Los 3 milagros documentados de la Virgen del Pilar: las historias que marcaron la devoción de un pueblo
La devoción a la Virgen del Pilar se sostiene tanto en la tradición como en una extensa lista de prodigios que han marcado la historia de Aragón y de España. Entre ellos, algunos cuentan con procesos canónicos, actas notariales, testigos y documentación conservada hasta hoy. Son relatos que, más allá de lo religioso, forman parte del patrimonio cultural de un territorio que ha visto en el Pilar un símbolo de identidad y protección.
Entre todos, destaca el célebre Milagro de Calanda, considerado por historiadores y teólogos como uno de los milagros mejor documentados del cristianismo. Pero no es el único. Otras curaciones y hechos inexplicables se han atribuido a la Virgen a lo largo de los siglos, configurando una tradición que sigue muy viva.
1. El Milagro de Calanda: la pierna que volvió a su sitio
La noche del 29 de marzo de 1640, en la villa turolense de Calanda, ocurrió un hecho que conmocionaría a toda Europa. Miguel Juan Pellicer, un joven de 23 años al que dos años antes le habían amputado la pierna derecha en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza, apareció de nuevo con la extremidad intacta mientras dormía en casa de sus padres.
Pellicer, que mendigaba en la puerta del Pilar y ungía a diario su muñón con el aceite de las lámparas de la Santa Capilla, se había refugiado esa noche en la alcoba de sus padres por falta de espacio en la casa. Cuando estos entraron, una fragancia desconocida llamó su atención. A la luz del candil comprobaron lo imposible: bajo la manta asomaban dos pies.
Las señales de la antigua pierna —un grano, cicatrices previas a la amputación— seguían allí. La noticia corrió como la pólvora y pronto llegaron autoridades civiles, eclesiásticas y sanitarias. El arzobispado de Zaragoza abrió un proceso oficial, llamando a declarar a cirujanos, vecinos y al propio Pellicer. En total, 25 testigos confirmaron lo sucedido.
El 27 de abril de 1641, el arzobispo Pedro Apaolaza firmó la sentencia que reconocía la curación como milagrosa. El caso se difundió por toda Europa gracias a crónicas en castellano, latín e incluso alemán. Felipe IV recibió a Pellicer en Madrid y, según se relata, llegó a arrodillarse y besar la pierna recuperada.
2. La resurrección de doña Blanca de Navarra
Mucho antes de Calanda, ya se atribuían a la Virgen del Pilar curaciones y hechos extraordinarios. Uno de los episodios más impactantes tuvo lugar en 1443, en el Castillo de Olite. La reina doña Blanca de Navarra falleció tras una grave enfermedad. Su cuerpo permaneció sin vida durante más de tres horas, ante familiares y servidores.
De repente, volvió a incorporarse y pronunció unas palabras que quedaron grabadas en la memoria colectiva: “Santa María del Pilar, bendita seáis, pues me habéis tornado de muerte a vida”. Según declaró la reina, la Virgen se le había aparecido en el tránsito y le pidió que se arrimara al Pilar si deseaba salvarse.
Doña Blanca viajó a Zaragoza, ofreció una novena y fundó la Orden de caballeros y damas de Nuestra Señora del Pilar, cuyo lema sigue siendo: “A ti me arrimo”. Este hecho, recogido en crónicas y libros de milagros, reforzó extraordinariamente el culto pilarista en la Península.
3. El niño Manuel Tomás Serrano
Entre los numerosos prodigios recogidos en documentos, destacan las curaciones de invidentes. El caso más citado es el del niño Manuel Tomás Serrano, que nació ciego y habría recuperado la vista tras encomendarse a la Virgen.
También se recoge la curación del organista Domingo de Saludes y otras intervenciones que se popularizaron mediante exvotos y testimonios.
Más allá de lo extraordinario: una devoción que atraviesa los siglos
A la Virgen del Pilar se le atribuyen además intervenciones en episodios históricos: la toma de Zaragoza en 1118, la protección de la Basílica durante la Guerra de la Independencia o las bombas que cayeron sin estallar en 1936.
La fe, la historia y la tradición se entrelazan en estos relatos que han quedado custodiados en archivos, en la memoria colectiva y en la devoción de quienes, siglo tras siglo, siguen acercándose al Pilar para pedir, agradecer o simplemente arrimarse a ella.

