Crean un robot albañil que construirá bases lunares con materiales del propio satélite

El prototipo está diseñado para imprimir en 3D las estructuras sobre la superficie lunar sin necesidad de enviar materiales desde la Tierra
Este robot ya va camino de la Luna
Este robot ya va camino de la Luna

Un robot autónomo capaz de levantar estructuras sobre el suelo lunar acaba de hacerse público. Funciona con impresión 3D y, en vez de transportar materiales desde la Tierra, utiliza el propio regolito —el polvo gris que cubre la superficie del satélite— como materia prima. Construir la base con el material que ya está ahí.

La razón es contable. Enviar un kilo de carga a la órbita lunar cuesta una millonada, y la cifra crece sin freno cuando hablamos de las toneladas de material que necesitaría una base permanente. Por eso lleva años circulando entre ingenieros la idea de fabricar in situ. Si no puedes traerlo, fabrícalo allí.

El robot lo ha presentado China, bajo el nombre Chang'e 8. La noticia se suma a una serie de avances chinos en el espacio que ya es larga. Las sondas Chang’e han traído muestras del lado oculto del satélite a laboratorios terrestres. La estación Tiangong, operativa desde hace años, mantiene tripulación rotatoria propia. Y el proyecto ILRS —base científica permanente prevista en colaboración con Rusia— ya tiene su primera fase encima de la mesa. Este robot albañil encaja en esa hoja de ruta.

Mientras Occidente debate, Pekín construye

El contraste con el bloque occidental es uno de los argumentos que más se subrayan desde Pekín. Mientras en Estados Unidos y Europa el debate sobre la inteligencia artificial sigue atascado en comparecencias parlamentarias y borradores regulatorios, el programa espacial chino aplica esos mismos algoritmos al hardware.

Conviene no caer en la simplificación de que la NASA está parada. La agencia estadounidense investiga la impresión 3D con regolito dentro del programa Artemis, y compañías como ICON —contratista habitual del Departamento de Defensa— llevan tiempo trabajando en estructuras lunares impresas. Pero entre tener un prototipo listo para enviar y tener maquetas de laboratorio hay una distancia considerable. Y los plazos del regreso humano estadounidense a la Luna no paran de acumular retrasos.

Humanoides también en la ecuación

La presentación no se quedó en el albañil autónomo. China va a desplegar también robots humanoides que complementen al sistema de impresión 3D, encargados de tareas más finas que un brazo industrial fijo no resuelve bien, como la inspección o las reparaciones. La idea está clara: cuando un astronauta chino pise por fin la Luna, ya debería encontrar la base montada.

Lo que falta por confirmar

Quedan agujeros importantes en lo que se ha hecho público. Pekín no ha aclarado cuánto pesa el equipo, qué fuente de energía utilizará en superficie lunar ni cuándo planea enviarlo. Tampoco ha trascendido el fabricante concreto. Pero la próxima Luna no se va a construir trayéndolo todo desde aquí abajo. Y, mientras en Occidente se sigue dando vueltas a cómo regular la inteligencia artificial, China ya tiene en escena al obrero que tendría que levantar esa base.

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