Se presenta en la Jefatura Superior de Policía en Zaragoza ensangrentado y con una puñalada en el hombro
Era media tarde cuando un hombre rompía la calma en una tórrida tarde bajo la segunda ola de calor del verano en Zaragoza gritando y alertando que otro hombre que caminaba tranquilamente justo delante de él le acababa de apuñalar tras una discusión.
La presunta víctima se encontraba en el Paseo María Agustín, a la altura de la Jefatura Superior de Policía Nacional de Zaragoza, y sus gritos alertaron a los agentes que se encontraban haciendo la habitual vigilancia en la puerta de las instalaciones policiales.
"¡Me ha apuñalado. Ha robado un 'móvil' y se lo he recriminado y entonces me ha clavado un cuchillo!¡Mirad como estoy sangrando, mirad la sangre que tengo!", repetía una y otra vez la presunta víctima, que ya había entrado por su propio pie en Jefatura.
Tras ver la sangre y la marca de lo que parecía una agresión con algún tipo de arma blanca, los dos agentes de servicio de la puerta le preguntaron si conocía a su agresor. "¡Es mi compañero de piso!¡Está fuera, tranquilo, sentado fuera comiendo!", decía alterada la presunta víctima de este delito de lesiones.
Rápidamente, los policías avisaron a varias patrullas ante la posibilidad de que el presunto agresor estuviese fuera alterado y salieron con guantes anticorte y defensas preparadas por si acaso mientras la víctima se quedaba en el interior del recinto ya que explicaba que empezaba a marearse un poco y se encontraba mal.
Al salir, los agentes se encontraron a un hombre sentado comiéndose unos sándwiches como si nada fuese con él. Al preguntarle los policías que había pasado y si había apuñalado a alguien, él dijo que había discutido con un compañero, simplemente eso.
Al llegar más patrullas de Policía Nacional, rodeaban al presunto agresor por si había que actuar y le invitaban a ponerse de espaldas contra la pared con los brazos estirados y las palmas de las manos abiertas.
Una agente le pedía la mochila que llevaba en ese momento y éste se la entregaba. Al volcarla para ver que había en su interior se encontraron un cuchillo no muy afilado y destinado más bien a comer o pelar fruta y alguna que otra sorpresa.
Un enorme consolador y el silencio por respuesta
La agente de Policía Nacional se encontraba con un enorme consolador que llevaba en sus extremos unos arneses negros. La policía estudia ahora si el supuesto ataque podría tener que ver con algún tipo de violencia pasional, si son pareja o, como dice la víctima, compañeros de piso que habían discutido.
Los agentes detenían al presunto agresor por un delito de lesiones a la espera de la denuncia de la presunta victima, que era atendida por los sanitarios que llegaban al lugar a los pocos minutos en la misma sala de espera de la Jefatura Superior de Policía Nacional en la capital aragonesa.
No es la primera vez que los agentes se encuentran con algún suceso a las puertas de uno de sus lugares de trabajo. Hace unos meses, las cámaras de seguridad de estas mismas dependencias policiales grababan a un hombre sentado en unas escaleras contando el botín de un robo violento que acababa de cometer.

