El sacerdote y la monja que se enamoraron en secreto y dejaron los hábitos para estar juntos

Se conocieron en una parroquia en 1991, dejaron los hábitos y llevan más de treinta años juntos con dos hijas.

En 1991, en una fiesta parroquial de la provincia de Santa Fe, Argentina, un sacerdote de 26 años y una monja de 22 se conocieron sin saber que aquel encuentro cambiaría sus vidas para siempre.

Daniel Genovesi y Mercedes Tarragona llevaban años entregados a sus votos cuando un sentimiento que ninguno supo frenar a tiempo lo puso todo patas arriba. Treinta años después, viven en Emporia, Kansas, con sus dos hijas. Lo que parecía imposible terminó siendo su vida entera.

El camino hasta ahí no fue sencillo. Mercedes fue la primera en dar el paso, y lo hizo pagando un precio alto. Su comunidad le aplicó lo que ella misma describe como la "ley de hielo": una frialdad institucional que aún recuerda con dolor.

Al dejar los hábitos se encontró en un mundo desconocido, sin herramientas sociales básicas y cargando con la sensación de haber traicionado sus votos. Aprender a vestirse con ropa civil, comer en un restaurante o simplemente moverse por la calle sin el peso del hábito fueron, al principio, desafíos reales.

Daniel tardó algo más, intentando conciliar sus sentimientos con su vocación. Fue la respuesta de la jerarquía eclesiástica —que llegó a ofrecer dinero a Mercedes para alejarla— lo que terminó de romper su confianza en la institución.

En noviembre de 1993 colgó también sus hábitos. "Dejás de existir. Te lanzan a la deriva y se olvidan de vos", describe el exsacerdote. Los dos tuvieron que empezar de cero: carreras universitarias, una vida en pareja construida desde la base y el estigma social en su pueblo, donde su historia llegó a ser portada de los diarios locales.

Su fe, sin embargo, no desapareció. Con el tiempo ambos se acercaron a la Iglesia anglicana, donde Daniel retomó su ministerio y llegó a ser obispo en Uruguay antes de trasladarse a Estados Unidos. En 2013 escribió una carta al papa Francisco explicando el dolor de quienes abandonan el sacerdocio y son tratados como "leprosos".

El Papa le respondió reconociendo que lo que exponía era "real" y que lo recibía como un llamado a buscar caminos. Fue, según la pareja, un bálsamo.

Hoy Daniel tiene 61 años y Mercedes 57. Su unión se ha sellado en tres ceremonias distintas: una íntima e improvisada en 1993, el matrimonio civil en 1994 y una boda religiosa anglicana en 2001, en la que entraron al altar acompañados por sus dos hijas, María Carla y Camila.

Daniel ha escrito además una novela autobiográfica, 'El silencio de los ángeles', en la que recoge esta historia. "Lo importante no es que algo dure para siempre, sino que uno pueda ser fiel a lo que siente", afirma. Mercedes, a su lado, sonríe.

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