Las declaraciones sobre la Iglesia del actor Jordi Mollà: "Eso es lo más grande que me ha pasado en la vida"
El actor español Jordi Mollá, conocido por su trayectoria tanto en el cine internacional como en el mundo del arte, ha vuelto a pronunciarse públicamente sobre uno de los aspectos más personales de su vida: su fe. En varias entrevistas recientes, el intérprete barcelonés ha reflexionado sobre la influencia que la religión ha tenido en su trayectoria vital, un tema que, según explica, ha marcado profundamente su forma de entender el mundo y su propia carrera artística.
Mollá, nacido el 1 de julio de 1968 en Barcelona, es considerado uno de los actores españoles con mayor presencia en producciones internacionales. A lo largo de su carrera ha participado en películas como Riddick (2013), Dos policías rebeldes II (2003) o Criminal (2016), lo que le ha permitido trabajar en Hollywood y consolidar una proyección más allá de la industria cinematográfica española. Sin embargo, el cine no ha sido su única vía de expresión creativa.
Paralelamente a su trabajo como actor, el artista lleva casi tres décadas dedicado también a la pintura. Según ha explicado, comenzó a pintar hace 27 años y desde entonces ha realizado más de 200 exposiciones. Para Mollá, esta disciplina artística no es solo una actividad complementaria, sino una forma íntima de expresión. En una entrevista concedida a La Vanguardia, el actor definía la pintura como un espacio personal de diálogo interior, una práctica que no requiere público ni compañía y que le ha acompañado durante años.
Su relación con el arte comenzó muy pronto, especialmente con el cine. El propio intérprete ha recordado una anécdota de su infancia que refleja hasta qué punto la gran pantalla le fascinaba. Tras ver la película La espía que me amó, su madre se percató de que tenía un ojo rojo y decidió llevarlo a urgencias. Allí, el médico preguntó qué había hecho el niño durante las horas anteriores. La respuesta fue simple: ir al cine. El especialista concluyó que el pequeño había pasado toda la película sin pestañear, lo que le había provocado la rotura de varios vasos sanguíneos en el ojo. "Eso era el cine para mí", recordó el actor al rememorar aquel episodio.
Con el paso de los años, el cine lo llevó a trabajar en distintos países, especialmente en Estados Unidos. Durante un tiempo vivió el ritmo intenso de la industria de Hollywood y alcanzó un notable reconocimiento internacional. Sin embargo, decidió tomar distancia de ese estilo de vida. Según ha explicado, no quería continuar con una dinámica que implicaba viajar constantemente y despertarse sin tener claro en qué ciudad se encontraba, algo que, a su juicio, podía acarrear consecuencias personales importantes.
El propio Mollá ha reconocido que esa decisión supuso renunciar a una mayor fama. Aun así, asegura que fue una elección consciente sobre hasta dónde quería llegar en su carrera. "Podría haber sido mucho más famoso de lo que soy, no tengo ninguna duda", afirmó, aunque añadió que prefirió mantener un equilibrio distinto en su vida.
LA FE EN SU VIDA
Más allá de su trabajo artístico, el actor también ha hablado abiertamente sobre su espiritualidad. En la entrevista señaló que el acontecimiento más revelador de su vida fue su encuentro con Dios. Recordó que, cuando tenía siete años, su madre estuvo gravemente enferma y temió perderla. En aquel momento, explicó, encontró refugio en la fe mientras pedía por su recuperación. Desde entonces, asegura sentir que esa presencia le ha acompañado incluso en los momentos más difíciles. "Eso es lo más grande que me ha pasado en la vida", aseguró.
No es la primera vez que Mollá aborda este tema. En declaraciones a El Periódico, el actor ya había manifestado que se considera una persona profundamente creyente. Según afirmaba entonces, los templos religiosos son los lugares donde se siente más seguro. También relacionaba el proceso creativo con una experiencia meditativa e incluso espiritual.
En ese sentido, el intérprete ha llegado a expresar que para él la dimensión espiritual es fundamental. Según sus propias palabras, considera que la existencia de Dios es lo único verdaderamente real. También ha señalado que experimenta esa dimensión a través de las relaciones con otras personas.
A pesar de ello, Mollá sostiene que hablar abiertamente de religión sigue generando incomodidad en muchos ámbitos. En su opinión, las creencias suelen interpretarse desde posiciones políticas o ideológicas, lo que, según explica, provoca que el debate se deshumanice. “Cuando uno habla de Dios, todo el mundo tiembla”, afirmaba al referirse a la reacción que suele provocar este tipo de declaraciones.


