La sentencia a un joven por agredir sexualmente a un menor en un pueblo zaragozano de 700 habitantes

Los hechos tuvieron lugar durante el verano de 2022 en Sabiñán cuando el presunto provocador sexual era todavía menor de edad y su víctima tenía nueva años.
Imagen de archivo de dos agentes de la Guardia Civil de Seguridad Ciudadana.
Imagen de archivo de dos agentes de la Guardia Civil de Seguridad Ciudadana

El juez del juzgado de Menores número uno de Zaragoza dictó la sentencia por agresión sexual el pasado ocho de julio pero en el pueblo zaragozano donde sucedieron los hechos muchos seguían pensando que no se había producido ninguna condena.

La historia de P.G., un joven acogido en adopción por una familia de esta localidad de la comarca de Calatayud, se empañó tras la denuncia de uno de los chicos con los que supuestamente jugaba. "Era un joven muy agradable, que siempre traía a los chicos a casa a la hora que se le indicaba. Nunca nadie llegó a pensar lo que estaba haciendo con ellos", explica una fuente consultada por HOY ARAGÓN sobre el condenado.

El caso es que hay a quien le resultaba extraño que un joven de 17 años saliese con chicos de ocho o nueve. "¿Tu tenías amigos de casi 18 cuando no habías cumplido ni los diez?", replica esta fuente. Podría darse el caso pero a muchos les resultaba llamativo. A pesar de eso, la disciplina y el buen hacer del condenado hizo que esas sospechas se disiparan.

El denunciante no veía normal lo que le pasaba y, a pesar de llevar un tiempo ocultando los hechos, al final acabó diciéndoselo a sus padres y, posteriormente, a los psicólogos que lo atendieron. "Pensó que se iba a morir por las cosas que le pedía y le entró miedo", explican a este diario digital.

P.G. no solo "cuidaba" de este menor sino que acudía a visitar y trababa también muy bien, según se veía desde fuera, a otros niños del pueblo. Todo sucedió durante el verano de 2022. Tras destaparse el caso, los investigadores descubrieron que este chico de entonces 17 años había estado mostrando a los chicos videos pornográficos en la ermita de San Roque.

Después, presuntamente, había propuesto a los niños sacarse fotos de los genitales y hacer "esas cosas" que salían en los vídeos. Les decía que "solo chupar, no meter", y fue tal la influencia que ejercía sobre un chico en concreto que acabó consiguiendo, según los hechos probados por la Guardia Civil y la información judicial del caso, que se hicieran varias felaciones mutuas. 

El condenado le decía, tras consumar los hechos, que si contaba algo nadie le iba a creer y que se iba a quedar solo, sin amigos. Fue meses después cuando todo esto salió a la luz. Al principio, el temor de los padres a sufrir un rechazo en el pueblo y las consecuencias para su propio hijo, les hicieron desistir de presentar una denuncia.

El menor estuvo bajo tratamiento y mejoró, pero al regresar al pueblo y ver de nuevo a su presunto agresor y regresaron los fantasmas. Además, estaba tratando de aislarlo del resto de sus amigos, que han empezado a hacerle el vacío y ya no quieren jugar con él.

Los padres, ante el sufrimiento que padecía su hijo, acabaron por denunciar los hechos ante la Guardia Civil. Los profesionales que atendieron al pequeño explicaron en un informe que estos hechos no eran inventados y consideraban que el menor podría correr algún tipo de riesgo, por lo que propusieron la posibilidad de adoptar medidas de protección, como el alejamiento del presunto agresor de la víctima para preservar su integridad y salud mental.

CINCO AÑOS DE ALEJAMIENTO POR DELITO CONTINUADO DE AGRESIÓN SEXUAL

Tras meses de angustia, una jueza dictó ya la sentencia que la familia estaba esperando, ya que el autor lo negaba todo y en el pueblo parecía, según los implicados, que no se había producido ninguna condena por estos hechos.

P.G. fue condenado a un año y seis meses de internamiento en régimen cerrado y tres años de libertad vigilada con asistencia educativa y con la obligación de asistir a programas formativos de educación sexual.

Además, tiene prohibido acercarse a la víctima durante los próximos cinco años a una distancia inferior a 100 metros y a comunicarse con él de cualquiera manera. El magistrado también le condenó, a tenor de los hechos, a un años de prohibición de acercase a los menores a una distancia de 100 metros. P.G. fue condenado asimismo a pagar 8.000 euros al niño al que presuntamente agredió por los daños morales causados.

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