Iñigo Rubio, el zaragozano detrás del DJ más solicitado de España

Con 22 años, este nacido en Tarazona es la mano derecha de DJ Ballesteros, uno de los disc-jockeys pioneros en la escena urbana de las discotecas españolas. Solo en 2024, hicieron más de 200 shows por todo el mundo.
Iñigo Rubio, el zaragozano detrás del DJ más solicitado de España ./ Iñigo Rubio (Fotorubio)

"Al principio yo no era Iñigo, era el niño de Zaragoza", así es como Iñigo Rubio, un joven de 22 años nacido en Tarazona y afincado en Zaragoza desde hace cinco años, recuerda sus inicios en el mundo de los festivales y el ocio nocturno. Hoy, muchas noches de trabajo después, su día a día es muy diferente al de ese niño. Detrás de un artista de renombre, siempre hay alguien capaz de cuadrar sus tiempos. Detrás de DJ Ballesteros, está Iñigo.

El DJ alicantino es a día de hoy el más solicitado en las discotecas españolas y su nombre resuena junto al de Alvama Ice y Alex Martini, los otros dos grandes nombres de la escena urbana en el ocio nocturno de nuestro país, con el reguetón y el dembow como señas de identidad

“Mi trabajo es hacer que la locura funcione", concluía Iñigo. Y aunque es verdad, que su trabajo se resume en eso, sería injusto dejarlo ahí.

Si vamos a lo técnico, el zaragozano tiene el papel de Tour Manager, pero también de fotógrafo. La parte principal de su trabajo es la logística detrás de los shows, lograr cuadrar una noche de lunes en Gijón con una de martes en Sevilla y un miércoles en Tenerife y dejando, dentro de lo posible, el máximo tiempo para el descanso, Algo, esto último, que no siempre se puede cumplir: “Dormimos poco, pero vivimos mucho, ya descansaremos más tarde”, confesaba a modo de consuelo. Una vez la logística está hecha y ambos están en la discoteca, comienza el show -para el que Iñigo ya ha contactado con el encargado de la sala para asegurar que todo está en orden- y el Tour Manager se convierte en fotógrafo y videógrafo

UN TRABAJO SACRIFICADO, PERO SIEMPRE AGRADECIDO

Por mucho que el grueso de su trabajo sea otro, Iñigo sigue siendo teniendo una cámara pegada a él, como aquel niño que hacía sus primeras fotos en un bar de Tarazona. El bolo acaba y todavía no toca irse a dormir, hay que editar y enviar las fotos y vídeos de la noche. Una vez entregados, es hora de descansar para, el día siguiente, en caso de tener bolo, salir de nuevo a la carretera. 

En total, el año pasado completaron más de 200 bolos. Detrás de cada uno, hay una gestión del alojamiento, muchas hora de viaje por carretera o en avión y una comunicación con cada sala. Todo para hacer del producto, la hora y media que pincha DJ Ballesteros, el mejor show posible. En verano, su trabajo se multiplica, llegando el año pasado a completar 92 bolos entre junio, julio y agosto. A una media de uno al día, siempre de ciudad en ciudad.

"Todos estos viajes de lado a lado me permiten decir que tengo amigos en muchísimas partes y eso es algo que me encanta" aseguraba Iñigo. Desde gente con la que coincide en sus noches de trabajo hasta grandes artistas de la industria musical son un recurrente en su día a día: "Este trabajo me ha dado el privilegio de estar en el estudio mientras se grababan algunas canciones que luego han sido exitazos a nivel internacional". Otra de esas ilusiones por las que el zaragozano asegura sentirse afortunado es el simple hecho de trabajar con Ballesteros, un DJ del que él mismo era fan antes de conocerlo y que, hoy por hoy, se ha convertido en un inseparable para él.

PEGADO A UNA CÁMARA DESDE EL PRINCIPIO, COSAS DE PADRE A HIJO

Es difícil escapar de lo que la vida tiene preparado para ti, al menos lo parece en casos como el de Iñigo. Sus inicios parecen sacados un guion, donde las piezas, en forma de oportunidades y sobre todo trabajo, encajaban a la perfección, para crear la que hoy es su realidad. Debemos remontarnos hasta 2017, donde un niño con una cámara y una afición transmitida de padre a hijo le lleva a hacer sus primeras, e inexpertas, fotos en un bar de Tarazona. La imagen de un chaval de 16 años pegado a una cámara dio sus frutos y, unos años después, su nombre salta a un gran festival por primera vez. Será en Holika donde, tras un tiempo haciendo de relaciones públicas y con solo 17 años, Iñigo comienza a capturar a través de su Canon EOS 200D a sus primeros grandes artistas internacionales. A partir de ahí, comienza a ser un fijo en los festivales organizados por esa empresa. Desde ese entonces, los festivales se convierten en sinónimo de verano para él y se convierte en un recurrente en algunos de los más conocidos a nivel nacional, siempre en el ámbito de la música urbana. Será  en uno de ellos, Contrebia (Cintruénigo), donde conocería a DJ Ballesteros, con quien años más tarde comenzaría a trabajar codo con codo

Iñigo, que se había mudado con su familia a Zaragoza en el 2020, comienza a trabajar en pubs y discotecas de la ciudad, lo que le ocupa todo el resto del año, fuera de la temporada de verano de los festivales. Es ahí cuando la fotografía y los vídeos se convierten de verdad en su trabajo. Moogli, Parros, Tony Wilson o Supernova lo vieron crecer de la mano de su cámara, donde desarrolló su estilo y afianzó su vínculo con la escena urbana. Es en ese contexto cuando, tras conocerse por su trabajo en Contrebia, uno de los festivales que ocupaban su agenda todo el verano, la oportunidad de Ballesteros toca en su puerta, hace más o menos año y medio. 

Desde ese momento, comienza el sueño que Iñigo vive hoy, con sus padres como referentes en todo momento y con "soy de Tarazona, un pueblo de Zaragoza" como carta de presentación.

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