Comer en el colegio Valdespartera de Zaragoza: raciones mínimas y sin llenar la bandeja
Un cazo de arroz o legumbres que se come en tres cucharadas, un trozo de pan duro, pescado sin guarnición y una mandarina como postre. Así describen desde la Asociación de Madres y Padres del colegio público Valdespartera de Zaragoza el menú que reciben los escolares en su comedor. Unas raciones que califican de “ridículas” y que, aseguran, no son un caso aislado, sino una situación reiterada que ha motivado numerosas quejas desde hace meses.
El comedor de este centro, que atiende a unos 320 alumnos en dos turnos, funciona bajo el sistema de línea fría: los platos se preparan en cocinas ajenas, se refrigeran y posteriormente se trasladan al colegio, donde se calientan antes de ser servidos. Desde febrero, la gestión del servicio corre a cargo de Aramark Euskadi, que entrega la comida dos veces por semana.
Desde la AMPA se ha presentado una denuncia ante la Justicia de Aragón, y además tienen previsto registrar quejas ante los departamentos de Educación, Sanidad y Consumo del Gobierno autonómico. Reclaman inspecciones presenciales, más allá del control higiénico-sanitario que se realiza actualmente.
“La empresa asegura que las raciones cumplen con lo establecido en la guía de comedores escolares de la DGA, pero nadie controla realmente lo que se sirve y cómo se come. Las inspecciones se limitan a revisar etiquetas y condiciones sanitarias”, denuncia Elena Moliner, portavoz de la asociación.
La plataforma Come Pública, que agrupa a más de 60 AMPA de colegios públicos de Aragón, se ha sumado al apoyo a las familias del Valdespartera y exige la construcción de cocinas propias en los centros escolares para garantizar comida recién elaborada y ajustada a las necesidades reales del alumnado.
Un problema que va más allá
El caso del colegio Valdespartera no es el único foco de controversia reciente en torno a la alimentación escolar en Aragón. En las últimas semanas también ha generado debate la distribución de frutas de procedencia extranjera, como peras de Perú y naranjas de Egipto, en el programa de reparto de fruta escolar, dejando de lado productos locales y de temporada.
La combinación de raciones escasas, sabores poco adecuados y alimentos de dudosa procedencia preocupa a muchas familias. En el caso concreto de las patatas guisadas, desde la AMPA critican que tuvieran un sabor “picante” que no corresponde a la dieta infantil, pese a que la empresa aseguró que solo llevaban pimentón dulce.
Desde el Departamento de Educación del Gobierno aragonés aseguran que, hasta la fecha, no han recibido reclamaciones formales por parte del centro o de las familias tras el cambio de empresa adjudicataria. “De haberse recibido, se habría requerido información a la contrata, como se hace siempre”, señalan desde el Ejecutivo autonómico.
Asimismo, insisten en que las raciones están establecidas por nutricionistas en función de la edad de los comensales, siguiendo los parámetros fijados en la guía oficial de comedores escolares.
El centro del debate sigue en la calidad del servicio de comedor escolar en Aragón, especialmente en los centros públicos que dependen de empresas externas. Mientras las familias reclaman más control, transparencia y alimentos frescos, la administración defiende que se cumple con los estándares oficiales.
