Del último partido al derribo final: así será la transformación de La Romareda desde este lunes

El encuentro entre el Real Zaragoza y el Deportivo de La Coruña, que se disputará este domingo, 25 de mayo, será el último antes de la demolición total del campo.

Este domingo, 25 de mayo, Zaragoza vivirá una jornada histórica. El estadio municipal de La Romareda acogerá por última vez un partido de fútbol antes de cerrar sus puertas para siempre, dando paso a la construcción del nuevo campo que convertirá la ciudad en una de las subsedes del Mundial 2030.

El encuentro entre el Real Zaragoza y el Deportivo de La Coruña marcará el fin de una era. No solo por la importancia deportiva —el equipo podría certificar su permanencia en LaLiga Hypermotion si consigue la victoria—, sino porque será la última vez que la afición zaragocista anime desde las gradas que han sido testigo de 68 años de historia.

Desde su inauguración en 1957, con un partido contra Osasuna, La Romareda ha sido mucho más que un estadio. Ha sido un símbolo de la ciudad, un lugar de encuentro intergeneracional, y el escenario de recuerdos imborrables para decenas de miles de aficionados. Pero ahora llega el momento de mirar al futuro.

Aunque durante esta temporada ya se han ejecutado los trabajos de remodelación del gol sur, será ahora, con el traslado definitivo del equipo al campo provisional instalado en el Parking Norte, cuando el proyecto entre en su fase decisiva.

La planificación está marcada al milímetro. Las obras se reactivarán al día siguiente del partido, sin margen de descanso. La primera actuación, prevista hasta mediados de junio, consistirá en desmontar el equipamiento técnico y deportivo y trasladarlo al estadio modular. También se retirarán los focos exteriores —que se reutilizarán— y se acondicionarán elementos estructurales del campo portátil.

En paralelo, comenzará el vallado exterior del estadio, así como el desmontaje interior, con la retirada de asientos y la instalación de medidas de seguridad. A finales de junio está previsto el inicio de las demoliciones, que incluirán la retirada de las cubiertas de fibrocemento de las tres gradas existentes.

Inicialmente, se contempló una demolición por fases para compatibilizarla con la competición. Sin embargo, el cambio de sede ha permitido acelerar el calendario y ejecutar el derribo de una sola vez.

El desmontaje dará paso a los trabajos de movimiento de tierras y cimentación. Sobre esas bases se construirá un nuevo estadio más moderno, accesible y con capacidad para más de 43.000 espectadores, diseñado con los estándares que exige la FIFA para eventos internacionales.

LA AFICIÓN RESPONDE: ENTRADAS AGOTADAS

Como no podía ser de otra manera, la afición zaragocista ha respondido con creces. El club anunció que se han agotado todas las entradas disponibles y que la única forma de acceder será a través de la cesión de asiento de los abonados que no puedan asistir. Lo destacable no es solo el lleno, sino la rapidez con la que se ha producido: en menos de cuatro horas se vendieron todas las localidades, colgando el cartel de “no hay billetes” con cinco días de antelación, algo inédito este año.

Este domingo, la ciudad entera se volcará con su equipo. Será un partido de fútbol, sí, pero también una ceremonia de despedida. Un momento para recordar a los que estuvieron, a los goles que se gritaron, a las gestas que marcaron época. Para el Real Zaragoza, supone el cierre de una etapa y el inicio de un nuevo camino. Para la ciudad, es una apuesta decidida por el futuro, por un estadio que aspira a ser un referente nacional e internacional.

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