La calle Alfonso cambia de sabor: yogur griego, focaccias italianas y ahora patatas fritas belgas
La calle Alfonso I, una de las arterias más emblemáticas de Zaragoza y acceso directo a la Basílica del Pilar, vive una nueva oleada de aperturas que está redefiniendo su identidad comercial. Lo que antes era un paseo repleto de tiendas tradicionales y chocolaterías, hoy es un escaparate vibrante donde conviven conceptos gastronómicos de moda, marcas jóvenes y franquicias que buscan captar tanto al turista como al zaragozano que pasea por ahí.
Las nuevas caras de la calle Alfonso
Entre las últimas incorporaciones destaca Fika & Go, que ha causado sensación con su fórmula de tiramisú para llevar y su cuidada selección de café en lata. Su estética cuidada y su apuesta por el formato “take away” han conectado especialmente con el público joven.
A pocos pasos, la firma alicantina Anekke ha abierto una tienda dedicada a bolsos, mochilas, calzado y accesorios con su inconfundible estilo ilustrado. La marca, que combina diseño emocional y productos de estética delicada, ha elegido Alfonso como punto estratégico para reforzar su presencia en el mercado nacional.
El mapa gastronómico también suma novedades. Tras la llegada de Divorare, el local especializado en focaccias artesanas, se incorpora ahora El Belga Fritas, que abrirá sus puertas para ofrecer auténticas patatas fritas al estilo tradicional de Bélgica. Con doble fritura, textura crujiente y una amplia variedad de salsas, esta propuesta busca convertir las patatas fritas en un nuevo icono de la comida rápida zaragozana. Su ubicación, junto al propio Divorare, comienza a crear un pequeño corredor gastronómico de comida rápida gourmet.
Y la oferta no termina ahí. Otra apertura reciente que está captando la atención es Kefi, un espacio dedicado al yogur griego helado con kéfir. Elaborado con leche fresca asturiana, 100 natural, destaca por su textura cremosa y refrescante que se deshace en la boca. Su propuesta saludable y ligera llega en el momento perfecto, cuando los postres artesanales y los productos fermentados viven un auge entre quienes buscan alternativas naturales y originales.
Zaragoza ha sido tradicionalmente tierra de chocolate y churros, pero esta nueva oleada gastronómica demuestra que la ciudad también empieza a enamorarse de otros sabores: desde las focaccias italianas hasta los tiramisús portables o las patatas belgas recién hechas.
Una calle en plena transformación
La evolución de la calle Alfonso es también un reflejo del cambio en los hábitos de consumo en las grandes ciudades. Su paisaje comercial se ha renovado de forma notable en los últimos años, con la llegada de marcas como Kukuxumusu, Primaprix o ShadesWorld, especializada en gafas de sol. Paralelamente, negocios históricos como El Pelícano o Koker se han visto obligados a cerrar, dejando paso a propuestas más modernas y de consumo rápido.
En este entorno cambiante, una tienda ha logrado consolidarse como la más popular de la calle según las reseñas de Google: Ale-Hop, que continúa siendo un punto clave para quienes buscan regalos, decoración accesible o un detalle improvisado.
El resultado de estas aperturas es una calle Alfonso más cosmopolita, diversa y orientada a la experiencia.