubre, la tarde de la tragedia. Estaba en el polígono de la Reva, en la Avenida dels Hostalers en Valencia.
Francisco, Juan Vicente, Bienvenida, Sergio, y podríamos continuar con más y más nombres de personas desaparecidas la fatídica tarde del pasado miércoles en las localidades más afectadas por la DANA. En su coche en alguna carretera, saliendo de algún centro comercial, en algunos casos hasta familias enteras.
Amigas o familiares que salen en la misma fotografía del cartel de la Asociación Sos Desaparecidos. Es el caso de Elvira y Elisabeth. O Janine, una joven de 28 años que cuando desapareció estaba embarazada de siete meses.
La cifra de fallecidos ya supera desde hace 48 horas los 200 pero ahora lo que más preocupa es la de los desaparecidos. han pasado cinco días casi desde que el agua lo arrastrase todo a su paso y hay muchas personas de las que nada se sabe desde entonces.
Es la cifra de la que nadie quiere hablar. Cientos, miles, algunos en redes sociales hablan de hasta dos mil desaparecidos. Hablamos de poblaciones como Paiporta, grandes ciudades dormitorio, con más de 25.000 habitantes. Una zona afectada con población muy elevada en las afueras de la capital valenciana. Por eso la cifra de dos mil, dicen personas que participan en la búsqueda en las zonas más afectadas, podría cuadrar.
"Yo creo que la cifra de dos mil desparecidos podría quedarse incluso corta", cuenta Daniel, un subinspector de la Policía Nacional de Valencia que se convirtió, sin esperarlo, el un héroe sin capa aquella tarde de miércoles, donde solo chispeaba, hacía hasta calor, había, según describe, una sequedad rara y una sensación demasiado extraña.
Un ángel de la guarda que llevaba desde la pasada pandemia viviendo en un segundo piso de un bloque de viviendas de la localidad de Benetúser, muy cerca de Paiporta y donde viven cerca de 14.000 personas. "Uno de mis hijos bromeaba con la lengua de agua que veíamos venir y que ya se estaba llevando contenedores y algunos coches y le dije, escucha, esto no es una broma".
"A un chico lo engulló el agua en un garaje"
Para Daniel aquello era dantesco; algo, insiste, que no se puede contar con palabras, como lo que siguen viviendo días después. "Hay gente que lo ha perdido todo; algunos no tienen ni calzoncillos, de hecho, mi hijo ha llevado a un amigo varios que no tenía", explica.
Daniel vio a una vecina, Amparo, que tiene un comercio bajo su casa, salir pidiendo auxilio agarrada a lo que podía. "Bajé y el agua ya me arrastraba; notaba como algo me pegaba en la pierna. Al final la conseguimos poner a salvo", recuerda. Mientras salvaba a gente veía como otros no tenían ninguna oportunidad. "Aquel chico que iba en un coche arrastrado por la corriente... Salió del vehículo pero otro coche rompió la puerta de un garaje y el agua entró y le engulló", se lamenta.
Después bajó del segundo a casa de sus vecinos con uno de sus hijos y saltó a la vivienda de la Mari, como la llaman en el vecindario. "No sabía como ayudarla hasta que se me ocurrió atar cuerdas y sábanas. Se las enrollé en un brazo y en el cuello y ahí estuve más de tres horas manteniéndola como pude, completamente empapados ambos", relata este subinspector de Policía Nacional.
Daniel solo tiene palabras de agradecimiento hacia todos los que llegan a Valencia, algunos de ellos aragoneses, a ayudar a las familias que se han quedado sin nada, a limpiar las calles, a dar todo lo que tienen tras el desastre. "Hemos visto vecinos morir en una situación que nos pasó y que ni los más viejos del lugar habían visto en sus vidas. Aquí todavía queda mucho por hacer", se sincera.

